El camino de espinas de las pioneras del fútbol brasileño

Sissi formó parte del primer equipo femenino de futbolistas que representó a Brasil. /FIFA
Sissi formó parte del primer equipo femenino de futbolistas que representó a Brasil. / FIFA

Varias integrantes de la primera 'canarinha' recuerdan como a finales de los 80 las mujeres no tenían espacio en este deporte en su país, barreras y prejuicios que fueron poco a poco derribando gracias a su garra y «amor por la camiseta»

CARLOS A. MORENO

Discriminación, prohibiciones y falta total de apoyo. Esto y mucho más fue lo que sufrieron las futbolistas que integraron la primera selección femenina de Brasil, que compensaron todos estos impedimentos con garra y amor a la camiseta. «Al comienzo era muy difícil. Para llegar a donde llegamos tuvimos que enfrentarnos a prejuicios y hasta a nuestros padres, que no querían que las mujeres jugasen al fútbol", recuerda la zaguera Marisa Pires Noguera, quien fuera la primera capitana de la 'canarinha'.

La exzaguera de 52 años explicó que, en su inicio, las futbolistas brasileñas no recibían salario sino un pequeño subsidio para ayudarlas con algunos gastos. «Nuestros padres sacaban de su propio dinero para pagar el pasaje de ida, pero no había dinero para el de regreso», afirma. «En la época había mucho prejuicio. La mujer no tenía espacio dentro del fútbol. Le era siempre negado todo, siempre prohibido. Conseguimos, con nuestro amor por el fútbol, poco a poco, abrir hueco para nuestra modalidad", dijo por su parte Rosilane Camargo Motta, más conocida como 'Fanta', quien integró la primera selección convocada por Brasil en 1988.

Según la exvolante de 52 años, en la época las mujeres no podían ir al estadio, no podían jugar junto con los hombres y era mal visto que patearan un balón. «Hoy no hay tanto (prejuicio) como antes, pero aún existe. Hay muchos hombres que no consiguen aceptar que hay mujeres que juegan mejor", agrega 'Fanta'.

El fútbol femenino fue prohibido en Brasil en 1941 por un decreto del entonces presidente, Getulio Vargas, que vetó a las mujeres «la práctica de deportes incompatibles con la naturaleza femenina». El decreto sólo fue revocado en 1979 y poco después algunos clubes en Río de Janeiro y Sao Paulo comenzaron a montar equipos femeninos para torneos aficionados, entre ellos el Radar, uno de los más exitosos de la época, que comenzó a sumar títulos en 1982 y que, con Marisa y 'Fanta', fue convocado en 1988 para representar a Brasil como selección en un torneo experimental en China. Allí también estuvo Sisleide Amor Lima, Sissi, quien ganó años después la Bota de Oro en el Mundial de 1999 tras lograr marcar siete goles.

La 'canarinha' femenina, en la que hoy brilla una Marta elegida seis veces como mejor del mundo, debutó el 1 de junio de 1988 con una derrota por la mínima frente a Australia, pero consiguió revertir ese resultado y regresar con una medalla de bronce. «Comencé a jugar en una época en que teníamos muchas dificultades y no teníamos el sueño de ser jugadoras de fútbol. Jugábamos por placer y mucho amor", declara Leda María, quien integró la selección que disputó el Mundial de Suecia 1995, acudiendo un año más tarde a Atlanta a las primeras Olimpiadas. «Tan sólo después de la primera participación de Brasil en los Juegos conseguimos vivir del fútbol. Tuvimos un campeonato más organizado en 1997 y a partir de ahí las cosas comenzaron a mejorar y la nueva generación a vivir de fútbol", agregó la hoy comentarista de televisión.

Gran apoyo de la hinchada

Pese a las dificultades que afrontaron, las pioneras aseguran que en los comienzos los partidos de fútbol femenino atraían más espectadores. «No entiendo por qué en esa época todos los clubes tenían fútbol femenino, no sólo los grandes, y tenía apoyo dentro de los estadios. Aunque había prejuicio, había un apoyo grande de la hinchada para el fútbol femenino, pero era diferente. Hoy en día el fútbol femenino tiene estructura pero no se ve tanta gente apoyándolo en los estadio", constató 'Fanta'.

Leda María destaca que actualmente las jugadoras siguen sufriendo en su país el machismo, pero hay cosas que por suerte sí han cambiado. «Ahora son profesionales, tienen contratos y cuentan con una estructura muy superior. Antes había mucha dificultad pero teníamos mucho amor y mucha raza". Para ellas, "la diversión era estar allá, representar a Brasil, sin valor financiero ninguno, pero dejando el fútbol femenino en evidencia, algo que no vemos en las nuevas generaciones".