La nueva ola femenina de la Bilbao-Bilbao

Ainhize, Pilar, Idoia, Amagoia y Lidia se toman un respiro en el puente de Plentzia, uno de los puntos del recorrido de la Bilbao-Bilbao./l. g.
Ainhize, Pilar, Idoia, Amagoia y Lidia se toman un respiro en el puente de Plentzia, uno de los puntos del recorrido de la Bilbao-Bilbao. / l. g.

El número de mujeres cicloturistas crece a toda velocidad, como demuestran las últimas ediciones de la clásica

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Los años que unieron el final del siglo XIX con el inicio del XX escucharon una frase cada vez más repetida: «La primera mujer que...». En el libro 'Reinas de la carretera', la escritora Pilar Tejera recoge las historias de aquellas pioneras. La primera mujer que dio la vuelta al mundo en bicicleta. O en moto. O en coche. Eran tiempos de lucha por el sufragio universal. La bicicleta, en femenino, iba más allá de aquel deporte llamado ciclismo que empezaba a acaparar la atención. Que una mujer se pusiera pantalones bombacho para pedalear en la vía pública causaba escándalo. Siempre cuesta arriba, las deportistas han ido ganando terreno; también en el cicloturismo. Hay una nueva ola en las carreteras. Sobre ella surfea un pelotón creciente de mujeres. Con motivo de la celebración el 24 de marzo de la Clásica Cicloturista Bilbao-Bilbao, EL CORREO ha acompañado a un grupo de mujeres enganchadas a este viejo deporte que, para la mayoría de ellas, es nuevo. Ruta de un descubrimiento.

Han quedado para completar un tramo de la Bilbao-Bilbao. No hay tiempo para más. Jornada laboral. La cita es en Larrabasterra, en la tienda Uribike, la de 'Charly', que va a acompañarlas por los repechos de Barrika y las cuestas de Andraka y Unbe. Las cinco cicloturistas posan antes de partir. «Mira, somos 'Los Ángeles de Charly'», bromean en referencia a la serie televisiva. Buen ambiente. Una sonrisa por pedalada. El ciclismo, defienden todas, es para disfrutar. Y se nota enseguida. Ya en ruta, Idoia Estrella, de 42 años y de Erandio, anima el ritmo con un chiste: «¿Cómo se llama la madre del topo?». Silencio y risa contenida que estalla con la respuesta: «Topotamadre». Hay aliento para rodar y para la carcajada.

Idoia es un buen ejemplo del auge del cicloturismo femenino, en el que lleva apenas tres años. Antes iba al gimnasio. Le dio por el spinning (bicicleta estática). Y allí, bajo techo, vio las etapas de la Vuelta a España. Ciclismo al aire libre. Un compañero de fatigas en la sala le retó a probar. ¿Por qué no? «Me daba miedo la carretera, el tráfico». Eso no fue un freno. Pidió una bicicleta prestada y buscó un coto libre de coches: el bidegorri de Getxo. «Dejaba el coche en el Puerto Deportivo y cogía la bicicleta. Sin salir del carril-bici. Así estuve un año», recuerda. Recluida. Hasta que la rescataron los cicloturistas del club Punta Galea. Se cruzó con ellos y se unió al grupo. «Ellos me dieron la vida. Yo no sabía ir más allá de Maruri». Se le abrió otro mundo, casi infinito.

El ciclismo es hoy uno de los ejes de su vida. «En el trabajo pedí turno de tarde para tener las mañanas libres». Así aprovecha las horas de sol. A su marido le gusta el buceo. Se reparten el fin de semana. Ella se queda con los niños el sábado y él, el domingo. «En 2018 hice 13.000 kilómetros», presume apenas tres años después de su primera pedalada. Como Idoia, Lidia Garrido, de Delémont (Suiza) y 51 años, lleva también tres temporadas de cicloturista. Ya ha subido puertos como La Sía, Lunada y Piedrasluengas. Nunca es tarde. Su lema vale para todas: «Esto es para disfrutar. Haces deporte, sales a la calle, ves sitios nuevos, charlas, paras para tomar un café...». Un plan inmejorable. Ocio a pedales.

«Cuando empecé y por el miedo al tráfico, estuve un año sin salir del bidegorri entre Getxo y Sopelana»

Lunada y el Galibier

El año pasado completó la Bilbao-Bilbao. Le gustó. Se ha acostumbrado a moverse en esa marea de bicicletas tras sumergirse en pruebas como la Transbizkaia y la Clásica Fernando Astorqui. Siempre sin prisa. «Aquí sufrir no es obligatorio». Al fondo del grupo, mientras todas suben el repecho de Butrón a Urduliz, suena otro chiste: «¿Por qué las focas miran siempre al techo?». Espera cómplice. «Porque arriba está el foco». Otra oleada de risas. Lo ha contado Pilar de Francisco, de Barrika y de 45 años. Es la más veterana como ciclista. «Llevo pedaleando desde siempre. «Y sí, se nota que cada vez hay más chicas en la carretera». Ha participado cuatro veces en la Bilbao-Bilbao, conoce la Quebrantahuesos... «Mi meta es ver sitios en bici. Cogemos la caravana y vamos a los Alpes. Y allí hacemos turismo. ¿Un puerto? El Galibier», elige.

Amagoia Legarra, de Sopela y de 35 años, no conoce aún la Bilbao-Bilbao. Tiene planta de deportista, pero lleva poco como ciclista. «He practicado fútbol, raid de aventura, bicicleta de montaña...». Como a la gran mayoría, le condicionaba el miedo a la carretera. Se lo ha quitado de encima. «Suelo salir sola. Tengo las mañanas libres y para andar en bici es una ventaja ir al revés del mundo, ja, ja». Menos tiempo para el ocio tiene Ainhize Rodríguez, de Leioa y 42 años y con dos negocios en danza. «Empecé con la bici de adolescente, con mi aita, pero con continuidad practico desde hace dos años», cuenta. Se ha unido a la ola femenina del cicloturismo. Es mujer. Sabe hacer más de una cosa a la vez. Dos negocios. Dos deportes. Compite en patinaje de velocidad. «Con los patines -se apunta a las piernas- desarrollo los cuádriceps y con la bicicleta cojo fondo». El recorrido de la ya cercana clásica Bilbao-Bilbao ve pasar al grupo, a esa marea del cicloturismo femenino que crece.

Las participantes

Idoia Estrella.
De Erandio, 42 años. Es cicloturistas desde hace tres años. Y en 2018 sumó 13.000 kilómetros.
Pilar de Francisco.
De Barrika, 45 años. El ciclismo como medio para hacer turismo.
Amagoia Legarra.
De Sopela, 35 años. Fútbol, raid de aventura y ahora ciclismo. Le frenaba el miedo al tráfico. Ya no.
Ainhize Rodríguez.
De Leioa, 41 años. Compagina el cicloturismo con el patinaje de velocidad
Lidia Garrido.
De Delémont (Suiza), 51 años. Lleva tres años en bici y ya ha subido puertos como La Sía y Lunada.