Un inquietante récord

Eunate se acerca a la afición para agradecer su apoyo. /Fernando Gómez
Eunate se acerca a la afición para agradecer su apoyo. / Fernando Gómez
JON URIARTE

Imaginen que están a 400 kilómetros de Bilbao, son las 18:30 y en la web de EL CORREO aparecen imágenes del metro y alrededores de San Mamés. No cabe un alfiler. Son cuartos de final y se va a llenar el campo. Nada raro. O sí. Basta con ver otros estadios para comprobar que, a esa hora, se veía menos público. Y había algo más. Quienes iban a saltar al césped eran futbolistas. En femenino. Lo que viene siendo mujeres. Un club plural, de filosofía singular, demostraba, una vez más, que en algunas cosas damos ejemplo. En otras no. Pero en ciertos temas, el Athletic Club era, es y será diferente. Por ejemplo, fue el primero de la Liga en quitar las vallas. Nos dijeron que era una locura, pese a que ya se hacía en Inglaterra, y demostramos que se podía. También hemos sido conejillos de indias a la hora de sufrir partidos en horarios y días incómodos. Otro sábado hablaremos de ello. Les cuento todo esto porque lo del miércoles hay que entenderlo. No hagamos demagogia. Fue solo un gesto. Pero demostramos que nada es imposible. Incluido que 48.121 almas acudan a ver un partido de fútbol femenino. Récord europeo, ojo. Y segundo a nivel mundial. Lo malo es que hay otro récord.

No habían pasado doce horas cuando tuve que decir un par de cosas a tres contertulios de radio, uno era mujer, que habían despreciado el éxito de la cita. Que fue gratis, que casi todos eran niños, que se trataba de una excepción. Fantástico. Tanto proclamar que debemos hacer algo por la igualdad y lo primero que sueltan es eso. Por eso les recriminé que no supieran, ni les interesase, que el femenino ya había llenado La Catedral en otras ocasiones. Pasando por caja, además. Y añadí que no sacamos mucho pecho. Solo era un paso, que se sumaba a otros pasos. Proclamar que se llenaría siempre sería una torpeza. Vayan a Lezama y vean cualquier partido. Y eso que hay más público que en otros campos. Pero eso no impide que lo del otro día fuera digno de aplauso. Aunque, lo que pasó después, genera esta batería de preguntas.

- ¿Toda la gente que reivindica que el femenino juegue siempre en San Mamés irían a ver los partidos?

- ¿Pagarían por ello? ¿Cuánto?

- ¿Y ellas en concreto? Porque una cosa es el sexo que tenga una persona y otra que seas aficionada. En San Mamés hay cada vez más mujeres viendo partidos, pero que salga una señora por la tele exigiendo que se juegue siempre allí y luego te diga que ni ha ido, ni va a ir... hace que el argumento se desvanezca.

- Que haya servido para hablar de la igualdad en ikastolas y colegios, en bares y en el trabajo, en la calle y en casa, en Bilbao y fuera de él... ¿no es en sí mismo un éxito?

- ¿Que leas comentarios a la noticia y descubras que alguno no ha salido de la cueva y que, ¡ugh!, el troglodita puede ser tu vecino, no subraya la importancia del acto?

- ¿Que el fútbol femenino y las que hacen deporte en inferioridad de condiciones se emocionaran al ver las gradas de San Mamés llenas, no lo justifica?

- ¿En cuántos lugares, por mucho que regalen la entrada, sales con tu familia a la calle con ciclogénesis, viento y lluvia, y en día de labor? Porque ir a misa es gratis y no veo hordas haciendo cola.

- ¿Por qué hay tanto hombre feminista que reclama con vehemencia mismo sueldo y trato para las jugadoras y en casa son más machistas que una estrofa de Maluma?

- Si tan fácil era montarlo, poner precios populares (se vendieron entradas en taquilla) o regalar pases... ¿por qué no lo hicieron otros antes?

- ¿Por qué hay clubes que compiten en diferentes disciplinas, pero carecen de equipo femenino en cualquiera de ellas y desprecian a los clubes que sí los tienen?

- ¿Por qué hay quien pide que se juegue y luego se queja de cómo ha salido o de los pormenores que no le han gustado, pero no aporta una sola idea?

- ¿Por qué hay feministas que, en lugar de entenderlo como un gesto positivo más, lo minimizan y desprecian?

- ¿Por qué se piden entradas gratis para que los niños asistan a los partidos de hombres y se critica que se haga lo mismo con uno de mujeres?

- ¿Por qué lo que pasó el miércoles en San Mamés es noticia mundial, de EE UU a Japón, de Islandia hasta la Patagonia, si «no es para tanto»?

- Y sobre todo, ¿por qué hay gente que ante una buena noticia busca cualquier excusa para despreciar lo positivo y subrayar lo negativo?

Da igual lo que hagas. Siempre habrá alguien que lo critique con saña o desprecio. No hablo de los detalles, sino del acto en sí. Y no son cuatro. Eso es lo preocupante. El otro récord. El de amargados y amargadas, sibilinos y sibilinas, envidiosos y envidiosas. Y sobre todo, la gente ceniza incapaz de entender que toda revolución nació de un gesto que dio lugar a otros, que se convirtieron en pilares de un cambio. Ya verán como alguno lo intentará imitar. Y eso es bueno. Por eso, lo de San Mamés, no fue un final. Sino un comienzo cargado de principios. Así de simple. Esas 48.121 personas, las que se quedaron fuera sin poder entrar y quienes lo vimos orgullosos y emocionados por la tele jamás olvidaremos aquel 30 de enero de 2019. El día que San Mamés vivió un simple, multitudinario y hermoso gesto.