«Muchos piensan que somos tontas con pompones»

Durante la Final Four las cheerleaders no particparán «para garantizar la neutralidad» de los encuentros. /EL CORREO
Durante la Final Four las cheerleaders no particparán «para garantizar la neutralidad» de los encuentros. / EL CORREO

Ser 'cheerleader' requiere energía, fuerza, dotes para el baile y horas de entrenamiento. «No sentimos que sea un espectáculo sexista», aseguran las animadoras del Bilbao Basket

Itsaso Álvarez
ITSASO ÁLVAREZ

Si decimos faldas de tablas, coleteros vistosos y pompones que se agitan frenéticamente, probablemente piensen en todas esas películas de animadoras que deformaron nuestra concepción de instituto americano. Sin embargo y aunque de clichés viva Hollywood, poco o nada tiene que ver el duro trabajo de los 'cheerleaders' con esta fantasía. Aquellas animadoras míticas de los descansos de partidos de baloncesto o fútbol americano que abrieron la veda en 1930 a la vistosa práctica del 'cheerleading' jamás imaginarían el éxito paulatino de esta modalidad deportiva que combina música, baile y gimnasia y que requiere fuerza, flexibilidad y coordinación. El 'cheerleading' será deporte de exhibición en las Olimpiadas de Tokyo 2020, tal y como determinó el COI en su Asamblea anual de 2016. «Hemos notado que tiene mucho éxito entre los jóvenes», apuntó en su día Kit McConnell, director deportivo de esta entidad.

Pero una cosa es el 'cheerleading' de competición y otra el de animación. La distinción es fundamental, porque hay equipos de esta disciplina que no se dedican a hacer su espectáculo en los tiempos muertos de un partido de baloncesto, sino que existen para competir. En España hay una decena de clubes. ¿Y por qué gusta ser 'cheerleader', cuál es su secreto? Ahí donde lo vemos, exige energía, fuerza, dotes de liderazgo y gran concentración. Desde uno de los equipos punteros, el madrileño Cheerxport Alcobendas, formado por una cuadrilla de 70 chicas y chicos divididos en tres categorías, Lucía Vargas destaca que se trata de «un deporte en el que la confianza en uno mismo y en el compañero se vuelve algo imprescindible». En este club entrenan unas nueve horas a la semana -cinco en equipo, dos de forma individual y otras dos mejorando las acrobacias en pareja- para completar unas exhibiciones finales aparentemente breves cuya ejecución se puede complementar con actividades aeróbicas como la danza, el patinaje, la bicicleta o la carrera continua para aumentar la fuerza cardiovascular. Como si lo de hacer virguerías, bailes, saltos o pirámides humanas fuese pan comido.

Hablamos con algunas de las seis 'cheerleaders' del RETAbet Bilbao Basket. Cómo empezaron, cómo entrenan, los halagos y las críticas que reciben... Por cierto, este fin de semana, durante la celebración de la Final Four, no bailarán «para garantizar la neutralidad» de los encuentros. Anne Etxebarria, la coordinadora del grupo, tiene 22 años y lleva trece formándose en el mundo de la danza. Estudia Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad del País Vasco y trabaja dando clases de ballet en la escuela L'Atelier de Durango. Lleva tres años como 'cheerleader'. «Ser animadora para mí es un trabajo que valoro mucho ya que me permite hacer lo que más me gusta, bailar. En mi opinión ser 'cheerleader' significa estar al 100% durante cada partido e intentar animar y motivar tanto a los jugadores como a los aficionados de la mejor manera posible». Anne explica que la realidad de una animadora no se parece «en nada» a la que presentan las películas. Le apena que haya «momentos en los que miras a la grada y parece que somos invisibles, ya que los aficionados están más pendientes de lo que ocurre en los banquillos. Sin embargo, cuando se te acerca algún aficionado y te felicita por el trabajo realizado, o alguna niña pequeña nos pide sacarse una fotografía con nosotras, la perspectiva cambia. En ese momento te sientes realmente reconocida».

El grupo entrena dos horas a la semana y, cuando hay un encuentro, ensayan las coreografías en las dos horas previas. Le gustaría, dice, que el equipo de cheerleaders fuera mixto. «Sería muy divertido y podríamos realizar otro tipo de coreografías, por ejemplo realizando portés de mayor complejidad». «Somos un grupo de animación en el que casualmente somos mujeres, pero hace años también bailaban chicos. No tiene nada que ver con el sexismo», precisa. Naia Zugaza, estudiante de Ciencias de la Actividad Física en Vitoria, es otra de las bailarinas que animan los tiempos muertos durante los partidos que disputa el Bilbao Basket. Para ella, «es muy emocionante bailar delante de tanta gente y para una bailarina es algo que le puede servir como experiencia y para coger tablas. Es verdad que en 50 segundos no nos da tiempo a explotar todo lo que sabemos y creo que mucha gente nos ve como relleno. Nos maquillamos y peinamos nosotras, a la gente le suele sorprender cuando lo decimos», indica.

Naia dice ser consciente de que «mucha gente piensa que somos tontas con pompones». Para ellos, tiene respuesta: «Detrás de cada 'cheerleader' hay una bailarina que entrena horas para poder llegar a donde estamos. La mayoría de nosotras estamos en un grupo de competición de jazz-lírico/contemporáneo con el que hemos participado en varios campeonatos a nivel nacional e internacional. Algunas, además, somos profesoras de baile y todo esto lo compaginamos con los estudios». Admite que no le importaría cambiar el look 'cheer' de ropa ceñida por otro tipo de atuendos, y que «puede que su espectáculo tenga un trasfondo sexista. Aunque cada vez la gente valora más nuestro trabajo aunque hay muchas cosas que cambiar todavía: El vestuario, el hecho de que solo seamos chicas...», concluye.

Uxue Cuello, 19 años y estudiante en la Universidad de Deusto, y Sara Reyero, 17 años, han sido las últimas en incorporarse al grupo de animadoras del Bilbao Basket. «Cinco de nosotras formamos parte de un grupo de competición a nivel nacional y europeo llamado Boom Shock, dirigido y coreografiado por Leire Cotoré, la antigua capitana de las 'cheers'. Por ello decidimos empezar este camino juntas. Existe un trabajo muy duro por detrás, esto es solo una parte de lo que nosotras trabajamos a diario. Yo no bailo para que sea un espectáculo sexista y no lo siento así, también espero que nadie lo vea así», reflexiona. Sara dice haber cumplido uno de sus sueños. «Me acuerdo cuando era pequeña e iba a ver los partidos de baloncesto, le decía a mi ama que me encantaban las chicas que bailaban en los tiempos muertos y que me encantaría ser yo una de ellas algún día».