Ciclismo

Un cable para el ciclismo femenino

Sonrisas bajo la lluvia. Las integrantes del equipo Sopela inician el entrenamiento desde Fadura./PEDRO URRESTI
Sonrisas bajo la lluvia. Las integrantes del equipo Sopela inician el entrenamiento desde Fadura. / PEDRO URRESTI

Patrocinado por la empresa que establece la conexión submarina entre Europa y EE UU, el equipo Sopela crece hacia la élite a base de juventud y empeño

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

El viento, la lluvia y el frío se han organizado para estropear a conciencia la mañana. Por la puerta del Centro de Tecnificación de Fadura (Getxo) asoma un adolescente japonés. Su equipo ha dormido en el edificio. Lleva un chubasquero. Mira el cielo y achina aún más la mirada. No está el tiempo pasa salir. Mientras se gira y se pone a cobijo se cruza con las ciclistas del equipo Sopela Women's Team. Visten ropa anfibia. Listas para el agua, para bucear durante tres horas. Es lo que toca. Haga bueno o no. «Así nos preparamos para las carreras del norte», argumentan. Saben que van a regresar del entrenamiento hechas un trapo. Pero no pueden desperdiciar el día. Tres son vizcaínas; las demás vienen de Cataluña, Valencia, Mallorca y hasta de Sudáfrica. Necesitan entrenarse juntas, ensayar los relevos. Que llueva lo que quiera. Francisco Pla, su director y antiguo campeón de España de ciclocross, les da el itinerario: 75 kilómetros. Sin rechistar, arrancan. Para todas, ser ciclista es un sueño. Y en los sueños no te mojas.

«Para dedicarse a esto tienen que estar muy convencidas», apunta Ángel Vivar, el otro director de la escuadra vizcaína que esta temporada participará en la Bira, el Lotto Tour de Bélgica y la clásica de Plouay, y que está preseleccionada para la Flecha Valona y la Lieja-Bastogne-Lieja. El Sopela corre en la élite. Pero sus ciclistas no pueden ser solo ciclistas. En España, sólo las integrantes del Movistar -equipo creado en 2018- viven de las bicicletas. La evolución del deporte femenino mide el desarrollo del deporte en general de un país. Y queda ruta por recorrer. Aunque, vista la determinación de las mujeres del Sopela, no hay quien pare esta marea.

Basta un ejemplo: Sara Martín. Cumple 20 años. Es subcampeona de España sub'23. Y es de Aranda de Duero. Tiene algo de pionera. «Cuando yo empecé a correr era la única niña. Bueno, a veces venía otra desde Miranda. Competía contra niños. Y se picaban si les ganaba», recuerda. Ahora estudia Ciencias Químicas en Valladolid. Segundo curso. Vive en una residencia. Ha tenido que crecer enseguida. Su horario es despiadado. Lo relata con una sonrisa en una de las salas del centro deportivo de Fadura: «Me levanto a las seis. Como algo. Me subo al rodillo porque es de noche y no se puede andar en bici por la calle. Ruedo una hora. Desayuno y a las nueve entro a clase. Hasta la una. Cuando tengo prácticas son por la tarde. Hasta las nueve de la noche. Vuelvo a la residencia, hago los informes pendientes y, a las doce, a dormir».

Los estudios, lo primero

Por eso, no puede desaprovechar un fin de semana concentrada con el equipo en Fadura. Es un privilegio. Llueva lo que llueva. A pedalear contra la borrasca. «Es todo cuestión de organizarse bien y de hacer muchos sacrificios», resume. Su voz, que aún no se ha despegado del todo de la infancia, contrasta con el discurso, maduro. Firme. «No nos podemos permitir el lujo de aplazar los estudios. Tener una carrera universitaria es lo primero. Es lo que nos va a dar de comer». Del ciclismo sólo viven las componentes del Movistar y las que han encontrado hueco en escuadras extranjeras. Unas pocas elegidas. «A eso es a lo que aspiro, a tener todo el día libre para dedicarme al deporte. Las chicas del Movistar me sirven de modelo. Ellas pasaron por esto, estudiaron, sacaron sus títulos y ahora les ha llegado el premio con la creación de ese equipo. Son la referencia», dice.

La plantilla

Ciclistas
Andere Basterra, Iurani Blanco, Julia Casas, Isabel Ferreres, Amaia Malatsetxebarria, Sara Martín, María Martins, Alexandra Moreno, Mireia Muñoz, Ariadna Nevado, Elné Owen, Sofía Rodríguez, Ariadna y Mireia Trías.

«Me gusta el ciclismo de pelea. No me va ir cómoda en el pelotón». Está hecha a las incomodidades. Como su compañera sudafricana, Elné Owen, que envío su currículo al equipo vía email. «Vimos que tenía un buen nivel y le hemos hecho hueco», cuenta Ángel Vivar. «Sólo le pedimos una cosa, que viniera a vivir a España». Lo ha hecho. Elné Owen y su novio, también ciclista, metieron sus vidas en la maleta y viajaron a Europa para pelear por su sueño deportivo. Espíritu aventurero. A Owen le ha echado un cable el equipo Sopela.

La escuadra vizcaína sabe de cables. Además del apoyo del Ayuntamiento de la localidad y de la Diputación de Bizkaia, cuenta con el patrocinio de Telxius, empresa filial de Telefónica que se encarga de unir con una cable de fibra óptica para internet el sur de Europa, desde Sopela, con Estados Unidos. Por ese hilo submarino de 6.600 kilómetros viajará el futuro digital. También hay cambio de era en el ciclismo, que empieza a pedalear con fuerza en femenino gracias a un grupo creciente de mujeres determinadas.