Entrenadores y clubes, conflicto de intereses

Entrenadores y clubes, conflicto de intereses
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Pepe Laso
PEPE LASO

El desembarco en la alta política de Pepu e Imbroda, dos entrenadores ya retirados, así como la falta de partidos en el fin de semana, me lleva a meterme en pensamientos sobre la procedencia de todas las personas que se han abierto camino en la profesión. Generalmente, la preparación académica de la que procedemos, (permítanme incluirme ocasionalmente por lo que fui) no suele ser universitaria, la vocación cercenó cualquier otra actividad que pudiera distraernos. La procedencia viene de jugadores de nivel menor que, viendo la dificultad de triunfar, inician el camino de entrenar. En menor escala aparecen grandes jugadores que al finalizar sus carreras se enganchan al nuevo puesto.

Mi primera conclusión es que el entrenador es un autodidacta dispuesto a dejar todo por una profesión de futuro incierto, a sabiendas de que desde el primer día pone en riesgo tanto su futuro, siempre tan imprevisible, como el de su familia. Las incertidumbres serían similares a las de un ingeniero o un abogado, si como les ocurre a estos, conocieran lo que la empresa que les contrata desean de ellos. Los entrenadores nunca saben con certeza el motivo de ser los elegidos. Los agentes trabajan en la oscuridad y una mañana le dicen haz la maleta que tal equipo va mal y van a echar al entrenador. Y la máquina se pone en marcha. Da igual que los niños estén en el colegio de una ciudad, que tampoco era la residencia habitual, donde consiguió estar dos temporadas y media. Me atrevo a decir que tampoco el empleador, o sea el club, sabe exactamente el porqué de la elección. Las urgencias, la influencia de los medios, un éxito reciente, incluso un carácter determinado, pueden ser los motivos de la contratación. Si el criterio fuera consecuencia de un estudio sobre las características del elegido, la temporalidad no sería tan corta. Veamos algún historial.

Pepu e Imbroda fueron entrenadores revelación en sus equipos de origen, Estudiantes y Málaga. Pepu el hombre del BA-LON-CES-TO solo aguantó dos temporadas en la selección cuando parecía el ideal para una década. Después, una temporada en Badalona, otra en su Estudiantes y a casa. El malagueño después del equipo de su ciudad y de pasar por Sevilla, recaló en el Madrid, no duró más que un año. Un par de ellos más en Valladolid; también fue seleccionador un par de veranos. Los dos fuera del circuito prematuramente.

Uno de los más prestigiosos del momento, Pedro Martínez, ha entrenado desde 1990 en más de una docena de equipos, habiendo repetido en dos o tres ocasiones. Solo en Canarias tuvo continuidad. Curiosamente, fue campeón con Valencia y no siguió. Pesic fue campeón con el Barcelona y terminó su ciclo. Ahora inicia uno nuevo, veremos. Perasovic está en su tercera etapa en el Baskonia, atentos. Plaza, antes de estar cinco años en Málaga sin pena ni gloria, fue campeón con el Madrid e inmediatamente destituido. Ahora está en la larga lista de espera.

Busco en mi memoria y solo encuentro a tres entrenadores que han sido la mano conductora de proyectos exitosos: Aíto en el Barcelona. Aunque se le negó la Euroliga, fue el constructor del club. Ivanovic en la etapa más brillante de nuestro Baskonia. Y en el presente, Pablo Laso con el Madrid.

No puedo adivinar los motivos de tanta inestabilidad, cuando las largas estancias demuestran lo fructífero del proyecto. Me resisto a culpar de todo a los clubes. Puede ocurrir en algunos casos que el mal de altura del exitoso entrenador colisione con los intereses del club. Conozco algunos casos sangrantes. Quizás a los entrenadores 'nos' falte esas asignaturas que no pudimos estudiar en las edades jóvenes. Qué lástima que entre todas las actividades de nuestro deporte, no haya alguna para que clubes y entrenadores debatan sobre los deberes de unos y otros.