Lucía García: «Con 14 años me levantaba a las seis para ir al cole y entrenar y volvía a medianoche a casa»

Lucía García: «Con 14 años me levantaba a las seis para ir al cole y entrenar y volvía a medianoche a casa»

La artillera rojiblanca repasa sus orígenes, el cambio que supuso venir a Bilbao, evoca el Mundial y se quita importancia: «No soy nadie»

Juanma Mallo
JUANMA MALLO

Lucía García (Barakaldo, 21 años) se crió en un pequeño pueblo de Asturias, Pola del Pino, apenas un centenar de habitantes, a 52 kilómetros al sureste de Oviedo. Se enamoró del balón desde niña y fue autodidacta -«jugaba contra la pared»- hasta que con 14 años un profesor le dijo que hiciera una prueba con el Oviedo Moderno y... ahora es la única futbolista del Athletic que disputó el Mundial de Francia. El camino fue duro. Primero en Asturias: «Con 14 años, salía de casa a las seis, cogía un bus, iba a clases, luego clases particulares, cogía un tren, entrenaba y hasta las doce de la noche no volvía a casa», cuenta esta futbolista que detesta que los focos la señalen. «Lo que menos me gusta es que me digan 'qué buena eres'», confiesa la gran referencia ofensiva rojiblanca en un curso que hoy arranca ante el Levante (12.00 horas). Por cierto, también le «costó» abandonar a su gente con apenas 18 años, para venir a Bilbao.

- ¿Cómo afronta Lucía la nueva temporada?

- Bien. Acabamos el Mundial el 24 de junio, vine, estuve de vacaciones y luego me reincorporé.

- Volvió antes de tiempo.

- A la vez que el equipo. Hay nuevo técnico, quería estar con el equipo. Tuve mis vacaciones, casi 20 días, y el resto del equipo solo tuvieron 10-15 días más. No es una diferencia muy grande.

- ¿Qué supuso el Mundial? Era la más joven de la selección.

- Sí, éramos tres del mismo año, pero yo era la que había nacido más tarde. Me lo pasé bien. Te das cuenta de que hay un nivel brutal, y que esto va para arriba. Se nota muchísimo la evolución del fútbol femenino, y que no hay quien lo pare.

- ¿Imaginó alguna vez, cuando jugaba de pequeña en el pueblo, que llegaría a un Mundial?

- Antes del Mundial, me hicisteis una entrevista y dije que mi sueño era ése, ir al Mundial. Se cumplió.

- Vivía en un pueblo pequeño, ¿fue difícil empezar en el fútbol?

- De pequeña hacía tenis, y empecé a jugar en un equipo, el Oviedo Moderno, con 14 años. Vivía a una hora y pico en coche de Oviedo. Nadie me dijo que no lo hiciera. Nunca tuve ningún problema para jugar al fútbol. Desde los dos años, practicaba yo sola, contra la pared, daba con el balón contra todo. Es que no había ni equipo en mi pueblo. Es muy pequeño. No hay nada.

- ¿Y cómo llega al Oviedo Moderno?

- Hice unas pruebas porque un profesor me lo dijo. Estaba en primero de la ESO. Me lo comentó un miércoles, fui el jueves... Y empecé en el infantil, pasé al equipo C y debuté en el A con quince años.

- Corrió mucho. ¿Siente que va todo muy rápido?

- Puede ser. Pero tampoco me paro a pensarlo, y tampoco lo decido yo. Es cierto que va bastante rápido todo, pero que no se pare.

- ¿Nota que se ha perdido algo, echa algo de menos?

- La gente de mi edad, de 21 años, va de fiesta. Pero no soy una chica a la que le guste la fiesta. Ésta es mi vida, es lo que he elegido y lo que me gusta.

- ¿Y cuándo vuelve a casa, es Lucía, la de siempre, o Lucía, la futbolista?

- No soy nadie. Soy una más.

- No lo digo por usted, sino por cómo le trata el resto.

- Me tratan como siempre. Sin más. Soy una más del pueblo. Y no me gusta que me alaben.

- Es la chica de cuatro hermanos, ¿qué le decían ellos?

- Ellos no hacían deporte, ni les gustaba. Y yo, desde los dos años o tres, estaba haciendo deporte. Igual nadaban conmigo, pero nada. Yo en el cole siempre estaba con no sé cuántos chicos, y nunca me dijeron nada.

- ¿Era la mejor?

- Sí. La verdad es que sí.

- ¿Era difícil, por cierto, el día a día en casa con cuatro niños?

- No es nada fácil. A partir de los 14 años, yo salía de casa con mi hermano. A las seis nos despertábamos, y hasta las doce no volvía. Salía de casa a las seis, media hora de bus, llegaba al colegio en Moreda. Desde las ocho, en clase. Acababa a las dos, iba a clases particulares dos horas. Cogía un tren, iba a entrenar, siete a nueve, a las diez y cuarto cogía el bus, y dos horas más tarde llegaba a casa, sobre las 23.45 horas.

Lezama, «un mundo aparte»

- Vino a Bilbao en 2016, después del último título de la Liga Iberdrola. ¿Le costó dar ese paso? Justo había cumplido los 18.

- Me costó dejar a mi familia, a mis hermanos, a mis amigos... Al principio, venían cada poco. ¡Y ya no vienen! Dejas todo, una vida de una chica de 18 años. ¡Es un cambio, te vas solo!

- Y pasa de un pueblo de 100 habitantes a...

- ¡A una ciudad! Que yo no sabía nada. ¡Qué sé yo! Me costó.

- ¿Dónde empezó a vivir?

- Estaba en la residencia del Athletic. Allí residí dos años. Me fui a un piso un año, y ahora estoy otra vez en la residencia. Es muchísimo más cómodo.

- ¿Quién la acogió en el vestuario?

- Me llevo bien con todas las compañeras del equipo, tengo esa suerte. Y las que me han echado una mano son Vannesa Gimbert, Erika Vázquez, María Cirauqui.... Y también Damaris.

- ¿Se planteó en algún momento volver a Asturias?

- No. Porque allí el fútbol no está al nivel que aquí.

- ¿Pero tuvo morriña?

- En cuanto tengo un día y medio o dos me voy para casa.

- ¿Y qué le pareció Lezama cuando lo pisó por primera vez?

- Un mundo aparte. Todo. Cuando estaba en el Oviedo de Primera entrenaba con cinco conos, en medio campo, una portería que encima estaba pocha. ¡Y ya! Y con unos balones malos. Llegas aquí, con fisioterapeutas, te hacen ecografías...

- ¿Qué le cuentan sus compañeras más veteranas de cuando empezaron? Se ha encontrado con un fútbol bastante avanzado.

- Que todo está muy avanzado, que es un boom, y que tenemos que montarnos en esta ola. Y nos cuentan unas historias... ¡Alucinas!

- ¿Y cuándo se veía en el Mundial delante de Alemania, de Rapinoe, de Morgan...?

- Era un sueño. Aunque también es verdad que me quedé con ganas de más. Fue un buen Mundial, pero raro.

- ¿Por qué lo dice?

- Porque nosotras jugábamos bien, pero nos quedábamos ahí. Era 'uy', pero no.

- ¿Y cómo se asumen esos halagos...?

- A mí no me gusta eso. Cero.

- ¿Le llegaban a Francia?

- Sí. Pero es lo que menos me gusta. Que me digan, 'qué buena eres'. Cero. Como que me siento mal. No soy nadie, soy una más. Una chica normal.

- ¿Es consciente de que su nombre está en la agenda de grandes equipos de Europa?

- Sinceramente, no. Y tampoco lo pienso. No, no lo pienso.

- ¿Se ve mucho tiempo en el Athletic entonces?

- Sí. La verdad es que sí.

- Ahora notará que la reconocen en la calle.

- Claro. Y no me gusta. Después del Mundial, más. Sí que me pasa más, y no me gusta mucho. Pero lo entiendo y lo respeto.

- Es tímida fuera, pero no en el campo.

- Sí. No sé de dónde me viene ese carácter.