«Podemos estar tres o cuatro horas en el agua, flotando sin hacer fondo»

El equipo junior de natación sincronizada de la Sociedad Deportiva Náutica de Portugalete se lanza al agua. / Pedro Urresti

Ainhoa y Andere, las integrantes del equipo junior de natación sincronizada de la Sociedad Deportiva Náutica de Portugalete sacan «muy buenas notas» a pesar de entrenar «cuatro horas diarias». «Estaría muy bien que se animaran más chicos a probar este deporte», dicen

Itsaso Álvarez
ITSASO ÁLVAREZ

Ona Carbonell (Barcelona, 29 años), uno de los iconos de la natación sincronizada española, colecciona medallas y experiencias en esta disciplina, además de muchos recuerdos acumulados desde que compitió por primera vez en una piscina a los 11 años. Un día se le ocurrió calcular las horas que ha pasado en remojo sumando las de entrenamiento: «Cuatro años con sus días y sus noches, laborables y festivos, incluidas las vacaciones. Nosotras nos pasamos muchas más horas del día en la ingravidez que bajo la influencia de la gravedad. Tenemos problemas similares a los que tienen los astronautas. Nos duele la espalda, las rodillas, los tobillos. Podemos estar tres o cuatro horas en el agua, flotando sin hacer fondo, ni tocar el bordillo de la pared. Pero cuando estamos de pie sin poder sentarnos ni estirarnos nos duele todo el cuerpo porque no estamos acostumbradas a la influencia de la gravedad. Saltar a la comba es uno de los ejercicios que practicamos cada mañana para provocar impacto y así estimular la densidad ósea. A pesar de esto la natación sincronizada no es una tortura para mí sino la combinación de mi sueño. Hacer real lo imposible. Ser una sirena sin tener escamas». Y esto lo dijo hace un tiempo, es decir, ha llovido desde entonces.

Las chicas de la 'sincro' de la Sociedad Deportiva Náutica Portugalete, una entidad que cuenta con 700 socios y que lleva funcionando nada más y nada menos que desde el año 1948, cuando los portugalujos nadaban compitiendo en la ría y que puede presumir de ser una de los pocos clubes que mantiene activas cuatro disciplinas –natación, waterpolo, natación sincronizada y natación adaptada–, también meten muchas horas, tantas como tres y media o cuatro diarias de lunes a viernes, cinco los sábados, entrenando. Ainhoa Navas y Andere Bilbao, que llevan una década amarradas a esta afición, reconocen que a veces se sienten como unas extrañas, aunque no incomprendidas. Comparten su gusto por este deporte con gente que no lo vive de esta manera, en medio de un entorno que las mira con con asombro por seguir queriendo ir a entrenar aun en época de exámenes o con la Selectividad en ciernes. Pero son felices como perdices en el agua. En apariencia estas dos jóvenes de 17 y 15 años respectivamente son seres humanos normales. Mamíferos vertebrados, bípedos, de hábitos terrestres, sujetos a todo el rigor de la ley de la gravedad. Pero en realidad son más bien un anfibio tetrápodo de estructura ósea laxa y ligera, que cada vez que apoyan los pies en la tierra experimenta tensiones que el común de la especie desconoce. La suya es la condición de las chicas que practican la natación sincronizada. A fuerza de modificar su organismo para soportar condiciones extrañas adquieren el don de la adaptación, también llamada resiliencia, y seamos sinceros, es una virtud que les ha venido muy bien para afrontar con suma paciencia la sesión de fotos y vídeo (un chapuzón tras otro, una coreografía tras otra) a la que les ha 'sometido' EL CORREO.

Bromas aparte, escuchemos lo que estas dos chicas del equipo junior, integrado por ocho nadadoras, tienen que decir sobre su gran afición a la natación sincronizada, hoy llamada artística. Es Ainhoa Navas la que interviene: «A los seis años yo hacía gimnasia rítmica y tenía cierta facilidad para lesionarme. Así que mis padres decidieron meterme a un deporte similar donde las posibilidades de lesionarse fueran menores. En vacaciones, hacemos concentraciones de nueve horas diarias. Entrenar tantas horas ayuda a organizarte mejor y a sacar horas de donde no hay para estudiar. En el club nos han facilitado un aula de estudio. Todas sacamos muy buenas notas. Tienes menos vida social, pero nunca he tenido que renunciar a nada. La base es el compromiso. El bañador tiene lentejuelas y lo encargamos en Barcelona. En el pelo llevamos gelatina industrial y maquillaje waterproof en labios y ojos. El reglamento no permite maquillar la cara. En los campeonatos intentamos no comer mucha bollería porque resta energía, pero no seguimos ninguna dieta especial. Nuestros referentes principales son las nadadoras de Rusia, es una pasada verlas». En septiembre Ainhoa empezará Enfermería y, ya sí, tiene pensado bajar el nivel de entrenamiento. «Seguiré como entrenadora a niñas de entre ocho y diez años, pero como nadadora menos. Para las niñas esto es como bailar en el agua, lo pasan en grande». Andere Bilbao se inició en la natación sincronizada, también llamada artística, a los cinco años. «Hacía ballet y me gustaba mucho el agua, así que mis padres me apuntaron. Soy la friki del equipo, veo todos los vídeos de todos los bailes de las Olimpiadas. El de Rusia de los Juegos de Río me gustó muchísimo. De momento competimos a nivel de España. Estamos luchando por meternos en lo más alto, el año pasado quedamos cuartas y, hace unos días, en el prestigioso circuito mundial FINA World Series de Natación Artística, quedamos sextas a nivel de equipo y quintas en dúo. En el club hay dos chicos y nos gustaría que hubiera más. Si el equipo fuera mixto estaría muy bien. De momento, equipo solo masculino no hemos visto nunca».

La natación artística tiene sus particularidades. Combina natación, ballet, expresión corporal, educación musical, flexibilidad y musculación. Une las habilidades de un nadador, un waterpolista y un bailarín. Para propulsarse y sacar el cuerpo del agua las nadadoras no pueden tocar el fondo de la piscina. Por eso, tienen que trabajar músculo y técnicas de brazadas. Los saltos son a pulso. Tampoco pueden dejar de nadar voluntariamente y, cuando compiten, tienen que realizar figuras obligatorias marcadas en el reglamento de la Federación Internacional de Natación. Las chicas oyen la música debajo del agua a través de altavoces subacuáticos. Las pinzas en la nariz impide que el agua entre en las fosas nasales y así hacer movimientos cabeza abajo y aguantar más tiempo sumergidas. «Hacemos ejercicios de fuerza y flexibilidad en el gimnasio y en el agua igual pero con natación, la técnica básica para mantenerse a flote y en movimiento y rutinas con música. También hacemos muchos ejercicios de apnea», explica Julia Etxeberria, natural de Madrid y entrenadora del equipo junior de 'sincro' de la Deportiva Náutica Portugalete. Verla en el agua es un espectáculo, aunque ha aparcado la vía profesional tras un accidente de tráfico.

En competición, deben realizar determinados ejercicios como parte de una coreografía. Hay multitud de posiciones básicas que deben realizarse en cada ejercicio. Quizás la más conocida para el gran público sea la 'flamingo position', tronco sumergido y una pierna extendida formando un perfecto ángulo recto con la otra que queda a nivel del agua. Además, tienen que realizar ejercicios a lo largo de toda la piscina, por lo que también se trabajan las transiciones. Los jueces también pueden penalizar a las nadadoras si lucen un aspecto cansado o si no sonríen durante la ejecución de los ejercicios. La interpretación es, por tanto, fundamental. Otra cosa que puntúa es la coreografía que las nadadoras hacen sobre la superficie antes de arrojarse al agua. Otra curiosidad. Algunos piensan que este deporte, tan desconocido para muchos, es exclusivo de mujeres. Sin embargo, en sus comienzos, cuando se hablaba de ballet en el agua, fue un deporte masculino que rápidamente pasó a ser una modalidad femenina y que últimamente vuelve a incorporar al sexo masculino.

Voltereta sobre el agua.
Voltereta sobre el agua. / Pedro Urresti