Griner expulsa del trono a Stewart, que se ha roto el tendón de Aquiles

La mallorquina Alba Torrens celebra su quinto título continental. /FIBA
La mallorquina Alba Torrens celebra su quinto título continental. / FIBA

El Ekaterimburgo revalida el título continental y Alba Torrens, la mejor española de la historia, levanta su quinta Euroliga

Sergio Eguía
SERGIO EGUÍA

El Ekaterimburgo es de nuevo campeón de la Womens Euroleague. Aunque eso ya lo sabes. Dí que sí, que sino va a parecer que los medios generalistas no dan visibilidad al deporte femenino. Ha sido una semana en la que todos los telediarios han abierto con Alba Torrens, la mejor jugadora española de todos los tiempos, y su quinta Euroliga. Sí la mallorquina, uno de los pilares del Ekaterimburgo, que por cierto está entrenado por otros español, Miguel Méndez, ha ganado ya cinco veces la máxima competición de clubes después de la WNBA.

Igual solo ha sido los noticiarios de mi país imaginario... Soñemos. Total es lo único que no podrán quitarnos. También es cierto, que la Final Four de Sopron se había vendido como la caza de un unicornio. Así que viva la fantasía. Cosas del periodismo deportivo, que ven en Breanna Stewart a una especie de ser mágico, que va a reinventar el baloncesto. Es cierto que la neoyorquina es de otro planeta, que hace cosas que nadie más puede sobre una cancha. Que lo suyo es ganar y ganar y rara vez no lo logra.

Tan rara vez, que la final quizá habría tenido otro resultado si no cae lesionada -se ha roto el tendón de Aquiles- 20 segundos antes del descanso. ¿Aunque seguramente no. Las chicas de Méndez lideradas por Brittney Griner (MVP de la final) fueron muy superiores durante los 40 minutos a las de Lucas Mondelo, seleccionador español y técnico del Dynamo de Kursk. Por nombres, las rusas del Oeste (Kursk está muy cerca de Ucrania) tenían buen plantel: Stewart, Petrovic, Howard, Charles, las catalanas Anna Cruz y Marta Xargay... Aunque las rusas del centro (Ekaterimburgo cae en los Urales) son más equipo con Meesseman, McBride, Vadeeva, Vandersloot, Griner y la mallorquina Torrens.

El duelo comenzó con Griner, pívot clásica, imponiendo su juego ante las interiores del Kursks. Por fuera Vadeeva hacía de las suyas y la barcelonesa Cruz no lograba pararla. Las ventajas no eran amplias y se esperaba que en algún momento Stewart sacara todo su repertorio. Por algo ha ganado este año la WNBA y el Mundial. Por algo fue MVP de la liga regular, de las finales, y del campeonato del mundo. Por algo venía de hacer 32 puntos en las semifinales contra el Praga. El Ekaterimburgo aplastó, por su parte, a las anfitrionas que entrena el vitoriano Roberto Íñiguez de Heredia.

La plantilla del Ekaterimburgo celebrando el triunfo que le coronaba como mejor conjunto femenino europeo.
La plantilla del Ekaterimburgo celebrando el triunfo que le coronaba como mejor conjunto femenino europeo. / FIBA

Stewart parece que no hace nada y lo hace todo. El día de la final, en los 19 minutos y 40 segundos que aguantó en cancha, sin casi entrar en juego, anotó 12 puntos. Y con mal porcentaje de acierto. Algo extraño. De hecho, no se la veía cómoda y a falta de 20 segundos para el descanso, perdiendo de ocho, forzó un lanzamiento rodeada por dos rivales. Por algo me pagan, vino a decir. Había que remontar.

Mueca cómica

La mala fortuna quiso que Stewart al caer pisara el pie de Griner y se lesionara. Fue tan absurda la jugada, que al verla en el suelo doliéndose y maldiciendo, la center de Houston se comenzó a reír, pensando que era parte del espectáculo. Lo típico de las pelis americanas de 'ay que malita voy' y ahí te ando 30 puntos de remontada épica.

La lesión de Stewart pudo condicionar el resultado final del partido.
La lesión de Stewart pudo condicionar el resultado final del partido. / FIBA

Duró medio segundo la mueca cómica. En cuanto se percató de que iba en serio, que Stewart no podía pisar, su rostro mutó. En Estados Unidos hacen un fantástico trabajo educativo por el que nada es más importante que la salud de los deportistas, compañeros y rivales.

El caso es que con ese percance y con el partidazo que completó, Griner acabó ocupando el trono que esperaba a Stewart desde el día que aceptó la ficha que le ofrecían en Europa. La influencia de Griner en los dos partidos de la Final Four fue incontestable. Y eso que el día de la final, ese día en el que el Ekaterimburgo revalidó el título logrado la temporada anterior, el día que Alba Torrens levantaba su quinta Euroliga, la mejor fue Vandersloot con 30 de valoración.