Las mujeres harrijasotzailes de Segovia, Salamanca y Madrid

Las forzudas Julia Martínez, Raquel Martín y Raquel de la Calle compiten con las mejores especialistas vascas del levantamiento de piedras, la disciplina más dura de los 'herri kirolak' que hasta hace un puñado de años era exclusiva de hombres. «Soñamos con lograr una txapela», dicen

Itsaso Álvarez
ITSASO ÁLVAREZ

Levantar piedras no es solo cosa de hombres rudos de caserío, aunque ese sea el prejuicio que se ha creado respecto a esta actividad. Es una modalidad que históricamente solo han practicado ellos, eso es verdad. Constituía un desafío limitado al ámbito familiar o cercano al caserío y las canteras, hasta que hace cien años dio el salto a la plaza pública. La primera referencia que se tiene de una harrijasotzaile es una fotografía tomada en enero de 1935 en la que aparece la eibartarra Dámasa Aguirregaviria, vestida de calle, con una cilíndrica de ocho arrobas (casi cien kilos) sobre su hombro. Muchos años después, a comienzos de este siglo, surgieron las figuras de Miren Urkiola (Ziortza-Bolibar, 1988) y María José Sardón (Urnieta, 1973), hasta que poco después se intercalaron Idoia Etxeberria (Orio, 1992) y Estitxu Almandoz (Lesaka, 1985) y Karmele Gisasola (Mallabia, 1998). Con ellas hay ahora otras. Las forzudas Julia Martínez, Raquel Martín y Raquel de la Calle son tres mujeres del centro peninsular que compaginan su trabajo con su pasión por el harrijasotze o por la harrijasoketa, la competición donde se levantan piedras de diferentes formas, dimensiones y pesos determinados. Por méritos propios (Julia fue la campeona de Bizkaia en 2017 y ha quedado primera tres veces en el Campeonato de Castilla) las tres están incluidas en el circuito vasco de competiciones y tienen ficha en la Federación vizcaína de Deporte Rural. Podría pensarse que viven aquí, ¿más fácil, así, verdad? Pero no, su pasión por esta disciplina la viven a distancia y, para ellas, conseguir una txapela en este deporte rural es todo un sueño. Su historia parece salida del guión de 'Allí abajo', la serie de televisión que cuenta las vivencias de un vasco por Andalucía.

La eibarresa Dámasa Aguirregaviria levanta una piedra de ocho arrobas (cien kilos) en 1935.
La eibarresa Dámasa Aguirregaviria levanta una piedra de ocho arrobas (cien kilos) en 1935. / Indalecio Prieto

Pongámonos en situación. Empecemos por la antigua Grecia, entonces ya se levantaban piedras. En el museo de Olimpia se conservan algunas con inscripciones que dicen que alguien las izó. Con el paso del tiempo, el deporte de la piedra fue cayendo en desuso con fines deportivos en casi todo el mundo. Nacieron otras disciplinas, como la halterofilia. Pero en el País Vasco se produjo un camino a la inversa. A finales del XIX se empezaron a levantar piedras con formas y medidas determinadas. Se hizo una federación, un reglamento, controles antidopaje… Se convirtió en actividad deportiva. Hasta hace unos pocos años en ningún sitio se había practicado el levantamiento de piedras tal y como se ha hecho en Euskadi (en la Polinesia Francesa también le dan a este deporte, pero en bañador y pareo). ¿Cómo que hasta hace poco? Sí, porque en Arévalo (Ávila) hay un equipo denominado 'Vive la piedra' que organiza el Campeonato de Castilla, que este año va por su tercera edición. Lo dirigen Lucio Doncel, exseleccionador nacional de 'powerlifting' y autor de libros sobre deportes tradicionales, y Julio Jiménez Zancajo, dos fortachones que han practicado disciplinas en las que el principal atributo es la fuerza máxima en su máxima expresión. Julio, explica él mismo, fue en su momento todo un especialista en arrastrar camiones, volcar coches o levantar piedras «pero no al estilo vasco». Con su habilidad y asombroso poderío en 2010 se proclamó campeón de la Liga Nacional de Fuerza («el hombre más fuerte de España») y al año siguiente en profesional de esta disciplina, hasta que una rotura del tendón de Aquiles le obligó a dejarlo.

Sigamos. Este hombre tiene un gimnasio en Arévalo. Entre sus pupilos figuran Julia Martínez, Raquel Martín y Raquel de la Calle, tres mujeres con un palmarés de escándalo en 'powerlifting' (levantamiento de pesas potencia), a nivel español y europeo. Y así se entiende la inmersión de estas tres chicas en las piedras. Julio les habló del harrijasotze en un taller. «Aparte de ser más técnico, requiere más fuerza y resistencia que en el 'powerlifting'. No se ejerce la misma fuerza que para una alzada, porque son tres minutos de levantamientos», advirtió. Habló de las piedras con tanta pasión que ellas quisieron probar y ahora las tres están entregadas al cien por cien. Entrenan dos días a la semana con piedras y cuatro con pesas. ¿Pero cómo arribó Julio, a su vez, a toda esta historia? «En Etxauri, Navarra, hacen todos los años un campeonato de levantamiento de piedra con una piedra irregular de 136,5 kilos (el premio para el vencedor es el peso de la piedra en vino). Lucio Doncel se enteró de que buscaban a alguien de fuera para animar la exhibición y nos presentamos tres. El único que consiguió levantarla fui yo, así que me invitaron a la competición. Después contactamos con José María Gisasola 'Zelai', el mejor levantador de piedras pequeñas que ha habido, que tiene cantera y hace piedras, y adquirimos unas. Y así me hice también harrijasotzaile, no vea lo bien que me tratan allí en el País Vasco cada vez que voy». «Nadie exige que levantes 150 o 200 kilos, puedes empezar con menos e ir progresando según cómo te vayas encontrando, cómo vayas evolucionando y progresando. Lo importante es que no se pierda la esencia. Se podrá hacer en Castilla o en Madrid, pero es un deporte exclusivamente vasco. Si viene gente a probar, tiene que ser con el estilo el que tenéis allí«, deja claro. «A la primera a la que animé fue a Julia. Le gustó desde el primer día», concluye.

Julia Martínez nació en Segovia hace 39 años. Es osteópata y entrenadora personal. Mide 1,57 y pesa 59 kilos. «Ser pequeña es una desventaja total para el levantamiento de piedras. Mis palancas, mis brazos, son pequeños, y el peso de tu cuerpo tiene que ayudar a levantar la piedra, con lo que lo tengo difícil», argumenta. Cuenta sus inicios: «Hace cuatro años comencé con el crossfit casi por casualidad, siempre he hecho deporte pero en actividades muy cardiovasculares, zumba y pilates. Fue entonces cuando vi que el trabajo de fuerza se me daba bien, así que hablé con Julio Jiménez, para quien hace una década había dado clases en su gimnasio. Quedé con que él me preparaba en powerlifting y empecé a competir. Por esa época él empezaba a competir en el deporte rural vasco y me lió la manta a la cabeza. Yo había oído hablar de Perurena y nada más«. Además, Julia hace halterofilia. «Pero la piedra es lo más duro que yo he practicado. Te pesa, se te clava en la piel... Pero me encanta». A pesar de que más de una vez ha oído un «yo no me quiero poner así, tan musculada, es muy poco femenino», refiriéndose a ella. «No se ha visto bien que una mujer sea fuerte. Pero cada vez somos más las que si lo oímos nos importa un carajo. Me preocupa más que se critique a un cuerpo en general sin más que el que se critique a una mujer fuerte, me parece un poco maleducado», señala. Su madre le ha elaborado un chaleco y a los pantalones «les hemos ido añadiendo goma y piel, lo que he ido necesitando según la piedra que quiero levantar. Son totalmente tuneados«. Prefiere alzar la bola antes que el cubo o el cilindro. Ella se ha hecho con una pequeña colección para entrenar. En piedras grandes, el año pasado levantó en el campeonato de Euskadi cuatro veces el cilindro de 88 kilos, otras cuatro el cubo de 75 y en 18 alzadas la bola de 62. «Espero mejorar el 30 de junio, pero imagino que Karmele Gisasola me lo va a poner muy difícil». Ese día se celebra la competición en Mungia. «Siempre hay alguien entre el público que se acerca e intenta levantar las piedras como diciendo, 'si ellas pueden, yo también'», reconoce.

Raquel Martín abraza una de las piedras con las que entrena.
Raquel Martín abraza una de las piedras con las que entrena.

La harrijasotzaile Raquel Martín, salmantina de 46 años, 1,61 de estatura y 70 kilos, es madre de dos chavales, chico y chica. Trabaja de administrativa y entrena por las tardes. «Sarna con gusto no pica», bromea. «A raíz del segundo embarazo padezco un hipotiroidismo crónico, así que empecé a hacer deporte. Después de probar varias cosas, en la zona de pesas libres encontré lo que me gustaba. Un amigo me llevó a una exhibición de 'powerlifting' y aquello me cuadró. Y hace tres años conocí la piedra por Julio y Lucio, en una demostración. Desde entonces. Me he comprado alguna piedra. Varían los precios según el material y el peso. Julio me prestó una esfera de hormigón y más adelante ahorré un poquito y me compré un cilindro, ya de piedra». Martín habla de «la belleza de las piedras». «Te la tienes que subir al hombro y rodar por el cuerpo, esa mezcla de miedo y desafío, ese respeto que le tienes cuando no sabes si se te va a caer o no... Lo que pasa es que es muy duro. Acabas con muchos moratones en los antebrazos, usas resina para que no se resbale, pero la resina misma te acaba rompiendo las venitas del brazo. Y las aristas del cubo te hace cortes en cuello y cara... Pero eso es la parte que más engancha, creo yo. Cada levantamiento es una superación. Yo no veo deportes de hombre o de mujer, yo veo desafíos. ¿Por qué no intentarlo? No me siento un bicho raro para nada. Nunca he oído un mal comentario, aunque la familia me dice que estoy loca y que ya es hora de que sea una mujer y una madre normal. De pequeña yo siempre estaba con mi padre, que era albañil, trabajando un poco. Quizá eso me haya llevado hasta aquí«.

Raquel de la Calle es de Madrid. 41 años, 1,58 y 64 kilos. En levantamiento de pesas en potencia es capaz de levantar 150 kilos en sentadilla y 155 kilos en peso muerto. Ha quedado tercera en su categoría este año en el campeonato de Europa de 'powerlifting', a quince kilos del pódium absoluto. En España es la cuarta en la clasificación general de momento. En piedras, lo máximo que ha levantado es diez veces la piedra de 80 «pero sin controlar el tiempo». Compagina estas aficiones con su labor como técnico especialista de laboratorio en un hospital, donde lleva a cabo labores en terapia celular. Otro mundo. «La bola es mi preferida, la que más odian los demás. También competí en 'strongman' para ser la mujer más fuerte de España y una de las primeras pruebas que hice era subir una bola de cien kilos por encima de un metro. Tenía que poner la bola a la altura de mi boca para poder alzarla y ahí empecé a cogerle gusto, porque fue una competición que me dio muchas alegrías«. La menos querida es el cubo. »Al principio no tenía refuerzos en los pantalones y se me quedaban los muslos muy morados«. Raquel de la Calle, que ha practicado alpinismo (ha subido montañas de cuatro mil metros en Suiza e Italia) y escalada en hielo y roca, está impresionada por el »respeto que se profesa en el País Vasco hacia este deporte. Somos una gran familia, nos han acogido muy bien, hay un buen rollo que no veo en otros deportes, quizá porque es minoritario. La gente del público sabe nuestro nombre, es maravilloso. Si no hubiéramos llegado nosotras las mujeres vascas se hubieran quedado sin campeonato, así que estoy encantada de aportar mi granito de arena«.