Copa de la Reina

Ellas también llenan estadios

Las jugadoras del Athletic festejan su primera liga en San Mamés tras derrotar al Hispalis el 27 de abril de 2003./
Las jugadoras del Athletic festejan su primera liga en San Mamés tras derrotar al Hispalis el 27 de abril de 2003.

Los 35.000 aficionados que en 2003 celebraron en San Mamés la primera liga de las leonas dieron carpetazo a décadas de vetos al fútbol femenino

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

El Athletic femenino no solo aspira a lograr una victoria este miércoles ante el Atlético, sino una gran entrada en San Mamés. Un éxito de público que recuerde al que las rojiblancas obtuvieron hace algo más de tres lustros, el 27 de abril de 2003, cuando se alzaron con su primera liga al derrotar 5-0 al Hispalis en la vieja Catedral. Unos 35.000 espectadores presenciaron aquella gesta, todo un récord de asistencia al fútbol femenino en España que hasta este martes no había sido superado. El ambiente era propicio, no en vano las jugadoras del Athletic habían reunido un mes antes a casi 25.000 aficionados en el mismo escenario para recibir al Puebla (5-1). La expectación decayó luego, aunque con repuntes ocasionales en San Mamés, como el de mayo de 2013, cuando 26.000 personas volvieron a reunirse en el estadio del Athletic para un choque con el Barça. Pero esta vez las culés amargaron la fiesta al imponerse 1-2.

En 2019 asistimos, por tanto, a una vieja historia. Las leonas, que habitualmente compiten en Lezama ante varios cientos de seguidores, paladearán su partido número 13 en la Catedral, a lo que hay que añadir el paseo triunfal por Bilbao por el título liguero de 2003 y el recibimiento de la ciudad por el de 2016. Si algo certifican esas efemérides es el ascenso del fútbol femenino, un proceso paulatino ahora acelerado por la Copa del Mundo de Francia que se disputará de junio a julio próximos. Ese torneo, así como la Liga Iberdrola y la Copa de la Reina, señalan por dónde va el fútbol, aunque echando la vista atrás también se puede apreciar que lo que van a experimentar las rojiblancas en San Mamés es una sensación bastante antigua. Porque el balompié femenino fue un espectáculo de masas en el pasado, y si no llegó a cuajar fue porque el público no se mantuvo siempre fiel, pero también por los prejuicios y la reticencia de las federaciones.

El aforo de la Catedral

Lo demuestran los casi cien años que separan el partido ante el Atlético en la Catedral de otro duelo futbolístico con rango de leyenda, aunque no se lo mencione demasiado en los relatos del balompié, eminentemente masculinos. Es el partido entre las jugadoras del The Dick, Kerr's Ladies y las del Saint Helens Ladies en el estadio Goodison Park de Liverpool. La fecha escogida fue el 'Boxing Day', 26 de diciembre, de 1920, día estelar de la actual Premier League inglesa, y las gradas se llenaron con 53.000 personas, aforo similar al de San Mamés.

Aquellas pioneras empezaron a jugar al fútbol durante la I Guerra Mundial, y al terminar de la contienda alcanzaron un enorme poder de convocatoria. Atraían a más del doble de aficionados que -por poner un ejemplo reciente- los que acudieron la semana pasada al España-Estados Unidos en el estadio Rico Pérez de Alicante (0-1). Poco más de 9.000 espectadores que, a día de hoy, son la mejor entrada en una cita de la selección absoluta, aunque por debajo de la afluencia que otros encuentros similares registraban hace un siglo, cuando 12.000 personas fueron a ver un Francia-Inglaterra femenino en el estadio Pershing de París en 1920.

¿Por qué no perduró el fenómeno? El motivo fueron las prohibiciones deportivas, una realidad a la que las mujeres se han enfrentado desde el inicio del fútbol profesional. Ya en diciembre de 1921, la Football Association (FA), entidad que hoy organiza la Premier, ordenó a sus clubes que no alquilaran los estadios a equipos femeninos, y ese veto perduró hasta 1971. La orden de la FA coincidió con la divulgación de estudios como el de la médico Mary Scharlieb, que sostenía que jugar al balón no es compatible con «la estructura de una mujer».

A raíz de los vetos, las competiciones femeninas perdieron audiencia y languidecieron no solo en las islas británicas, sino en Francia. Tuvo que pasar medio siglo hasta que en 1970, un año antes de que la FA levantara su prohibición en Inglaterra, se organizara en Italia una 'Coppa del Mondo' femenina oficiosa, detrás de la cual estaba el grupo empresarial Martini Rossi. Unas 40.000 personas presenciaron la final Italia-Dinamarca (3-0) en el estadio Comunale de Milan. Ya era una cifra importante, pero que fue ampliamente superada en la edición de 1971, cuando 110.000 aficionados llenaron el estadio Azteca de México para ver la final entre su selección y la de Dinamarca (3-0).

Selección mexicana en la final de 1971.
Selección mexicana en la final de 1971. / E. C.

El impacto de esa competición no oficial sembró la alarma en la FIFA, cuyos dirigentes forzaron la desaparición del torneo. Hubo otros intentos de crear competiciones importantes, pero el fútbol femenino, impulsado en los países escandinavos y Estados Unidos, no despertó una atención mediática relevante hasta la primera Copa del Mundo oficial en 1991 en China. Este torneo dio el gran salto en 1999, cuando se celebró en Estados Unidos, y la gran final entre las locales y China (0-0, victoria de las primeras a penaltis) congregó en el Rose Bowl de Pasadena (California) a 90.000 personas, con una asistencia media a los partidos de 37.000 aficionados. Más o menos lo que el Athletic logró en San Mamés ante el Hispalis en 2003. Un listón que este miércoles puede caer, cuando las autoridades deportivas no ejercen vetos, sino todo lo contrario.

EE UU ganó el Mundial en el Rose Bowl en 1999.
EE UU ganó el Mundial en el Rose Bowl en 1999.
 

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