Campeonas

«Con más pistas para entrenar habría más afición por las motos»

Las vizcaínas Aitana Peña, Francisca Higueras y Oihane Albizuri son unas de las pocas pilotos vascas. /PANKRA NIETO
Las vizcaínas Aitana Peña, Francisca Higueras y Oihane Albizuri son unas de las pocas pilotos vascas. / PANKRA NIETO

Las pilotos Oihane Albizuri, Francisca Higueras y Aitana Peña se superan a sí mismas en cada carrera de motocross y clásicas

Judith Romero
JUDITH ROMERO

Caminan en su día a día pero sueñan con surcar nuevos circuitos a lomos de sus motos. Dedican cada una de sus jornadas libres al mantenimiento de sus vehículos, cada euro a llenar el depósito de gasolina y cada sesión de gimnasio a ponerse en forma para soportar las embestidas del terreno. Menos de una decena de mujeres vascas compite en motociclismo de forma regular a pesar de que este deporte empieza a hacerse más popular entre el público femenino. Según datos de la Real Federación Motociclista Española, apenas 305 mujeres cuentan con licencias en todo el país. La mayor parte se introduce en este mundo por medio de familiares a cortas edades, y otras descubren la pasión por las dos ruedas en otros momentos de sus vidas. «Antes era la única chica de las carreras, pero cada vez veo a más niñas compitiendo y entrenando», celebra Oihane Albizuri, piloto de motocross y vocal de la Federación vasca de Motociclismo.

A sus 20 años, Albizuri compite en motocross desde los 8, pero lleva sobre dos ruedas desde que cumplió cuatro años de edad. «Veía que mi padre iba con los amigos al monte a dar una vuelta y yo también quería probar», señala la joven de Lemoiz. El año pasado acudió al Mundial de Motocross en Italia, una experiencia que califica de inolvidable, fue subcampeona de España en el open femenino y subcampeona de Euskadi en MX2, una categoría mixta. «Tuve la suerte de que me introdujeran en el deporte ya que requiere tiempo, dedicación, muchos desplazamientos y cierto esfuerzo económico con las protecciones, los circuitos, los trajes…», explica la piloto, cuya moto ronda los 9.000 euros.

Oihane Albizuri tiene 20 años y ya ha competido en el último Mundial de Motocross, celebrado en Italia.
Oihane Albizuri tiene 20 años y ya ha competido en el último Mundial de Motocross, celebrado en Italia. / PANKRA NIETO

Su rutina diaria se divide entre los entrenamientos de los fines de semana, las sesiones de gimnasia por las tardes y las clases de Ingeniería Informática por las mañanas. «Es difícil compaginarlo todo pero los estudios son importantes, de la moto no se puede vivir en España», asume Albizuri, quien desearía tener las mismas oportunidades que los pilotos de Holanda, Estados Unidos o Francia, país de origen de Livia Lancelot, la primera mujer en ganar un campeonato mundial de motocross. «Coincidí con ella en Asturias y tenemos un entrenamiento pendiente, me parece un ejemplo a seguir», confiesa Oihane.

La vocal de la Federación vasca de Motociclismo reconoce que apenas hay mujeres que practiquen este deporte en Euskadi. «Los costes son elevados, he conseguido algún patrocinador para mitigar gastos pero no contamos con las ayudas de las que disponen otros deportistas ni con muchos sitios para entrenar», plantea Albizuri. Los circuitos de Zalla y Carranza son los más próximos. El de Basauri se vio comprometido por unas lluvias y permanece cerrado desde hace meses, y las siguientes opciones son Haro o Miranda de Ebro. «Son espacios privados y dependemos de la climatología y el tiempo disponible de sus propietarios, no tenemos garantías para entrenar, estaría bien tener algún sitio público donde entrenarnos», valora Albizuri, quien destaca la buena preparación de las competidoras madrileñas o catalanas. «Ellas pueden elegir en cuál de las pistas de su entorno practicar cada tarde».

Falta de pistas

A Francisca Higueras le gustaría haber conocido antes el ruido de los motores. «Siempre me ha fascinado la velocidad, pero no había motos en mi entorno y a las chicas no se nos animaba a hacer estas cosas por aquél entonces», explica esta bilbaína de 54 años. Su relación con las clásicas comenzó hace algo más de una década gracias a su pareja. «Me estaba sacando el carné de moto e hice la gran bilbainada de ponerme a competir inmediatamente», bromea. ¿El motivo? Su pareja vendió la moto de un amigo y le confesó sus deseos de competir.

Francisca Higueras no se separa de su Ducati Vento. «Este mes por fin vuelvo a la competición», anuncia.
Francisca Higueras no se separa de su Ducati Vento. «Este mes por fin vuelvo a la competición», anuncia.

«Le animé a que participara en las carreras y al cabo de unos meses yo también me lancé, quería superar mis límites y demostrarme que era capaz de hacerlo», confiesa la encargada de Recursos Humanos de una gran empresa que, además, es coach en la Universidad de Deusto. Desde entonces ha recorrido circuitos y lugares de entrenamiento como el Kotarr de Burgos, Soria, Zaragoza… por amor al arte a lomos de su Ducati Vento. «Apenas hay premios en metálico y la gasolina y las reparaciones son costosas. En los últimos dos años dejamos de competir tras quedarse mi pareja en el desempleo, pero esperamos volver a la carga este mes», anuncia Higueras. El precio de estas motos oscila entre los 3.000 y los 20.000 euros, pero no siempre es fácil encontrar repuestos para estos modelos tan antiguos.

Aunque Higueras ya no se plantea competir a un alto nivel –«tal vez si fuera más joven podría conseguir algún patrocinio…»- asegura que para ella la motocicleta ha supuesto un ejercicio de empoderamiento. «Siempre he recibido un gran apoyo de mis compañeros. La noche antes de competir por primera vez estaba de los nervios y José Ángel Mendívil, uno de mis referentes en el motor, me dijo que trazaba muy bien y que la velocidad llegaría», recuerda. Pese a las dificultades, Francisca anima a ponerse el casco a todas las personas que deseen hacerlo con independencia de su edad. «Competir en la élite no es lo único importante, si dan el paso disfrutarán muchísimo con cada salida», asegura la bilbaína.

Aitana Peña tiene 13 años y lleva media vida sobre ruedas. Suelan con una 125 cc y competiciones nacionales.
Aitana Peña tiene 13 años y lleva media vida sobre ruedas. Suelan con una 125 cc y competiciones nacionales.

Aitana Peña es una de las promesas del motociclismo vasco. A sus 13 años, la vecina de Abanto Zierbena ha sido subcampeona de Euskadi en 85 cc y fue seleccionada para entrenar con Marc Márquez y su hermano Alex en su Junior Motor Camp. «Primero hacía karts, pero a los siete años me prestaron una moto y no me he bajado desde entonces», explica la joven, que luce el número 212 en su carrocería. Peña compagina sus entrenamientos con el instituto y su afición por el karate –acaba de obtener el cinturón negro- y tiene claras sus prioridades. «Aún no sé a qué me dedicaré, pero quiero estudiar porque es difícil conseguir dinero con el motocross», se resigna.

A Aitana le atraen los saltos y la velocidad y, aunque suele entrenar con chicos, celebra encontrarse con otras jóvenes en las competiciones. «Tengo que estar muy concentrada y mis padres me llevan a circuitos lejos para entrenar, me apoyan mucho», agradece. Cuando sea un poco más mayor podrá conducir las motos de 125 cc y entrar en más competiciones nacionales, pero por el momento Peña ha logrado el patrocinio de algunas marcas y forma parte de Motos Uk Racing. «Estar en un equipo me ha animado mucho, me ha hecho ver que voy por el buen camino», celebra.

«El motociclismo tiene algunos riesgos y hay que prepararse bien» seguridad

La alta velocidad no está exento de riesgos, por lo que Oihane Albizuri, Francisca Higueras y Aitana Peña toman precauciones. «Es importante hacer cursillos donde te enseñen técnicas para no caerte y minimizar al máximo las posibles lesiones», recomienda Albizuri. Mantener la buena forma física es fundamental. «Hay quien piensa que este deporte consiste en subir y que te lleve la moto, pero utilizamos todos los músculos para no salir disparadas con los saltos y, si descuidas el físico unos días, lo notas enseguida», subraya la piloto. Un accidente grave la dejó en silla de ruedas durante dos meses en 2016. «Me rompí varios huesos, tuve que operarme el fémur de nuevo al año siguiente… pero no me planteé dejarlo en ningún momento, soñaba con la adrenalina y volver a subirme a la moto», confiesa. Higueras también ha tenido algunos contratiempos en la pista. «En una carrera mi pareja me tiró sin querer en un adelantamiento, ¡cosas que pasan! El público pensó que ya no nos hablaríamos más, pero nos lo tomamos con humor», recuerda Higueras. De hecho, lo peor de las lesiones para ella es no poder seguir a lomos de su Ducati. «Una vez me dañé el hombro y la rodilla en Valladolid y me puse muy triste, quería hacer la segunda tanda, por suerte me convencieron y obligaron a ir al hospital», reconoce.