«Peleamos cuerpo a cuerpo, pero con respeto y solidaridad»

Eider Bernaola y Maien Zurbano entrenan juntas en el polideportivo Mendizorroza de Vitoria. / IGOR MARTÍN

Jenny Cerrato, Eider Bernaola, Olaia Capetillo y Maien Zurbano son algunas de las campeonas vascas que practican muay thai, un exigente arte marcial tailandés

Judith Romero
JUDITH ROMERO

Suben al cuadrilátero llenas de energía y, antes de dirigir sus puños al abdomen y los muslos de sus rivales, dedican unas palabras al Wai Kru, una danza que expresa su respeto hacia el gimnasio, la familia y los maestros de los peleadores. Al menos 26 mujeres practican muay thai en Euskadi, un exigente arte marcial tailandés que poco a poco va haciéndose más conocido entre los amantes de deportes de contacto como el kickboxing. Muchas se acercan interesadas en la defensa personal, y otras se aficionan desde pequeñas. «El muay thai está de moda, estamos viviendo un auge desde hace tres o cuatro años y se ha triplicado el número de competidores», explica Igor Pacheco, seleccionador de Euskadi y maestro de este deporte.

Según la Federación vasca de Boxeo y Disciplinas asociadas, hasta 137 personas practican muay thai de forma habitual en Euskadi, un dato que no incluye a quienes practican kickboxing o boxeo. «Lo que distingue al muay thai de otros deportes de contacto es precisamente su espiritualidad, es lo que me atrajo de él», confiesa Eider Bernaola. A sus 26 años, la vitoriana acaba de proclamarse Campeona de España en su categoría, la inferior a 51 kilos. Sólo lleva un año entrenando este arte marcial tailandés. Fui al campeonato a vivir la experiencia, sin ninguna pretensión de ganar, fue toda una sorpresa» reconoce ilusionada.

Olaia Capetillo, doble campeona de Euskadi, da clases en el gimnasio Kwoon Shaolin de Sestao.
Olaia Capetillo, doble campeona de Euskadi, da clases en el gimnasio Kwoon Shaolin de Sestao. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Bernaola empezó a practicar full contact en 2014, pero la espiritualidad del muay thai le hizo cambiar de rumbo. «Puede parecer bruto porque nos metemos codos y rodillas, pero lo cierto es que promueve el respeto y la solidaridad», explica la joven. Hace un año descubrió el club Igoro, que entrena en el polideportivo Mendizorroza de Vitoria. Para Eider el muay thai es un juego pese a ser conocido por su violencia. «Tenemos unas normas muy claras en el ring, sólo golpeamos la cara, las piernas, el abdomen y los muslos y, en función de las categorías, a veces llevamos un peto. Como mucho nos hacemos un moratón», enumera. Quienes lo practican también suelen llevar casco, aunque algunas exhibiciones y competiciones se hacen sin protecciones.

Por su parte, la santurtziarra Olaia Capetillo nunca se imaginó practicando muay thai hasta que su novio, el campeón de Europa Unai Caro, le animó a probar cuando tenía 19 años. «Yo hacía gimnasia rítmica y al principio veía el muay thai como un hobby, pero después empecé a pelear y eso te cambia», confiesa la joven de 25 años. Hoy es la profesora de una decena de alumnas en el gimnasio Kwoon Shaolin de Sestao. «Es fantástico que haya más chicas contra las que competir, me gustaría tener rivales cuando vuelva a presentarme al campeonato de España», valora Capetillo. La doble campeona de Euskadi obtuvo el título nacional en la categoría de 54 kilos sin competir en una ocasión al no contar con contrincantes.

Distintos muay thai

Muay thai deportivo.
Es el que se practica en las competiciones federadas e incluye los movimientos que pueden llevarse a cabo en el ring.
Muay thai boran.
Se trata de técnicas de defensa más completas que son la raíz del muay thai actual. Sus alumnos deben estudiar teoría para ascender en sus distintos grados.

Olaia conoce de primera mano las dificultades de los deportistas, en especial de las mujeres, para seguir adelante en el mundo del muay thai. «Si Unai y yo pudiéramos vivir de esto lo haríamos, pero lo cierto es que a veces asistir a las veladas nos cuesta dinero», reconoce esta entrenadora que actualmente compagina las clases con otro trabajo. Para ellas, la recompensa por participar en una velada amateur puede estar en 60 euros. Sin protecciones se cobra más. «Esto es algo que tiene que cambiar, he competido en una docena de ocasiones y sólo me han pagado en tres. Es importante para que salgamos adelante», pide Capetillo, quien valora muy positivamente que el último Campeonato de España fuera retransmitido por televisión. «Ya era hora, es una recompensa a todos quienes practicamos este deporte y demuestra que puede tener tanto público como cualquier otro deporte», anima.

El gimnasio Talka de Zorroza es otro de los lugares donde practicar muay thai en Euskadi. A sus 21 años, Jenny Cerrato acude allí cada semana desde Alonsotegui para practicar sus movimientos. El esfuerzo le ha valido hacerse con el título de campeona de Euskadi y de campeona de España en su categoría, la de 57 kilos. «Practiqué taekwondo, un deporte que ha tenido mucha visibilidad, desde los 6 a los 14 años, pero a los 17 me enamoré del muay thai por la pasión y la dedicación con la que se entrena», valora la estudiante, quien también compagina sus logros deportivos con un trabajo de camarera. «Cada vez más niñas se animan a probar el muay thai gracias a iniciativas contra el bullyng o la defensa personal, el muay está pasando de verse como violento a ayudar a las personas», celebra Cerrato, quien ha visto cómo educadores sociales ya se interesan por su práctica en Talka.

«Aprender tailandés me ayuda»

A punto de cumplir la mayoría de edad, Maien Zurbano es una de las monitoras de muay thai más jóvenes de Euskadi y una promesa de este deporte. Ya es séptimo khan en este arte marcial dividido en ocho escalafones más otros ocho reservados para quienes quieren ser maestros. «Empecé a entrenar con 14 años en el grupo de los mayores, un amigo de mi madre practicaba muay thai y me animó a probarlo», recuerda. Subcampeona de Euskadi en la categoría de 54 kilos, le gustaría seguir entrenando para lograr el título, pero sus obligaciones le están robando tiempo. «Quiero estudiar Medicina y necesito una buena nota, pero el muay thai me ayuda a liberar estrés, no puedo estar mucho tiempo sin practicarlo», confiesa esta chica. Zurbano asegura que haber comenzado a luchar contra chicos más grandes que ella ha sido toda una ventaja. «Después ya no te imponen tanto otras rivales, aunque poder entrenar con Eider en Vitoria es fantástico. Al final, en el circuito oficial te enfrentas a mujeres de un tamaño similar al tuyo», valora.

Para Maien, tener la oportunidad de estudiar los orígenes del muay thai es un valor añadido. Asegura que aprender las palabras y números en tailandés le «ayudan a entender el muay thai como lo haría un tailandés». Esta joven ayuda a su maestro Igor Pacheco a dar clase a los más pequeños del gimnasio, quienes aprenden muay thai sin luchar entre sí. «Este deporte les enseña valores como la solidaridad, también a los mayores», enumera Zurbano. El saludo inicial, wai kru, se realiza con khan o decoraciones en la cabeza. Durante la competición únicamente se permiten los del brazo, que suelen llevar los colores del equipo o gimnasio del competidor. Eso sí, los tradicionalismos obsoletos como la antigua creencia de que las mujeres deben entrar al cuadrilátero por debajo de las cuerdas han quedado totalmente a un lado. «Cada una que entre al ring como quiera, por suerte cada vez somos más en él», opina Bernaola. «Me gustaría que cada vez más mujeres se animaran a practicarlo porque todas son capaces de hacerlo», afirma.