Baloncesto

El Fenerbahce y el Real Madrid se citan en la gran final de la Euroliga

Dos más uno de Brandon Davis, que recibe la falta de Nicolo Mello. /Alkis Konstantinidis
Dos más uno de Brandon Davis, que recibe la falta de Nicolo Mello. / Alkis Konstantinidis

Los de Zeljko Obradovic tratarán de revalidar el título, el domingo, ante el conjunto de Pablo Laso que confía en el genio de Luka Doncic para lograr la hazaña

SERGIO EGUÍA

El Fenerbahce y el Real Madrid disputarán el domingo (20 horas) la final de la Euroliga tras superar ayer sus respectivas semifinales contra el Zalgiris y el CSKA. Baloncesto de gran nivel, como se presupone a una Final Four, en la que los contendientes demostraron su merecido concurso en la cita y enseñaron la grandeza de un deporte en el que los partidos pueden terminar con un abrazo entre los dos entrenadores rivales. «Hoy las copas las pago yo», parecía decirle Zelimir Obradovic a Sarunas Jasikevicius tras soltarle de sus brazos, después de casi 20 segundos de achuchón, coronados con un beso en la mejilla.

Seguramente fue una felicitación porque nunca se rindió el Zalgiris. Los lituanos destilaron clase, fundamentos individuales, solidaridad defensiva y estudiados conceptos ofensivos para frenar cada uno de los retos que les planteaba el genio de Cacak. Lograron equilibrar la amenaza de Brad Wanamaker, convertido en un jugador más por la excelencia de Kevin Pangos. Redujeron el peligro de Jan Vesely rompiendo su solidez en la zona con los golpes certeros de un Bandon Davies que apunta a gran estrella de Europa en pocos años.

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Nada les hacía mella. Ni los 13 puntos de ventaja que lograban los turcos (50-37) mediado el tercer cuarto. Ni una duda. 0-11 de parcial para regresar al encuentro y hacer que la duda prendiera entre las tropas istambulís. Y cuando parecía que lo equilibraban todo, salvo la soberbia actuación de Luigi Datome, el maestro Zoc le hizo la del gol del cojo a su discípulo Saras.

«Los tiene bien gordos»

Le dio carrete a Ali Muhamed (antes Bobby Dixon) y el pequeño base de Chicago incendió el Stark Arena. Diez puntos seguidos al inicio del último cuarto, con dos triples espectaculares con el defensor encima para enganchar en su anzuelo al hermoso siluro de lomos esmeralda.

Colocó el 66-56 con un tiro de dos y se sentó a disfrutar de la final que había pescado para sus compañeros. «Los tiene bien gordos», dijo Wanameker sobre la confianza en sí mismo de su compañero al finalizar el encuentro. Y todavía peleó el conjunto de Kaunas, pero la retaguardia turca comandada por Kostas Sloukas no se descuidó hasta sellar el 76-67 final.

Menos entretenido fue el duelo entre moscovitas y madrileños. A un buen primer cuarto del CSKA, que se fue a los 30 puntos, por la anotación de Cory Higgins y la mala defensa de Jeffery Taylor, le siguió la reacción blanca en el segundo cuarto, cuando Fabien Causeur pisó la pista -magnífico atrás- y con Luka Doncic dando equilibrio al juego de los de Pablo Laso. Con 46-47 llegó el descanso.

Tras él, un nuevo arreón de los españoles. De nuevo con Doncic liderando la anotación y Causeur anulando a Nando de Colo en un lado del campo y repartiendo juego en el otro. Un triple del niño maravilla les dio la máxima diferencia, 51-60. Justo antes de unos minutos de sequía que no supo aprovechar el vigente subcampeón continental. No encontró el CSKA la chispa para remontar. Con Sergio Rodríguez en el banquillo, sus opciones pasaron por el excesivo individualismo de Will Clyburn y por la guerra de Kyle Hines contra el mundo que se vio obligado a iniciar el incombustible interior de Nueva Jersey. Acumula la séptima Final Four consecutivas a sus espaldas y sabe que sin una reacción a tiempo no hay nada que pedirle al destino.

Y nada le dio a los rusos. El Madrid administró su ventaja dejando en evidencia la falta de recursos tácticos de un Itoudis muy cuestionado en el banquillo. El domingo podría haber campeón vitoriano. Eso sí, por lo visto ayer sobre el parqué del Stark Arena, el vigente campeón es claro favorito.

 

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