Maite Zugarrondo se retira del balonmano para hacerse cargo de dos sobrinas

Maite Zugarrondo continuará en el Bera Bera esta temporada antes de mudarse a Pamplona. / IÑIGO ARIZMENDI

La jugadora del Bera Bera deja la competición a los 30 años para poder conciliar. «Me voy por todo lo alto», asegura

Judith Romero
JUDITH ROMERO

«Cuando empecé a hacerme cargo de mis sobrinas pensé que estaba perdiendo parte de mi identidad de jugadora de balonmano profesional, pero ahora creo que esta es la verdadera Maite», confiesa la pamplonesa Maite Zugarrondo. Jugadora del club de balonmano Bera Bera de San Sebastián desde hace cinco años, nunca creyó que la maternidad interferiría en su vida profesional, pero el amor que siente hacia sus sobrinas le hizo asumir la responsabilidad de tenerlas en acogida. «Con 28 años me vi como tutora legal de dos peques de 2 y 4 años casi de la noche a la mañana, algo que no es fácil de compaginar con el balonmano de este nivel», explica la joven.

La semana pasada se despidió del conjunto guipuzcoano con el que hace un mes se hicieron con su sexta Copa de la Reina en rueda de prensa. «Quise agradecer al Bera Bera todo lo que me ha apoyado con lo de las niñas, pero no pensé que mis palabras fueran a tener repercusión alguna», sostiene Zugarrondo, quien hasta hace dos años compartía piso con otras jugadoras. «Dadas las circunstancias el club me puso todas las facilidades del mundo. Pude disponer de una vivienda con mis sobrinas y salir adelante con mi sueldo de jugadora y algunas ayudas sociales, pero me costaba estar al cien por cien», apunta esta enfermera que nunca ha ejercido como tal y ha dedicado su vida al balonmano.

Lo que empezó como una extraescolar terminó siendo el sueño vital de Maite Zugarrondo. Todo empezó en el Anaitasuna de Pamplona, «Después estuve en el Itxako, donde ganamos títulos nacionales, estuvimos en competiciones europeas como la Champions, y antes de venir a San Sebastián hace cinco años estuve en el Alcobendas», señala Zugarrondo, quien, pese a verse abocada a abandonar un club con el que ha ganado cuatro ligas en los últimos cinco años, no se desvinculará del todo del balonmano. «No sé si podré volver a competir a nivel profesional, pero entrenaré al equipo de balonmano de Maristas de Pamplona, lo que me da una oportunidad para estar con mis sobrinas más cerca de nuestra familia y tener horarios compatibles con ellas», celebra.

Alta exigencia

El factor económico no ha sido el único que ha llevado a Zugarrondo a tomar esta decisión. «Estar en un equipo como Bera Bera, de los mejores de España, requiere un tiempo y una dedicación exclusiva dentro y fuera de la pista. Cuidar los hábitos alimenticios, el descanso, entrenar bien... me di cuenta de que no estaba dando todo lo que podía dar y de que tenía la cabeza en las niñas», reconoce la jugadora que continuará con el equipo hasta el final de la temporada. Sus contratos tienen una duración de diez meses con dos meses de paro, algo que no proporciona estabilidad a todas las jugadoras. Pocas son madres mientras están en activo. «Podría haber seguido jugando hasta por lo menos los 40 y me habría gustado, pero a veces llega el momento de buscar alternativas», afirma.

Su compañera Leire Aramendia también ha anunciado su retirada al final de la temporada para dedicarse a la Bioquímica. A pesar de las circunstancias, Maite Zugarrondo asegura marcharse «por todo lo alto» y haber recibido un gran apoyo desde que anunció su decisión a la directiva del club. «El balonmano profesional es mi sueño y me encantaría poder seguir jugando, pero me voy con títulos y el cariño de las jugadoras y la afición tras haber tenido el privilegio de jugar en el Bera Bera», celebra esta deportista humilde y discreta -«¡No me imaginaba siendo madre y ahora firmo yo las notas de las niñas!»- exclama. «Si mi experiencia sirve para cambiar algo adelante, tal vez si se conocieran más estas historias ocurrirían menos. Necesitamos más afición, más ayudas y, en definitiva, más dinero», resume.