«Las raquetistas fueron las primeras deportistas profesionales»

Pioneras. Un grupo de raquetistas posa para la posteridad./COLECCIÓN PARTICULAR
Pioneras. Un grupo de raquetistas posa para la posteridad. / COLECCIÓN PARTICULAR

La periodista Elene Lizarralde recupera del olvido en una novela a las mujeres que compitieron en los frontones de Madrid y Barcelona durante décadas

Elena Sierra
ELENA SIERRA

En una época de hambre, algunas personas encontraron su medio para ganarse la vida en los frontones. Se marchaban de casa, del pueblo, lejos de sus familias, siendo adolescentes. Y, dando golpes a la pelota en Madrid, Barcelona, Sevilla, Galicia, Canarias y hasta al otro lado del charco, en México y en Cuba, se mantuvieron y mantuvieron a los suyos. Crearon sus propias familias y tuvieron hijos a los que este juego -que movía mucho dinero, en el que se apostaban millonadas- alimentó y vistió. Esta historia, se dirán ustedes, no es cosa nueva. Cambiemos personas por mujeres. Mujeres dedicadas profesionalmente a la pelota. Raquetistas, las llamaban. «Yo creo que fueron las primeras mujeres deportistas profesionales», dice la periodista y escritora Elene Lizarralde, una donostiarra que lleva en Madrid muchos años por su trabajo.

Fue allí donde se topó, por casualidad, con las mujeres que han inspirado 'El silencio de Clara Lyndon' (Ediciones B). La protagonista, Clara, o Miren Arrúe, está basada en muchas pelotaris a las que ha estado entrevistando durante años. El caso es que una tarde llamó a su madre para ver qué tal estaba y qué iba a hacer... «Y me respondió que había quedado con las raquetistas. ¿Con quiénes? Fíjate que me habrá dicho cosas mi madre en mi vida, pero aquello se quedó grabado». Tanto, que llegó un momento en que decidió ponerse en contacto con algunas y preguntarles por sus vidas.

«Hicieron lo que quisieron»

Al principio, hubo cierta desconfianza. «¿Y tú que quieres?, me preguntaban, mosqueadas. No sabía para qué, pero yo quería entrevistarlas y grabarlas, y luego ya vería», recuerda. Se ganó su confianza, y las viejas raquetistas su admiración. Porque, aunque «no son conscientes de ser pioneras en nada, aunque no le dan importancia porque hicieron lo que quisieron y lo viven como que pudieron convertir su afición en profesión, aquello fue muy importante».

- ¿Por qué?

- Fueron mujeres que incluso antes de la Guerra Civil lo dejaban todo por desplazarse a Madrid o Barcelona a jugar en los muchos frontones que había entonces. En 1982 se cerró el último en Madrid, y solo un par de años antes dejaron de jugar las raquetistas. Algunas tuvieron carreras de 35 años, larguísimas, y mantuvieron a sus familias. Tenían hijos y volvían al frontón. Eran valientes, muy leales entre ellas. Aplicaban los valores deportivos en el juego y en la vida. Y salían siempre a dar lo mejor de sí mismas.

Lizarralde está convencida de que «detrás de cada persona hay una historia que merece ser escuchada» y así lo hizo ella con trece raquetistas. Miren Arrúe 'Arrate', su protagonista, «es ficción pero está basada en sus experiencias y en el ambiente y la época en que vivieron». Como Carmen Sánchez 'Carmenchu', Rosa Arregui 'Rosita', Gloria Aguirre 'Txikita de Aizarna' y tantas otras, «es independiente porque tiene su propio sueldo, se mueve en un ambiente de hombres y viaja». Hay quien la mira mal por todo eso, pero su talento atrae al frontón a otros muchos: toreros que quieren aprender a «correr hacia atrás sin quitar los ojos del toro, y entrenaban con la pelota»; futuros reyes que van a disfrutar del juego; hermanas de folclóricas que hicieron sus pinitos con la raqueta (una de Lola Flores, por ejemplo).

Con el tiempo, algún ministro franquista decidió que «la pelota podía dejarlas estériles y dejaron de concederse licencias». Fue el principio del fin de una época dorada para las mujeres deportistas.

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