Ciclista de oro sin brazos y sin pierna

Ricardo Ten, durante la prueba de persecución. /comité paralímpico español
Ricardo Ten, durante la prueba de persecución. / comité paralímpico español

El valenciano Ricardo Ten, que durante dos décadas lo ganó todo en la piscina paralímpica, acaba de vencer en el Mundial de persecución

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Ricardo Ten tiene 43 años, es valenciano, ha ganado tres oros en natación en los juegos paralímpicos y acaba de proclamarse campeón de mundo de ciclismo en la prueba de persecución, incluido el récord mundial. Ricardo Ten es todo eso y es, además, un espíritu libre. Ha sabido salir de esa cárcel en la que a veces se convierte tu propio cuerpo.

En la biografía que desgrana en su web, el deportista valenciano destaca una fotografía de cuando tenía siete años, dos brazos y dos piernas. Luego, con ocho años, llegó la desgracia. «Tengo recuerdos vagos de aquel día. Me desperté en la ambulancia. Quise levantarme y vi a mi padre que me lo impedía. Tengo otra imagen, ya en el hospital, cuando vi por primera vez que no tenía brazos y que me faltaba una pierna», rebobina.

Cosas de críos. Había tocado un cable de alta tensión y la descarga eléctrica casi acabó con él. Además de las tres amputaciones, sufría quemaduras en tres cuartas partes del cuerpo. «A partir de aquí toda mi vida cambia, es un drama muy fuerte para mí y para mi familia. Te das cuenta de que solo te queda una cosa, ir hacia adelante», escribió en una carta. «El primero que debe decidir salir de esa situación difícil es uno mismo», apunta. Lo hizo. Dice su esposa que Ricardo «nunca tira la toalla». Sin brazos ni pierna, se negó a refugiarse en palabras como 'incapaz' o 'imposible'. «La discapacidad es la que nosotros nos marcamos», defiende.

Jugó a todo. Al tenis de mesa, en la piscina, con la bicicleta de montaña, al baloncesto, al fútbol... Aprendió a escribir con la boca tan rápido como los otros niños con la mano. Creció rompiendo candados, negándose a que aquel cable le atara para siempre y le arruinara la vida. Con 18 años leyó en un periódico que había torneos de natación y de tenis de mesa para discapacitados. Y abrió esa puerta con los dos brazos que no tiene. Su desgracia, como recuerda, «se convirtió en una oportunidad para poder demostrar otras capacidades que se han hecho realidad en el mundo del deporte».

Durante dos décadas y cinco citas paralímpicas ha estado en la élite de la piscina. Su palmarés es tremendo. Más de 100 títulos de campeón de España, 13 campeonatos de Europa, siete mundiales y tres veces campeón paralímpico. Y cuando la piscina empezó a darle la espalda, saltó al asfalto. Fue hace tres años. Se propuso ser ciclista. Y pronto empezó a acumular éxitos.

El último es ahora. La selección española logró cinco medallas en la jornada inaugural del Mundial de Pista de Apeldoorn (Países Bajos). El andaluz Alfonso Cabello ganó en el Kilómetro C5. El navarro Eduardo Santas, de la Fundación Euskadi, fue plata en Persecución C3 y en la prueba del kilómetro. Y Ricardo Ten se llevó el oro en persecución C1 y el bronce en el kilómetro. «Si se sueña, se puede», anima. Para soñar no necesita manos.