Sheyla Gutiérrez vuelve a pedalear por su sueño

Sheyla, sobre la bici tras recuperarse de su atropello./
Sheyla, sobre la bici tras recuperarse de su atropello.

La ciclista riojana engrasa de nuevo su bicicleta y se enfunda un dorsal, ocho meses después de sufrir un atropello mientras entrenaba

JON ANDER GOITIA

«Fue un sufrimiento, como si todavía no me hubiese levantado de la cama». Son palabras de la ciclista Sheyla Gutiérrez al recordar el atropello que sufrió el 8 de junio del año pasado mientras entrenaba en su Logroño natal. «Al principio pensaba que se trataba de una broma», confiesa sobre un hecho que le truncó una temporada prometedora. «Estaba en un momento muy dulce. Me encontraba con muchas fuerzas», lamenta ocho meses después, tras su 'debut' en la Vuelta a la Comunidad Valenciana. Su vida de repente se convirtió en un Tourmalet y ella montaba una bici con el plato más grande y el piñón más pequeño. Un imposible. Un inalcanzable.

Menos para ella. «Muy cabezona», como se define a sí misma, nunca cejó en el intento y el domingo consiguió terminar de nuevo una carrera ciclista. Puede que de ahí venga su apodo: 'La Leona'. «En el Lointek, mi primer equipo, me empezaron a llamar de esta manera. Luego, en el Cylance Pro Cycling, sin saber ellos nada, también me empezaron a llamar 'The lioness'», desliza la ciclista que ahora milita en el Movistar Team. «Puede que sea por mi garra. Mi persistencia. El no darme nunca por vencida», asegura Gutiérrez tras volver a subirse a la bicicleta. Es por ello, su incansable lucha, por lo que EL CORREO ha querido distinguirla como 'Campeona de la semana'. Cruzar de nuevo la línea de meta, saboreando el éxito de volver a ser ciclista.

Porque, a pesar de que montar en bici sea algo que nunca se olvida, ocho meses de inactividad puede llegar a 'oxidar la cadena' de una deportista. «Cuando te vuelves a subir a una bicicleta después de tanto tiempo, te redescubres. Llegas a pensar, incluso, que se te ha olvidado montar en bici», asegura la riojana. Un simple gesto como subir la cremallera del maillot y pegar el dorsal «después de tanto tiempo» hace que vuelva a correr «la tensión» y «la pasión» por el cuerpo.

El pasado domingo volvió a subirse a una bicicleta y a correr dentro del pelotón después de varios meses de inactividad. «Terminé con muy buenas sensaciones», comenta Gutiérrez. Lo hizo tras enfundarse el maillot del Movistar Team, equipo en el que milita desde septiembre y donde ha vuelto a coincidir con compañeras del pasado. «Es bonito encontrarte de nuevo con tus amigas», desliza.

Familia sobre ruedas

Todo esfuerzo tiene su recompensa. Ocho meses de lucha le han permitido volver a pedalear sobre la bici. A ella se subió por primera vez cuando tenía seis años, puede que empujada por la afición que une a su familia. «Mis tíos tienen una escuela municipal de ciclismo y mi familia es muy aficionada a este deporte», apunta la deportista que ha recogido contenta el testigo.

Además de tomar el relevo, también ha conseguido sumar copas a su vitrina. En concreto, 6 desde que corre de manera profesional: el GP Morbihan de 2015, una etapa en el Giro (2017), la clásica belga Le Samyn (2017), dos rondas por etapas UCI en China en 2018 -el Tour de la Isla de Zhoushan y la Panorama Guizhou Road Race- y el Campeonato de España en línea de 2017 . Para ella todas son «especiales», aunque hay una que venía persiguiendo desde pequeña. «La victoria que más ilusión me hacía era la del Giro», confiesa. Ahora, tras engrasar su bicicleta, ya tiene fijada su próxima meta: «Poder volver a levantar los brazos».

Pedaladas como latidos

Sheyla Gutiérrez no entiende la vida sin su bicicleta. Ocupa, prácticamente, las 24 horas de su día a día. «Entreno entre 6 y 7 días cada semana», comparte la riojana. ¿Y entonces cuándo descansa? «El descanso es más entrenamiento», responde. Son jornadas de 4 o 5 horas sobre la bicicleta. «Hacemos alrededor de 170 kilómetros sobre las dos ruedas», resume sobre las horas en la carretera que llegan a las escalofriantes cifras de «25.000 kilómetros al año». Aunque, para su 'suerte', también hay otras jornadas más 'light', de esas que todo mortal sería incapaz de alcanzar pero que para esta guerrera es un día de descanso. «También hay entrenamientos que son de hora y media». Porque, «el ciclismo es mi vida», celebra. Es lo último que pasa por su cabeza antes de acostarse -incluso la visitará, seguramente, en algún que otro sueño- y es lo primero que hace al abrir los ojos. «Desayuno y ya me pongo el culote. Es automático». «Este deporte saca lo mejor de mí».

 

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