Un ganador al que forjó un accidente

David Mouriz, a la derecha, sostiene el título con su compañero y amigo Asier García. /bidaideak
David Mouriz, a la derecha, sostiene el título con su compañero y amigo Asier García. / bidaideak

David Mouriz sufrió un percance de tráfico a los 14 años, se enganchó de inmediato al baloncesto y ahora disfruta del primer título: la Euroliga del Bidaideak

Juanma Mallo
JUANMA MALLO

David Mouriz sufrió un accidente de tráfico cuando tenía 14 años. Poco después, un amigo de su padre le planteó que jugara a baloncesto en silla de ruedas. Le atrapó de inmediato. Convirtió este deporte en una forma de superación. Ahora, dos décadas más tarde, este gallego de Nalón (36 años) celebra el primer título de la historia del Bidaideak, la Euroliga 1 lograda el domingo en Sheffield contra el Besiktas (67-71). Una victoria que les sirve para romper una racha de varias finales perdidas, de decepciones; un carrusel difícil de encajar para un hombre que tiene el gen ganador impregnado en el ADN. Herencia familiar. «Mucho de mi carácter es culpa de mi padre. Tenemos un carácter muy fuerte, y siempre somos muy competitivos en todos los aspectos. Siempre queremos ganar. Por ponerte un ejemplo, estamos en casa jugando al chinchón, queremos ganar, al parchís, también. e incluso al futbolín. Nos decimos, 'no te voy a dejar ganar'. Es verdad que cuando tuvo el accidente, él me empujó mucho. Bueno, toda la familia, pero el fue el que más con ese carácter ganador», cuenta este internacional con España, medalla de plata en los Juegos de Río.

Vive en una nube de felicidad desde que terminó el encuentro en Inglaterra. Nada más ganar, su primer pensamiento le trasladó a su esposa y su niña. Son las que le apoyan, las que están con él, aunque no tanto tiempo como a Mouriz le gustaría por los desplazamientos, los partidos... «Son las que, día a día, me ayudan a entrenar en casa. Emma, mi niña, tiene cinco años y, cuando estamos en casa, me dice 'Papá, ¿hoy no haces pesas?'. Para ella es un juego, está por ahí danzando. Y también me acordé de Nati, mi mujer, que siempre me ha impulsado a entrenar, a hacer las cosas», se sincera el jugador del Bidaideak, que vende el cupón de la ONCE, como otros compañeros del equipo.

De hecho, a eso se dedicó ayer. A pesar de dormir poco más de tres horas y media, había que cumplir con su obligación. Y es que el regreso resultó bastante complicado. «Se hizo un poco pesado. Llegamos a Madrid tarde (sobre las once de la noche) y no había enlace en avión. Vinimos en autobús. Pero la verdad que es que todo lo que hemos vivido es muy bonito. Todavía no tengo palabras», confiesa, mientras rebobina al domingo, a ese instante en que el marcador se puso a cero. «Después de las finales perdidas, esto consuela. Llegas al vestuario, con la medalla colgada... ¡Y disfrutamos tanto en cada momento! Desde que sonó la bocina final, cuando te cuelgan la medalla, cuando recogen el trofeo Asier y Jose miras para atrás y dices 'hostia, ha sido un camino muy largo, pero merece mucho la pena'».

Un grupo fuerte y muy unido

En este punto, recuerda un momento, poco después de su fichaje, en 2013. Acababa de firmar por la formación de Txurdinaga y se encontró con una sorpresa. «Estaba con Asier (García) en la habitación del hotel de Frankfurt donde nos concentramos para el Europeo -fueron bronce- y me comentó que perdíamos al patrocinador. ¡Fue un palo! Pero aparece Bidaideak...». Y a partir de ahí se produce un tremendo crecimiento. Siempre sostenido. «Se ha ido creando un grupo muy bueno a base de ir sumando piezas. Hemos ido poco a poco, ésa es la premisa. El nivel sube... Estuvimos en una final de la Euroliga 3 en 2016 en Banja Luka (Croacia), el año pasado llegamos a la de la Euroliga 1, a la de la Copa... Hemos avanzado y fomentado un grupo muy fuerte y muy unido».

En el que no faltan tampoco piezas de la cantera. Jóvenes valores que colaboran durante la temporada, pero que no pudieron estar en Sheffield por sendas lesiones. «Xabi Iragorri y Patxi Suárez. Son muy importantes para el grupo. Tienen mucha proyección, y son gente de aquí que nos está aportando». Son los cimientos del futuro de una escuadra que ya dispone de un título. Ya era hora. «Sí, sinceramente, nos pesaba un poco haber perdido el año pasado las finales, este año otra (de Copa)... Intentas no pensar en ello, pero... El día anterior, cuando te vas a la cama, dices 'buff, otra final'».

En Sheffield, sin embargo, resultó distinto. La victoria. «Me levanté, y le dije a Asier, mi compañero de habitación, que estaba extrañamente tranquilo. Él me comentó lo mismo». Y tenían razón, algo iba a cambiar. El primer título para el Bidaideak, la Euroliga 1.