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«A algunos les parecíamos unas frescas»

El uniforme impuesto a las mujeres consistía en unos pololos de mahón azules y camisa blanca. /EL CORREO
El uniforme impuesto a las mujeres consistía en unos pololos de mahón azules y camisa blanca. / EL CORREO

Pese a tratarse de una herramienta hecha para formar madres que parieran hijos fuertes y sanos, la actividad física permitió a muchas mujeres sentirse más independientes durante el franquismo. Una tesis doctoral recoge las vivencias de 28 vizcaínas

Itsaso Álvarez
ITSASO ÁLVAREZ

La dictadura franquista (1939-1975) significó un importante freno al desarrollo de las mujeres que se había ido forjando en el primer tercio del siglo XX y, en especial, durante la II República. Para la imposición de su modelo femenino, la cúpula de poder, formada por el Movimiento Nacional, el Ejército y la Iglesia Católica, no escatimó en medios. Médicos, maestros, políticos, sacerdotes..., urdieron un arquetipo de mujer que quedaba restringido a los roles de ama de casa, esposa y madre, asociando de manera indisoluble los términos mujer y hogar para la construcción de la feminidad, roles a los que se sumaban los de feligresa católica y patriótica. Uno de los medios que utilizó el régimen para la transmisión de su modelo femenino fue la Educación Física y el deporte, que estuvieron en manos de la Sección Femenina. De entrada, la Educación Física y el deporte femenino fueron un auténtico escándalo para la Iglesia. Por ejemplo, el arzobispo de Valladolid, en los años 40 llegó a prohibir a las mujeres que montaran en bici por considerarlo pecaminoso y el cardenal Segura vetó la gimnasia en los colegios de chicas de Sevilla, que por cierto resultaba muy repetitivo. Esta norma que mantuvo hasta su muerte en 1957. Este contexto adverso obligó a la cúpula de la Sección Femenina a esforzarse en justificar la importancia y la validez, dentro del modelo impuesto, de las prácticas deportivas para las mujeres.