Cuando el ciclismo es mucho más que dar pedales

Ione Basterra manejando su bicicleta adaptada con la que recorre sin miedo las carreteras. /PEDRO URRESTI
Ione Basterra manejando su bicicleta adaptada con la que recorre sin miedo las carreteras. / PEDRO URRESTI

Ione Basterra, la única vasca que practica handbike, y la campeona del mundo Renata Kalusa, se aferraron a la bicicleta adaptada como una «válvula de escape» en sus vidas

Laura González
LAURA GONZÁLEZ

Saben mejor que nadie lo que es saltar obstáculos, hacerse grande ante las adversidades y sobre todo persistir para salir adelante. Unas auténticas campeonas a las que el ciclismo devolvió la libertad de movimiento, mostrándoles que se pueden recorrer todos los caminos, pero de distinta manera, con una satisfacción si cabe mucho mayor. Con una bicicleta adaptada que se propulsa, se dirige y se frena con los brazos, tanto Ione Basterra como Renata Kaluza, dos de las pocas mujeres que practican y compiten en handbike en España, tomaron parte recientemente en la Paracycling Bira, una prueba incluida por la UCI en el calendario de la Copa de Europa, valedera para ascender posiciones en el ranking de cara a los Juegos Paralímpicos de Tokio, y que recorrió parte de las carreteras vizcaínas.

Kaluza y Basterra fueron quienes se hicieron con las dos primeras posiciones. La primera, polaca de nacimiento, reside en Cuenca desde 2014, justo el año en el que se proclamó campeona del mundo. Ahora tiene 38. Hace 12, ejercía como guía de escalada, pero un accidente mientras trepaba una montaña cerca de Nowa Biala, la dejó en silla de ruedas, debido a distintas lesiones sufridas en la médula espinal, paralizándola casi por completo, desde el pecho hasta los pies.

Si el deporte había sido previamente su vida, en lo que más se había volcado, Kaluza siguió apostando por él para salir adelante. «Empecé esquiando pero tengo un problema, que no me gusta el frío», confiesa a este periódico. «Me puse a buscar otra actividad y justo conocí a un chico que construía bicicletas adaptadas. Probé en 2008 -un año después del grave incidente-y me encantó tanto que decidí automáticamente que este era mi deporte, que quería practicar, mejorar y hacer carreras». Todo un flechazo, algo que parecía estar hecho solo para ella. «Antes del accidente no solía hacer mucho ciclismo, alguna vez había cogido la bicicleta, pero estaba centrada en la montaña».

La polaca Renata Kaluza con el maillot de su país y con el premio por ganar la Paracyling Bira.
La polaca Renata Kaluza con el maillot de su país y con el premio por ganar la Paracyling Bira. / PEDRO URRESTI

El idilio de Renata con el handbike fue tal que se tradujo inmediatamente en buenos resultados. Esto la hizo entrar a formar parte del combinado de su país dos años después de esa primera toma de contacto. «Esto me encanta. Es una nueva manera de sentirme libre», afirma. A esto se dedica en cuerpo y alma, con entrenamientos seis días a la semana, aunque también al cuidado de su hijo, de apenas 14 meses. «Todavía es muy pequeño y me necesita mucho». Por él, ha renunciado a ir a la Copa del Mundo que se disputará en Canadá. «Es demasiado lejos y no quiero dejarle mucho tiempo aquí», confiesa, antes de reconocer que el regreso a las pistas tras la maternidad fue «muy duro». «Después de un año sin hacer nada fue complicado, pero poco a poco con el tiempo he ido mejorando».

«Mi sueño sería ganar el oro en los Juegos Paralímpicos de Tokio. A Río fui muy preparada físicamente pero no tanto a nivel psicológico» renata kaluza

Pese a todas las dificultades con las que ha lidiado ya sabe lo que es estar en la prueba más importante para todo deportista con discapacidad: los Juegos Paralímpicos. Fue en Río de Janeiro, en 2016, una experiencia que describe como «estresante pero muy grande». «Me fui un poco decepcionada por no conseguir medalla. Estaba muy preparada físicamente pero no tanto a nivel psicológico. Aún así me encantó poder estar allí. Conoces a un montón de gente de todo el mundo», apunta. Su presencia en Tokio el próximo año aún no está asegurada al 100%, pero ella misma confirma que «hay muchas posibilidades». Y es que en Polonia no hay otra mujer ahora mismo que tenga tantos buenos resultados como ella. «Mi sueño sería ganar allí el oro. Es mi deseo más grande», confiesa.

Ione Basterra y Renata Kaluza, las mejores en handbike en la prueba vizcaína.
Ione Basterra y Renata Kaluza, las mejores en handbike en la prueba vizcaína. / PEDRO URRESTI

En su camino hacia la gran cita su próxima prueba será en septiembre, con la disputa del Campeonato del Mundo. Antes, este mismo julio, viajará a su Polonia natal para ver a la familia y entrenar, «pero sin competir», asegura desde Cuenca, ciudad que le tiene profundamente enamorada. Allí su marido trabaja como anestesista en el hospital. «Nos conocimos en la escalada. Él la sigue practicando. A cinco minutos de casa tenemos la Hoz del Júcar. Es un paraíso para él y para mí, para hacer ciclismo. Nos encanta vivir aquí».

Corredora y profesora

Por cotas aún más modestas entrena a diario la vizcaína Ione Basterra, la única vasca que compite en handbike, quien terminó por detrás de Renata Kaluza en la categoría femenina de la Paracycling Bira. La de Orozko ya sabe seguro que en Tokio no estará y luchará para que se cumpla su sueño dentro de cinco años, pero no es algo que le preocupe en exceso. «Por mi juventud -24 años- todavía tengo tiempo para intentarlo y lo daré todo para conseguirlo, pero sino tengo un plan B». Y es que este año ha descubierto que además del ciclismo también le apasiona ser profesora. Ella ya lo sabía, puesto que ha terminado la carrera de Magisterio (con Educación Especial y Audición y Lenguaje), pero hace apenas unos meses le han dado la oportunidad de dar clase y lo ha confirmado. «Doy refuerzo de euskera en un colegio en Llodio», explica.

Unas sesiones en las que además de conceptos lingüísticos Basterra también aprovecha para inculcar a sus alumnos aspectos como la tenacidad, la lucha y el no decaer. «A mí me ha costado llegar hasta donde he llegado y les digo que si fallan una vez que no pasa nada, se puede volver a intentar, hasta conseguirlo». Y es que ella es todo un ejemplo claro de superación. El mejor espejo en el que mirarse. Su vida no ha sido fácil, pero ella ha tratado siempre de buscar el lado positivo, sin perder la sonrisa. Nació con espina bífida, una malformación en la columna vertebral, y con los pies «totalmente revirados». A base de más de diez operaciones y del uso de algunos aparatos puede andar, aunque no con mucha soltura. Hasta que no descubrió el handbike con 18 años, en una charla de la asociacion Asebi, no llegó a plantar cara a la realidad y a disfrutar de verdad. «Fue una válvula de escape. El deporte a modo de inclusión o de poder normalizar tu discapacidad es un gran aliado. Lo es para darte cuenta de que a pesar de lo que te ocurre se pueden hacer las mismas cosas pero de diferente manera«.

«El deporte es un gran aliado. Te das cuenta de que a pesar de lo que te ocurre se pueden hacer las mismas cosas pero de forma diferente» ione basterra

Ahí comenzó su relación con la Fundación Saiatu, la que ha apostado por ella desde el principio. Antes, al igual que Renata, Ione también intentó probar con otras disciplinas. «Desde pequeña siempre he sido muy competitiva y mi sueño era competir en algo para poder dar el máximo. Mis padres siempre habían esquiado y a mí se me metió en la cabeza. Me enseñaron y yo lo hago, aunque de una forma peculiar. Puedo llegar a hacer un par de bajadas en pista. El tenis también me gusta pero para mis rodillas no era el deporte adecuado. Al final por mi discapacidad realizar depende qué actividad se traducía en una lesión«. Hasta que descubrió la bici adaptada.

Para ella, tanto el deporte como el poder tener una vida laboral «es una forma de salir adelante, de decir que a pesar de todo aquí estoy, llegando a donde he querido«, afirma. El hecho de compaginar estas dos facetas »ha sido gratificante«, pero también confiesa que »muy duro«. »Algunos días hemos tenido que hacer algún cambio en el entrenamiento o dejarlos a medias porque llegaba cansada, pero para el año que viene intentaremos que el volumen de las sesiones sea menor, pero preparándome más días. Esto también me ha hecho aprender a disfrutar más con la bici que en sí a competir. He relativizado todo más que antes«, explica.

La de Orozko compagina sus entrenamientos y pruebas con su trabajo como profesora.
La de Orozko compagina sus entrenamientos y pruebas con su trabajo como profesora. / PEDRO URRESTI

Campeona de España en 2013 en ruta y contrarreloj, lleva en los últimos años siendo una fija en el podio en las citas nacionales. Este año además ha sido tercera y segunda en las dos citas ya disputadas de la Copa de Europa. Este fin de semana acudirá a Alemania a completar la tercera. Sigue siendo la única vasca y la chica más joven que compite en handbike en el estado. «Estoy intentando que se anime alguna mujer más. Dentro de las modalidades del ciclismo adaptado la nuestra es la que más progresión está teniendo en cuanto a participantes pero los hombres todavía son mayoría. En España en un campeonato en la categoría solemos correr entre siete y nueve chicas, aunque empezamos tres».

En cada entrenamiento ella siempre va acompañada por su padre o por su hermano, «para ser más visible». «Yendo sola o llevas una bandera muy alta o es complicado que te vean bien». En plena carrera asegura que le gusta más subir que bajar las pendientes. «Por cuestión de peso bajando pierdo bastante tiempo. Llaneando tengo que trabajar más la fuerza». Ione Basterra en una de las promesas del deporte vizcaíno a las que la Diputación trata de empujar con ayudas económicas. Su sueño a nivel deportivo no es otro que «seguir progresando lo máximo posible», pero no oculta que el ser profesora también colma todos sus deseos. «Quiero seguir trabajando en lo que me gusta y aprender cada día del resto de profesores para poder darle a mis alumnos lo mejor».