'Campeona de la semana'

Ainara Lamelas: «El 'kick-boxing' es menos violento que el fútbol»

Ainara Lamelas, armada de rojo, fusiona elegancia y fuerza en su golpe. /E. C.
Ainara Lamelas, armada de rojo, fusiona elegancia y fuerza en su golpe. / E. C.

La vizcaína se cuelga el oro en las modalidades de 'Light-contact' y 'Kick-light' en el Open Castro-Urdiales. El campeonato ha reunido a más de 350 luchadores, con una alta participación femenina, que ha superado el centenar

Jon Ander Goitia
JON ANDER GOITIA

No se sorprendan por su estatura: roza los 167 centímetros. Que no les impresione tampoco su peso: apenas 67 kg. Porque lo más asombroso está en su edad: 15 años. Ainara Lamelas, que todavía está estudiando secundaria, ha conseguido colgarse este fin de semana sobre su fino cuello dos gruesas medallas de oro. Así, la deportista de Sopuerta (Bizkaia) se ha subido, hasta en dos ocasiones, a lo más alto del cajón en el V Open de tatami-sport Ciudad de Castro Urdiales, organizado por el Club Kickboxing Kumite y que forma parte de la Liga Nacional Last-Round. Este campeonato ha conseguido reunir a más de 350 luchadores, con una alta participación femenina, que ha superado el centenar.

Cuatro títulos en cuatro años: una Copa de Galicia, dos veces ganadora del Campeonato de Euskadi y un oro en el Campeonato de España de clubes. A pesar de su corta edad, el palmarés de Lamelas es envidiable. «Hago buenos combates porque voy con el principal objetivo de pasármelo bien. Aunque, por supuesto, la victoria es algo por lo que uno siempre lucha», confiesa la vizcaína a la que EL CORREO ha destacado como 'Campeona de la semana' por su incondicional dedicación a este deporte, que ya le comienza a dar sus frutos. «Me gustaría seguir durante muchos años», expresa.

«Hago buenos combates porque voy con el principal objetivo de pasármelo bien. Aunque, la victoria es por lo que uno siempre lucha» El secreto

Lamelas confiesa que reinar en las modalidades de 'kick-light' cadete femenino mayor (superiores a 65 kg) y 'light-contact' cadete femenino mayor (superior a 65 kg) no le ha resultado cómodo. A pesar de que admite que ambas semifinales le resultaron «sencillas», colgarse las medallas fue una ardua tarea. «Me sacaban una cabeza», recuerda. Unos combates en los que ella tomó el papel de David y sus contrincantes el de Goliat. Para su suerte, el final fue el mismo que el de este pasaje bíblico.

«Me aburrían los otros deportes»

Sin embargo, esta rivalidad -que se extiende durante dos tiempos, de minuto y medio cada uno, que dura el combate- se limita a lo largo y ancho del tatami. «Antes o después de la pelea las contrincantes estamos juntas. El 'kick-boxing' crea un vínculo familiar». Incluso los compara con otros deportes. «Es menos violento que, por ejemplo, el fútbol», critica. Y eso que ella 'dibuja' una diana en la cabeza de sus adversarias. «Buscas golpear en este punto para sumar el máximo de puntos posible». Aunque, ella también ha sido 'víctima' de duros golpes. «Tengo un moratón en la rodilla y creo que en la nariz me va a salir ahora otro», bromea la campeona.

Se «aburría» practicando «otros deportes», hasta que en su vida apareció el 'kick-boxing'. Sus primeros 'combates' los protagonizó con apenas cuatro años, cuando se 'peleaba' contra el agua por avanzar en las interminables piscinas del polideportivo. No le completaba y trató de buscar un deporte con más adrenalina.

'Peleando' en Rumanía

Entonces probó suerte con el kárate y durante siete años estuvo enfundándose el kimono en las diferentes competiciones. Pero aún necesitaba un desafío mayor. Algo que no fuese somnífero, adormecedor, soporífero... En esas apareció el 'kick-boxing'. «No lo practico para defenderme en la calle, sino porque es un deporte que realmente me gusta», explica.

Ainara Lamelas sueña con poder trabajar en el futuro como profesora. Pocas horas después de haberse quitado los guantes de combate tuvo que tomar un vuelo a Rumanía, donde se encuentra de Erasmus completando sus estudios de tercero de ESO. Sin embargo, la distancia tampoco consigue que borre de su mente este deporte. «El hijo de la familia en la que estoy quiere practicar boxeo, pero la madre no le deja. He hablado con ella y he conseguido convencerla», celebra feliz tras añadir un nuevo miembro a la familia.

Club Kickboxing Kumite, una gran familia

55 personas conforman la familia del Club Kickboxing Kumite. Y no deja de sumar nuevos miembros. ¿Por qué se podría definir como familia? Los padres entrenan con los hijos, los escasos 15 euros que pagan de cuota se destinan íntegramente a la ropa y protectores -el juego completo supera los 200 euros- que después vestirán y porque no entiende de edades; a partir de los 6 y sin límite. «El socio más veterano tiene 46 años», comenta Josu Rodríguez, entrenador en el club junto a David González y Daniel Fernández. El club de Castro-Urdiales nació en 2010 con una docena de deportistas. Todas ellas, mujeres. Sin embargo, el campeonato no surgió hasta el 2014, cuando la hija de Rodríguez dio forma al Open Castro-Urdiales. «En una pelea, ¿qué deporte ganaría?¿El kárate, el taekwondo o el kick-boxing?», preguntó ella. Para la siguiente edición, en cambio, tuvieron que decantarse por uno solo, y el elegido fue el kick-boxing. «Alrededor de 800 personas vienen a Castro-Urdiales gracias al campeonato», celebra Rodríguez. «Es algo épico», que han logrado gracias a un duro esfuerzo.