Pelota

La olvidada y apasionante historia de las raquetistas

Una imagen de época de las raquetistas./www.raketistak.com
Una imagen de época de las raquetistas. / www.raketistak.com

La disciplina vivió su época dorada en la posguerra. En aquel momento había más pelotaris mujeres que hombres

JOSEBA LEZETAHernani

«Estamos embarcados en un trabajo contrarreloj. Las raquetistas más jóvenes tienen unos 70 años, las que vivieron la época dorada rebasan ya los 90, la mayor parte de las historias de esta modalidad están dentro de sus cabezas y corremos el riesgo de perder tanto sus testimonios como el material que guardan en sus casas». Ainhoa Palomo y Jon Juanes, los dos guipuzcoanos responsables de la recuperación y de la puesta de largo de lo que fueron las raquetistas, son conscientes de la importancia y de la dificultad de la labor a la que hacen frente desde la ilusión y el cariño a esta disciplina y sus practicantes, verdaderas pioneras que debieron luchar contra más dificultades que la propia velocidad de la pelota.

El vicelehendakari Josu Erkoreka, entre cuyos familiares figura una raquetista; Izaskun Landaida, directora de Emakunde; Miren Elgarreta, directora de Igualdad de la Diputación de Gipuzkoa; Carlos Sergio, representante de la Diputación de Bizkaia; alcaldes, concejales y técnicos de 34 localidades; una representación del Museo San Telmo de Donostia, y federativos de la Vasca, la Guipuzcoana y la Alavesa intervinieron en el acto de celebrado este miércoles en el auditorio de Orona, en Hernani. Vieron un documental sobre la historia de estas pelotaris y recibieron mensajes claros tanto sobre la recopilación de 217 nombres de raquetistas de 47 ciudades o pueblos distintos como de los objetivos pendientes, laboriosos por cierto, para los que solicitaron colaboración. «Estamos convencidos de que hay más localidades de las que surgieron raquetistas».

Ainhoa Palomo habla con claridad. «No podemos decir si el número total de raquetistas asciende a 1.000, a 2.000 o a una cifra superior. Cuanto más avanzamos, nos damos cuenta de que esto se nos escapa de las manos. La disciplina vivió su época próspera entre 1935 y 1946, principalmente después de la Guerra Civil. Había ocho frontones en Barcelona y cinco en Madrid. Las funciones eran diarias en ambas ciudades. Lo hemos encontrado en las hemerotecas. También jugaban en Valencia, Salamanca, Córdoba, Las Palmas, Tenerife, Sevilla... Llegaron a Cuba. Entre nosotros se jugaba en el frontón de Gros en San Sebastián y en el de La Esperanza en Bilbao».

El declive comienza precisamente en 1946, «cuando se adoptan medidas por parte de la administración con el fin de paralizar la actividad. Era un negocio y se registran protestas contra las iniciativas gubernamentales. Aunque no se conceden nuevas licencias ni se abren nuevos frontones, las raquetistas continúan en activo. Pero empieza la decadencia».

Más mujeres que hombres

Jon Juanes y Ainhoa Palomo aportan un número chocante. «En 1943 había 1.432 pelotaris profesionales, de los que 698 eran hombres y 734, féminas raquetistas. El número de mujeres supera al de varones». Esa comparación habla por sí sola.

Había que nutrir las plantillas. Juanes detalla que el foco principal «estaba en Eibar, con tres escuelas: Astelena, Txantxa y otra de cuyo nombre no me acuerdo. El propio Miguel Gallastegi dice que los chicos no encontraban sitio para jugar en el Astelena porque el frontón estaba ocupado por las chicas. Pagaban por recibir clases. Estaba organizado. En Azkoitia, por ejemplo, enseñaba una persona llamada Etxaniz. Las chicas también aprendían en Tolosa y otros puntos. La gran mayoría de raquetistas eran vascas y catalanas».

Durante las investigaciones han encontrado, por ejemplo, que «una sobrina del boxeador Paulino Uzkudun era raquetista», que «en Mutriku, Zumalabe llegó a fabricar 3.000 raquetas al año para atender a la actividad», que en Tenerife «repartían cromos coleccionables con imágenes de ellas en los paquetes de tabaco» o incluso «una botella de anís con la representación de una raquetista».

Ainhoa Palomo y Jon Juanes han encontrado «una excelente acogida entre las raquetistas y sus familias. La mayoría nos han acogido con los brazos abiertos cuando nos hemos dirigido a ellas. Pero también es verdad que algunas han preferido no hablar de su experiencia».

Las raquetistas fueron de alguna manera víctimas de una sociedad que no entendía cómo unas mujeres eran capaces de ganar dinero -incluso, mucho dinero- jugando a pelota. «Mandaban dinero a casa para sostener a sus familias», afirma Palomo. «Manejaban dinero y tenían mucha autonomía, algo que no estaba bien visto. Los comentarios sobre ellas eran negativos. Hemos conocido historias surrealistas, hasta de raquetistas cuyos hijos conocieron ya siendo adultos, con 40 años o más, que sus madres habían jugado en su día a pelota. Eso ha llevado a la pérdida de material importante que estaba en sus domicilios. No se les concedió el valor que poseían. Llegamos tarde».

«Las raquetistas fueron las primeras mujeres deportistas que cotizaron a la Seguridad Social», añade Ainhoa Palomo. «Las pelotaris del frontón Colón de Barcelona reclamaron en un juzgado y se les reconoció antes incluso que a los futbolistas».

«Paula Lamarain ganaba más que su marido futbolista»

Determinadas comparaciones ayudan a comprender la repercusión de las raquetistas en la época de esplendor de la disciplina. Lo cuenta Ainhoa Palomo. «Paula Lamarain, eibartarra que falleció en marzo, ganaba más dinero que su marido, Cayetano Menárguez, que jugó en Primera con el Valencia y en Segunda con el Castellón. Las figuras de la época decidían con qué empresa y dónde jugar. Negociaban las cantidades con los empresarios. La errenteriarra Agustina Otaola nos contó que fue a Cuba en 1957. Hubo problemas con el frontón y regresó a casa. Con lo que cobró en dos meses más la indemnización recibida trajo dinero suficiente para comprar un piso en Errenteria». Manejaban cantidades impensables en la actualidad.

 

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