'Campeona de la semana'

Agurtzane Egiluz, una olímpica de otra pasta

Agurtzane Egiluz, durante un partido con España./José M. Martín
Agurtzane Egiluz, durante un partido con España. / José M. Martín

La jugadora vitoriana del Zuzenak acaba cuarta en el europeo, igualando el mejor puesto de España en su historia, lo que hará que el combinado nacional de baloncesto en silla dispute por segunda vez unos Juegos Paralímpicos

Jon Ander Goitia
JON ANDER GOITIA

Con apenas 14 años el autobús de su ikastola le pasó por encima. Los médicos le confirmaron la peor de las noticias, no iba a volver a caminar. El golpe fue mayor, aún si cabe: «Me dijeron que no volvería a practicar deporte, que me olvidase». Pero Agurtzane Egiluz es ejemplo de superación y ahora, a sus 22 años, ha conseguido hacer historia con la Selección Española de Baloncesto en silla de ruedas. Y es que la vitoriana ha sido una de las integrantes del combinado que ha conseguido el billete para los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, después de terminar con un laudable cuarto puesto. Igualan así el mejor puesto de la selección en este campeonato. Y a ello se le suma que estarán en los próximos Juegos Paralímpicos 28 años después. Lo dicho, de otra pasta.

Porque han pasado ocho años desde aquel capítulo que cambiaría por completo su vida. Un accidente que «no me llena de felicidad», pero el que le ha llevado «hasta aquí, a practicar lo que más me gusta», confiesa a EL CORREO, que la destaca como 'Campeona de la Semana' por su lucha y por llevar el nombre de Álava al resto de países. «Es genial que penséis en mí, que tengáis en cuenta el baloncesto en silla de ruedas. Somos un deporte minoritario y femenino, gracias a vosotros nos visibilizamos», agradece. Lo hace después de aterrizar en España, en un vuelo que les ha traído desde Róterdam, donde se ha celebrado el europeo. Y a su llegada, tras cruzar la puerta de llegadas, se han encontrado con una grata sorpresa. «Nos han hecho un recibimiento, con música y todo», comenta feliz. «Sabíamos que habría gente a nuestra llegada, pero no tanta; unas 80 o 90 personas».

Aficionados, amigos, familiares... Todos se reunieron para recibir a las jugadoras de la selección. No faltaron ni los carteles de felicitación, que junto con la charanga pusieron color al reencuentro. Una recepción a la altura de las heroínas que han pasado los últimos 10 días fuera de casa y que han vuelto con los deberes hechos. Y con nota. «No me creo lo que hemos hecho. Aún no somos conscientes de lo que hemos conseguido. Creo que tendrán que pasar unos días para que podamos asimilarlo», confiesa. Porque han igualado, con un cuarto lugar, el mejor puesto de la selección en un europeo. Es cierto que quedarse a las puertas de volver con una medalla colgada del cuello no es plato de buen gusto, pero en frente se toparon con una correosa Alemania (53-38) contra la que nada pudieron hacer.

«Suelo jugar con calcetines llamativos. Combino amarillo con naranja, dibujos de galletas con leche...» supersticiones

Aunque su gran papel durante el torneo les tenía guardado un premio, el billete para los Juegos Paralímpicos que se van a celebrar el Tokio el año que viene. «Es un sueño, el sueño de cualquier deportista», celebra. Eso sí, ahora les esperan duras jornadas de preparación. «Va a ser un año de mucho trabajo», confiesa. No obstante, llegan con inercia positiva. «En 2018 nos clasificamos por primera vez para un Mundial de Hamburgo (siendo ella una de las doce elegidas), ahora hemos conseguido el cuarto puesto y el billete. ¿El oro en los Juegos Paralímpicos? Lucharemos por una medalla», ríe, atisbando el horizonte.

«Escuchamos Mägo de Oz»

Egiluz nos abre las puertas del vestuario durante la concentración. «Llegamos el 28 a Róterdam y el 29 hicimos nuestro primer entrenamiento. Se le llama de clasificación, ya que miran tus informes médicos y te hacen preguntas para saber si está todo en orden», comenta. «La primera vez lo pasas con miedo y nervios, pero todo fue bien». ¿Y qué escuchan las jugadoras antes de un partido? «Mägo de Oz. Cantamos siempre 'Hoy toca ser feliz'», confiesa. Es ese talismán que les acompaña en esta 'ruta' por competiciones internacionales. Porque antes del grito de guerra, entonan 'Y verás que tú puedes volar, y que todo lo consigues', del grupo madrileño. Una declaración de intenciones.

Aunque, nuestra protagonista también guarda sus secretos. «Suelo jugar con calcetines llamativos, los más chillones que tenga. Algunas veces mezclo el naranja con el amarillo, estampados de galletas con otros de leche...», confiesa riendo. Una costumbre que le ha acompañado toda su vida. Empezó a los 8 años -con el baloncesto a pie- y, después del accidente, lo retomó a los 18 con el de sillas de rueda. «Fue todo muy rápido, en un día. Vi un entrenamiento del Fundación Vital Zuzenak, vieron que me gustaba mucho y me llamaron por la tarde para hacer una prueba. Hasta ahora». Y su implicación diaria confirma que sí, que le gustaba mucho. «Me levanto a las 7 para ir a la universidad -estudia ADE en Sarriko (Bilbao)- y a las 17 horas tomo un autobús de vuelta a Vitoria. A las 18.30 entro al gimnasio y estoy una hora. Luego entreno hasta las diez de la noche». Tras esto le llega el merecido descanso. Una rutina que repite tres días por semana nuestra 'mäga del baloncesto'.