Ciclismo

Las ciclistas del Bizkaia enseñan la Bilbao-Bilbao

Nicole d'Agostin y Doris Schweizer, en el Vivero, balcón sobre Bilbao y sus alrededores./MAIKA SALGUERO
Nicole d'Agostin y Doris Schweizer, en el Vivero, balcón sobre Bilbao y sus alrededores. / MAIKA SALGUERO

La italiana D'Agostin y la suiza Schweizer suben con EL CORREO las rampas del Vivero, por donde mañana pasarán miles de cicloturistas

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

«Y aquí, ¿dónde están las carreteras llanas?». Nicole d'Agostin, italiana del Véneto, es ciclista del Bizkaia-Durango BH y, aunque busca el plano, lo suyo es escalar. Acaba de ser segunda tras Eider Merino en la Subida a Gorla. Vive en una casa del equipo en Iurreta y sólo ve montañas. Añora algo horizontal. «Para entrenarme en llano me paso el día en la carretera entre Amorebieta y Durango», protesta. Esa ruta es plana pero está atiborrada de camiones y malos humos. Ha quedado con EL CORREO para recorrer un trozo de la Clásica Cicloturista Bilbao-Bilbao, que mañana, a partir de las 8.00 horas llenará Bizkaia con una marea de bicicletas. Viene a la cita con una compañera de equipo, la suiza Doris Schweizer, de Lucerna y 29 años, doble campeona helvética, de fondo y de contrarreloj. Se detienen en la rotonda de Erletxes. Es día de labor. Y todavía no son las nueve de la mañana. Aún no caldea el sol y el tráfico pesado lo ocupa todo. No es un buen sitio para pedalear. «Vamos a subir el Vivero», ofrece el periodista. «¿Otra subida?», se sorprende D'Agostin. «Vale, pero subimos suave», pide. Piano, piano. En cuanto la carretera gira hacia la cuesta por donde pasará la Bilbao-Bilbao, los coches desaparecen. Visto y no visto. Otro mundo. Las dos sonríen. Paraíso ciclista.

Dice Agurtzane Elorriaga, directora del Bizkaia-Durango BH, que cada vez hay más mujeres pedaleando, pero que faltan empresas que apuesten por el ciclismo femenino. «Se habla mucho de las mujeres y el deporte. Mucha propaganda. Aunque yo no veo hechos», lamenta. «Se nos hace más publicidad. Somos más visibles, pero no hay inversión de empresas privadas» apunta. «Estamos a años luz de Holanda, que es el país puntero, con tres equipos en la élite». En Euskadi, compara, la situación no es mala en la cantera. Hay niñas en bicicleta, «pese al miedo de los padres al tráfico». Otra cosa es vivir del ciclismo como profesión. «Eso sólo pueden hacerlo aquí las ciclistas del Movistar». En el resto de escuadras no hay sueldos. Las chicas viven como profesionales, pero corren por pasión. Al menos, no les cuesta dinero. El equipo pone la infraestructura.

El Bizkaia-Durango BH ofrece, además, un calendario atractivo, con 40 días en carreras de máximo nivel e internacionales. Frente a las mejores. «Para dar el gran salto, el ciclismo femenino necesita que sus competiciones se retransmitan por televisión. Esa es la clave. Nuestras carreras son muy divertidas», propone Elorriaga, que vivió la era de Joane Somarriba y ahora recorre Europa con ciclistas como D'Agostin y Schweizer, tercera en la Subida a Gorla de la pasada semana. La italiana acaba de llegar a la élite. Aunque busca el llano para entrenarse, le espera toda una odisea cuesta arriba si quiere ser una gran corredora. Así sobreviven las mujeres en el ciclismo, a base de empeño. Se lo puede contar Schweiser mientras suben el Vivero, seis kilómetros con una rampa inicial dura y luego un desnivel sostenido y asequible por una de las paredes que observa desde arriba el nido de edificios que forman Bilbao.

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Por la bici dejó la música

La ciclista suiza se anima con alguna frase en español. Es de la bella Lucerna, su idioma es el alemán y su infancia fue la música, la profesión de sus padres. En su casa no hacía falta televisión. Creció sin esa ventana y por eso descubrió el ciclismo de competición durante unas vacaciones en el Tirol. Allí vio la retransmisión de una carrera. Despertó su vocación. Al regresar a casa se subió para siempre a una bicicleta. Insistió tanto que sus padres le permitieron apuntarse en un club. Su primera carrera fue una contrarreloj y la ganó. Valía para aquello. Mejoró pronto. Lo apostó todo al ciclismo. «Dejé de lado el saxofón», la tradición familiar.

Las curvas dulces del Vivero llevan hasta el borde del campo de golf. Se abre el horizonte. La cuesta da un respiro y tiempo para hablar. Eso, tiempo, es lo que Doris Schweizer no tenía cuando iba a la universidad, se entrenaba en bici y, de noche, trabajaba en un Mc'Donalds. «A veces cogía el coche a las cinco de la mañana para ir a una carrera, corría y al volver iba directa al trabajo. Me acostaba a la dos de la madrugada. Y al día siguiente tocaba entrenar y trabajar de nuevo», recuerda. Así, con todos sus sueños en una maleta, emigró a equipos de Italia, Dinamarca... Y ahora de Durango, donde ayer se presentó la plantilla del equipo Bizkaia para 2019.

La clásica

Fecha y hora
Mañana, la salida se dará entre las 8.00 y las 9.00 horas, en el Puente de Deusto.
Meta
En la Gran Vía, a partir de las 12.00 horas.
Inscripciones
En el Centro Comercial Zubiarte (Puente de Deusto). Hoy, de 10.00 a 20.00 horas, y mañana, día de la prueba, de 7.00 a 8.30 horas.

Schweiser sabe lo que es ganar una medalla de bronce con Suiza en el Mundial de Ponferrada 2014 y sabe, también, lo duro que es estar dos meses a base de papillas y yogurt por culpa de una caída en bicicleta. O lo difícil que era atender en clase, tras noches sin casi descansar y días de entrenamiento. «Me dormía». Ahora, con 29 años y un buen currículo como ciclista, busca un nuevo paisaje en el Bizkaia-Durango BH. «Es una subida bonita», dice sobre el Vivero. Este pedazo de la Bilbao-Bilbao también le ha gustado a D'Agostin, la escaladora que añora el plano. «Lástima que el domingo no podamos estar en la clásica cicloturista». Tienen carrera. A eso han venido y por eso, por pasión ciclista, suben tantos obstáculos.

Para los miles de participantes en la clásica cicloturista, el Vivero es opcional. Tienen tres alternativas: la más breve, de 85 kilómetros, es también la menos montañosa (incluye Adraka y Unbe). El segundo camino, el tradicional, se estira hasta los 115 kilómetros y pasa por la cima de Morga. Y el tercero, que se inauguró con éxito en la pasada edición, añade la ascensión al Vivero desde Erletxes, lo que prolonga el trazado hasta los 125 kilómetros. Cualquier itinerario es bueno para disfrutar de una mañana de domingo en bicicleta y en compañía de miles de aficionados a este deporte por el que sienten pasión D'Agostin y Schweiser.