Tenis

Tres décadas desde que Arantxa Sánchez Vicario se hizo grande

La española tras alcanzar el cielo en París. /EFE
La española tras alcanzar el cielo en París. / EFE

Se cumplen 30 años del primer triunfo de la tenista española en Roland Garros, cuando con 17 años doblegó a la alemana Steffi Graf, por aquel entonces la número uno

MIGUEL LUENGO

Este lunes se cumplen 30 años de uno de los históricos logros del deporte español, la primera de las tres victorias de Arantxa Sánchez Vicario en Roland Garros, cuando la barcelonesa, que contaba entonces 17 años y 11 meses, fue capaz de derrotar en la final a la alemana Steffi Graf, entonces número uno del mundo y gran dominadora del circuito mundial. Aquel diez de junio de 1989 Arantxa se convertía en la , rompiendo la racha de victorias de Graf, que hasta ese momento llevaba cinco títulos consecutivos del Grand Slam, y que esa temporada solo había perdido un partido, contra la argentina Gabriela Sabatini.

Una edición después, la estadounidense de origen serbio Monica Seles rompió con 16 años y seis meses el récord de precocidad de Arantxa en París. Pero aquel año, y con un resultado de 7-6 (6), 3-6 y 7-5, salvando un 5-3 abajo en el último set y saque de la germana, la menor de la saga Sánchez Vicario se convertía en la primera española que vencía a una número uno.

Su victoria será siempre recordada porque solo Arantxa creía en ella. Días antes de la final, cuando paso a paso iba acercándose a la última instancia, la barcelonesa machacaba una y otra vez en las conferencias de prensa que estaba convencida de que saldría del estadio con la Copa Suzanne Lenglen en sus brazos. «Steffi no es invencible», decía, y no solo confiaba en el triunfo en el cuadro individual, también en el mixto, donde jugó la final con el argentino Horacio de la Peña, aunque esa sí la perdió.

«Lo dije ayer, sabía que iba a ganar. No me hacíais caso y nadie me creyó, pero yo estaba segura, muy segura», se vengó Arantxa de los periodistas aquel sábado tras su triunfo y en su conferencia de prensa. «Os dije que si Chang había ganado a Lendl (octavos de final) yo podía hacer lo mismo», repitió.

La victoria de la jugadora española fue un terremoto que hizo temblar la estructura del tenis femenino y del deporte español. Hasta entonces, solo Lily Álvarez había disputado finales de un Grand Slam, Wimbledon en su caso (1926, 1927 y 1928), pero había perdido las tres, y desde Andrés Gimeno, en 1972, no se vivía una victoria española en Roland Garros, donde Manolo Santana había ganado en 1961 y 1964.

En aquella final, con Arantxa luciendo una muñequera con los colores de la bandera española, la representación española fue completa. Además de sus padres, Emilio y Marisa, se encontraba su hermano mayor Emilio que había volado desde Barcelona ese mismo día, el entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, el español Juan Antonio Samaranch, el secretario de Estado para el Deporte, Javier Gómez Navarro, el secretario general para el Deporte de la Generalidad, José Luis Villaseca, y el presidente de la Federación Española de Tenis, Agustín Pujol.

Gran remontada

Entrenada por el chileno Juan Núñez, pocos daban como favorita a Arantxa, sobre todo porque en la final del año anterior, Steffi había masacrado a la rusa Natalia Zvereva por 6-0 y 6-0 en tan solo 32 minutos. Pero los gritos de 'Vamos, vamos' de Arantxa, su coraje y esa confianza sin límites contagiaron a los casi 16.000 espectadores de la central que asistieron a la gran remontada de Arantxa, que del 3-5 del tercer set pasó a dominar 6-5. Fue entonces cuando la germana se fue a los lavabos. «Tenía el periodo y calambres», justificó luego Graf, que entregó el partido con un revés a la red.

Tras lograr la victoria, Arantxa lanzó la raqueta al aire, y rodó por la tierra de la central de alegría. Su padre, que había consumido un paquete y medio de cigarrillos, alzó los brazos, y en los ojos de más de un veterano informador español aparecieron las lágrimas. En el palco, al entonces presidente de la Federación Internacional de Tenis, el francés Philippe Chatrier, no le quedó más remedio que aplaudir, por primera vez, a la española.

Emocionada y llorando, Arantxa subió después al palco y recogió la Copa Suzanne Lenglen. Después se fundió en un abrazo con sus padres y hermano, y agradeció al público del estadio su apoyo por haberle ayudado a coronarse reina en París.