Blanca Lacambra, exatleta

«Durante muchos años no he querido saber nada de atletismo»

«Durante muchos años no he querido saber nada de atletismo»
IGOR MARÍN

Olga Jiménez
OLGA JIMÉNEZ

Blanca Lacambra (Vitoria, 1965) fue una de las atletas más laureadas de los años 80 y la primera alavesa en acudir a unos juegos olímpicos, en concreto en Seúl 88. Las lesiones no le permitieron alargar una carrera deportiva brillante como velocista, forjada en su niñez en el colegio Reyes Católicos. Sensible y tímida, empeñada en preservar su intimidad y ser muy de los suyos, cada aparición pública es todo un regalo para los nostálgicos de su época. Sensibilizada con diferentes causas, cuando se trata de ofrecer su apoyo, no lo duda. Lo hizo con el módulo de atletismo en Vitoria y hace unas semanas, lo ha vuelto a hacer apoyando la campaña «Referentes» impulsada por la Diputación foral de Álava para fomentar el deporte femenino, ámbito en el que ella ha ayudado para abrir caminos a las futuras generaciones. Acepta la llamada de EL CORREO para repasar su vida y actualizarnos. Detrás de esa timidez, se encuentra una gran mujer, una referente que es la viva historia del deporte alavés.

-No se prodiga demasiado en entrevistas ¿le incomodan?

- Bueno. No me gusta mucho, la verdad. Ahora con el tiempo, a la gente le puede sonar mi nombre, pero no mi cara y eso lo agradezco para pasar desapercibida. Prefiero el anonimato y ser discreta. Lo que no quita que cuando me llaman para alguna cosa, digo que sí. Ese es mi carácter.

-Un carácter que mutaba cuando salía a la pista ¿se transformaba compitiendo?

- Igual daba una imagen de dura que no era cierta. También podía acompañar el físico, pero no era verdad. Era fachada. Igual que algunos actores fuera de escenario son muy tímidos. Me identifico con ellos.

-Se retiró con 29 años ¿qué piensa cuando echa la vista atrás?

- Bueno ahora con 53 años, vienen muchos recuerdos. Mi retirada estaba planificada para el año 1992 por una lesión de columna, una protusión discal. Decidí que era hora de volver a casa e ir distanciándome del atletismo profesional. Fue difícil, pero por el camino me encontré situaciones, que luego no salieron del todo bien, pero que me ayudaron a asumir la decisión. Fue paulatino hasta la retirada oficial que fue en el campeonato de España que se celebró en Donosti en 1995.

-¿Su momento deportivo más importante fue acudir a los Juegos olímpicos de Seúl en 1988?

- En ese momento, quizás no fui capaz de valorarlo porque las cosas iban deprisa y muy rodadas. Pero luego, con las lesiones y peores momentos, te das cuenta de lo importantes que es. Nunca me lo había planteado. Por supuesto, la plata en el Europeo de 1987 en 200 metros en pista cubierta que fue mi mayor éxito internacional.

-Las lesiones marcan definitivamente su carrera deportiva y su vida ¿no?

- Quizás sí. Para el velocista, el entrenamiento en gimnasio es muy duro y con más riesgo de lesionarte. Eso marcó mi carrera deportiva y posteriormente mi salud. Me quedé sin poder estar en las olimpiadas de Barcelona y eso ya fue el inicio del fin. Tengo 53 años, pero con secuelas. Tengo artrosis degenerativa en las dos rodillas, una de las caderas me empieza a dar guerra y la espalda con esa protusión discal crónica. Eso me machacó psicológicamente mucho. Y con los años, no me dejó hacer una vida normal,

-¿Por eso no quiso saber nada del atletismo tras su retirada?

- Fue una de las razones. No quise tener ningún vínculo, ni veía nada de atletismo. No puedo negar que soy quien soy por la dedicación al deporte. Preferí alejarme y emprender mi nueva vida. Me enganché a la vida laboral haciendo muchas cosas, me casé y tuve a mi hijo y decidí dedicarme a mi familia. Ahora, he querido volver a estar activa y soy entrenadora personal o como se dice ahora Personal Training en el centro Body Chronos,

El módulo de atletismo como necesidad «primordial»

-Apareció el año pasado junto con otros atletas, la propia Maite Zuñiga, para reivindicar la necesidad del módulo de atletismo ¿la unión hace la fuerza?

- No dudé en unirme a esta reivindicación porque sé que es algo indispensable para la gente que hace atletismo. Ni Maite ni yo pudimos disfrutarlo porque aún no estaba construido, pero es como nuestro legado para las próximas generaciones. Es primordial tener este espacio cubierto en una ciudad donde los inviernos son tan fríos y llueve tanto. La climatología es un hándicap para entrenar y por eso, la necesidad de que el módulo se mantenga. No sé si este o uno nuevo, pero es prioritario para el atletismo.

-¿Es consciente de que marca un antes y después en el atletismo femenino?

- Sí, seguramente. Junto con Maite Zuñiga, fuimos las atletas de aquella época. Pero hubo un antes, que para mí nace cuando emerge en Vitoria una afición por el atletismo en los colegios Reyes Católicos y Miguel Unamuno con gente como Prontxo, Roberto Pérez de Anda, Víctor Clemente, Castillo. Surge desde ahí. Éramos un grupo de amigas con Marisol Morquecho y Elena Ocasar. Yo empecé con el baloncesto, luego balonmano y me decanté por el atletismo. Nosotras éramos del Reyes Católicos, y en Miguel de Unamuno estaba Maite Zuñiga. Ese fue el punto de inflexión para el atletismo alavés, porque ya con 14 años, siendo juvenil voy a un campeonato de España absoluto y quedo tercera en 400 metros. Ahí empieza todo. Pero no me siento que abriera una puerta. Hicimos lo que tocaba y surgió. No me considero tan importante (sonríe). Fíjate, teníamos una atleta como Marisol Morquecho que tuvo mala suerte con las lesiones, pero que tenía todas las condiciones físicas. Siempre la menciono porque era una super clase.

El fallecimiento de su padre con 56 años

-¿Le costó tomar la decisión de marcharse al centro de alto rendimiento de Madrid con solo 16 años?

- Lo que tenía claro es que pasara lo que pasara, yo volvería a Vitoria. Recuerdo que solo pensaba en que llegara el fin de semana para escaparme a casa. Maite ya estaba acudiendo a concentraciones y centrada ya a nivel internacional y lo decido. Allí estuvo casi hasta los 28 años. Un año y medio en la residencia Blume y luego decido vivir en un piso. Doce años allí, pero siempre añorando volver a casa. Era una decisión que tenía que tomar porque en Vitoria apenas había medios. Justo hacía un año que se había inaugurado la pista de atletismo, la rotonda del parque de Arriaga con arenilla que era donde practicábamos la pista cubierta, Gamarra que nos fabricábamos con un hierro las calles. Era otra época.

-Su relación con Maite Zúñiga ¿es una de las mejores cosas que le ha dejado el atletismo?

- (Sonríe). Sin duda. Hemos compartido muchísimas situaciones juntas, buenas y malas. De todo ha habido. Nos conocemos desde los 12 años. Somos como hermanas. Igual que Marisol Morquecho o Elena Ocasar. Esas amistades para toda la vida es lo que me ha dado el atletismo.

-¿Se arrepiente de algo?

- Bueno, en Madrid disfruté de muchas cosas, pero esa decisión me alejó de otras cosas que son muy importantes como amigos y familia (se emociona). No suelo hablar de esto, pero el fallecimiento de mi padre con 56 años me marcó mucho. Mi madre se fue con 64. He tenido la sensación siempre de que me he perdido muchas cosas con ellos. Esto nunca se supera. Tengo una amiga que siempre dice que aprendemos a vivir, pero no a morir. Se fueron muy jóvenes, demasiado pronto.

Necesidad de referentes femeninas

-¿Qué diagnóstico hace del atletismo alavés?

- Bueno, está Elena Loyo, que ahora mismo es un referente, con muchísimo esfuerzo y quizás en edad tardía, pero siempre digo que nunca es tarde. Yo le animo a que siga entrenando para perseguir sus sueños y que le respeten las lesiones. No es fácil. Nos hemos acostumbrado a tener en una ciudad pequeña, campeonas y campeones y parece que siempre tenemos que tener a deportistas en la élite y con éxitos. Y las que vendrán, jóvenes como Janire Fernández de Olano que también empieza a destacar. Clubes como La Blanca o Barrutia, están haciendo un buen trabajo de base.

-En su época ser deportista profesional era casi un milagro ¿la evolución está siendo positiva?

- Sin duda. Partiendo de los éxitos del deporte femenino, creo que están recibiendo el respeto que merecen como profesionales, algo que se ha extendido a otros ámbitos. Nos falta todavía que haya más mujeres en puestos de gestión, como entrenadoras, directivas, presidentas de federaciones. El siguiente paso es que, así como los referentes masculinos son muy visibles como Nadal, Messi u otros tantos, que también se mencionen con naturalidad nombres de referentes mujeres. Me viene a la cabeza, Carolina Marín, por lo que está aportando al bádminton o Ruth Beitia, para mí, una de las más grandes del atletismo español por su trayectoria deportiva y por todos los valores que transmite. Creo que esto es una asignatura pendiente.