«Los maridos tienen que contagiar a sus mujeres su pasión por el golf»

«Los martes es el día de la mujer en los campos», explica Marisol Paz. /Pedro Urresti
«Los martes es el día de la mujer en los campos», explica Marisol Paz. / Pedro Urresti

Marisol Paz es una de los 272.000 españoles que juegan al golf, un deporte en el que nunca imaginó verse involucrada. Entre los valores de esta disciplina destaca uno: «El golf une a la familia y la saca de casa»

Itsaso Álvarez
ITSASO ÁLVAREZ

El pasado 6 de junio se celebró el Día internacional de las mujeres que practican el golf. 46 países celebraron este día para visibilizar a las jugadoras femeninas en este deporte. De hecho, si nos preguntamos cuántas veces hemos visto imágenes de mujeres practicando golf, la respuesta casi segura sería ninguna. Una de las acciones promovidas por la Federación Internacional ha sido difundir el número de mujeres que practican este deporte. Además, ha organizado diferentes eventos tanto con debutantes como con aficionadas veteranas y profesionales. Algunas jugadoras relevantes como la actual vigente campeona de Europa Senior, Macarena Campomanes, entre otras, han aportado su granito de arena a todos estos eventos. Porque las mujeres que practican el golf han cosechado muchos éxitos, y lo seguirán haciendo. Hoy por hoy, España figura, junto a Inglaterra, Alemania, Suecia e Irlanda, en el 'top 5' europeo de mujeres y niños con licencia de golf, con unos 2712.000 practicantes.

La presencia de las mujeres en los clubs de golf data de mediados de siglo XIX, cuando este juego empezó a practicarse entre las damas ociosas de la alta sociedad, si bien con unas reglas muy particulares. Se consideraba poco delicado elevar el palo por encima de la altura del hombro, y el atuendo utilizado limitaba en gran medida los movimientos. Este consistía en una amplia falda sujetada a la pierna por encima del tobillo con cintas elásticas. Sin embargo, esta indumentaria y comportamiento tan decoroso e inhibidores a un tiempo, no duraron mucho, tras la creación en 1893 de la Unión de Mujeres Golfistas. En este grupo fue fundamental la influencia de su secretaria, Issette Pearson, quien quedó segunda, después de lady Margaret Scott en el primer Campeonato Británico Amateur para mujeres celebrado ese mismo año. También en 1893, al otro lado del Atlántico, las mujeres americanas comenzaban a tomar la iniciativa. Las esposas de los miembros del recién creado Shinnecok Hills Club convencieron a estos para que les construyeran un campo aparte de nueve hoyos. Cada vez que los hombres se negaban a compartir sus campos o a construir nuevos, las mujeres creaban el suyo propio.

En 1894, un grupo de mujeres fundó su propio club con un campo de siete hoyos en Morristown, Nueva Jersey. A las primeras mujeres profesionales de golf estadounidenses solo les llevaría algunos años ponerse a la altura de sus equivalentes británicas. La primera mujer superestrella del golf británico fue Charlotte Cecilia Pitcairn Leitch, quien llegó a las semifinales del Torneo Amateur para mujeres a los 17 años. A partir de 1914 acortó su nombre a Cecil Leitch y continuó jugando, llegando a ganar 12 títulos en Inglaterra, Francia y Canadá. Con su swing fuerte y plano dominó el juego femenino hasta ser derrotada por Joyce Wethered que, por el contrario, tenía un juego elegante y lleno de estilo. Wethered era tan buena jugadora que obtuvo ocho títulos en cuatro años, antes de retirarse del mundo de la competición en 1925. Cuatro años más tarde regresó para ganar por cuarta y última vez el Campeonato Femenino.

1905. Comienza la carrera Dorothy Campbell, que sería reconocida como la primera jugadora de golf profesional del mundo. En 1920 se celebran los primeros torneos femeninos anuales en EE UU. Siete años después, Miriam Burns Horn, divorciada, gana un título de golf femenino 'amateur'. En 1944 se crea la primera asociación profesional femenina de golfistas (WPGA), origen de la actual LPGA, fundada en 1949. En 1945 Babe Zaharías será la primera mujer en jugar un torneo de la PGA tras clasificarse para el abierto de Los Ángeles. 1950, las mujeres comienzan a jugar al golf profesional en EE UU. 2003, Annika Sörenstam es la primera mujer, desde 1945, en disputar un torneo masculino del PGA Tour. La sueca es una de las mejores golfistas de la historia, ganó 10 Majors (torneos más importantes) y el Premio Laureus en 2004. En 2012 el Club Nacional de Golf de Augusta, en Estados Unidos, acepta por primera vez a dos mujeres como miembros, una de ellas, la secretaria de Estado durante la administración Bush, Condoleezza Rice. En 2014, el prestigioso Royal & Ancient Golf Club (más conocido como R&A), en Saint Andrews, Escocia, da luz verde a la entrada, como miembros, de mujeres en el club. El club de golf escocés de Muirfield hace lo mismo en 2017. Profesionales aparte, junio de 2019. Hablamos con Marisol Paz, empresaria copropietaria los centros de negocio Seint en Bilbao que juega al golf desde hace tres lustros en el campo de Artxanda, hoy llamado Uraburu Golf, un deporte que nunca imaginó que acabaría formando parte de su vida y de la de toda su familia y sobre el que destaca los valores que transmite. «Ese deporte tiene un componente importante. Si tú pierdes no quiere decir que yo gane. Tú no eres mi rival, mi rival a batir es el campo, que ni siente ni padece», subraya.

«Se castiga el mal comportamiento»

«Un verano en Cádiz mi marido estaba aburrido y se apuntó a unas clases de golf. Le pareció interesante, se divertía y después de verano buscó una escuela aquí. Enseguida nos acabó metiendo a toda la familia. Tengo que decir que el golf ha hecho un 'papelón' en nuestra vida familiar. Al menos esa ha sido mi experiencia. El golf une a la familia, la saca de casa, y si los críos están picados con este deporte cuando llegan a la adolescencia, el campo les da la oportunidad de estar con sus amigos pero lejos de sus padres, porque se organizan sus propios partidos, en un entorno verde«, explica. »Una cosa que otros deportes deberían copiar del golf es que aquí se castiga mucho el mal comportamiento. Si un jugador tira los palos, insulta la voz, se te penaliza. Se trabaja mucho el saber estar, la paciencia, la tolerancia, la concentración, la perseverancia, la honestidad, el trabajo en equipo. Son valores que al final vas a trasladar a tu vida. Lo bueno que tiene es que cuando acabas en el hoyo 18, ahí queda todo. Soy una auténtica fan del golf familiar«.

¿Hablamos de precio? «Te puedo decir que el golf no es tan caro. Si esquías, sale más caro. ¿Y quién no va ahora a hacer running de punta en blanco? Una cuota de un gimnasio no tiene nada que envidiarle a una cuota de un campo de golf. En Estados Unidos juega todo hijo de vecino. Pero aquí tiene aún otra connotación, el golf sigue catalogado en un mundo elitista», lamenta Marisol Paz. ¿Había mujeres cuando Marisol empezó a jugar? «Había, menos que ahora. Los martes es el día de la mujer en los campos de golf. Durante un tiempo yo me acostumbré a coger los martes libre para poder jugar. Además, se organizan ligas de mujeres. Yo juego mucho con mi marido porque me encanta, pero las mujeres nos divertimos mucho juntas en la hierba. El principal enemigo de la mujer somos nosotras mismas. Las mujeres tienen que animarse a jugar, lo que pasa es que siempre parece que buscamos otra cosa que hacer. Si los 18 años conllevan mucho tiempo, está la opción de hacerse nueve hoyos, unas dos horas, y volver luego a tu rutina. Las mujeres tienen que reírse y el golf les permite eso además de salir de su rutina y darse tiempo para sí mismas. Y si tienen niños, los campos tienen una delegación infantil en cada campo que organiza actividades para ellos y les organiza torneos. Luego está el problema que tienen muchos hombres, que juegan muy rápido para luego poder ir a comer a casa con los suyos. A todos ellos les digo 'piensa, si tu mujer ya está en el campo ya tienes el plan hecho y no vas a tener que correr'. Así que lo mejor es que los maridos contagien a sus mujeres su pasión por el golf. En nuestra casa siempre que viajamos llevamos los palos en el maletero. ¿Y si te encuentras un campo de camino?», plantea esta enamorada del golf.

«Me gustaría jugar en St Andrews donde hasta 2014 no podían jugar las mujeres. Forma parte de esa pequeña historia que tenemos las mujeres. Contra eso no podemos luchar, solo arañar. Aquí las mujeres llevamos polo sin mangas, falda para jugar o pantalón corto, y si quieres ponerte más morenas las piernas, aún más corto», admite.