Mª Saez Arzamendi - Pelota

«La muerte de una hija es lo peor que te puede pasar en la vida»

María Sáez Arzamendi juega a pala en el frontón de la plaza de Los Fueros. /AINHOA GORRIZ
María Sáez Arzamendi juega a pala en el frontón de la plaza de Los Fueros. / AINHOA GORRIZ

Esta vitoriana, con más de tres décadas en lo más alto, ha ganado con su hija un torneo, trece años después de hacer perdido a otra con 29 meses por una leucemia

Olga Jiménez
OLGA JIMÉNEZ

María Sáez Arzamendi (Vitoria, 1974) es madre, maestra y deportista. El orden no altera el producto, porque en cualquiera de las tres facetas más importantes de su vida se desenvuelve con dedicación, intensidad y emoción. De madre guipuzcoana y padre riojano, la mayor de cinco hermanos sintió el pálpito por los deportes de raqueta siendo bien niña. Del tenis al squash para convertirse en campeona de España y derivar en una pasión tardía por la paleta argentina. Viene de ganar el torneo Green Capital con su hija Aroa Torres, algo histórico y nada frecuente en el deporte. La vida con María se ha comportado con dureza y le ha puesto a prueba. En 2006 moría su hija Miren con 29 meses de una leucemia, algo que «nunca se supera». El deporte ha sido su antídoto contra la pena. Eso y el recordarla constantemente. María ha superado una grave lesión de columna y un divorcio traumático. Ha eliminado lo superfluo en su vida, para hacer de las pequeñas cosas su 'leitmotiv' con el que intentar ser feliz.

–¿Cuánta culpa tuvo su padre en su afición por los deportes de raqueta?

–Empecé con el tenis a los 5 años. Con 9 años continué con el squash y a competir ya a alto nivel en campeonatos de España. Gané un total de siete entre los 9 y 16 años. Mi padre fue un autodidacta. Aprendió por sí mismo, leyendo muchos libros. Iba a ver partidos, lo apuntaba todo. En aquellos tiempos no había vídeos, ni Internet. Imagínate el mérito que suponía. Es una persona con mucha técnica y así nos ha inculcado el deporte. Somos cinco hermanos y yo soy la mayor. Otras dos hermanas juegan a pala y squash.

–¿Su llegada al mundo del frontón fue tardía?

–Sí. Porque además del tenis y del squash, mi otra gran pasión es correr. Siempre he competido en la modalidad de cross. También alguna media maratón. Hoy en día, continúo corriendo en carreras populares de entre 5 y 10 kilómetros. Es algo que me da la vida. Es mi momento. Me sirve para mantenerme en forma y como parte del entrenamiento de la paleta argentina, que es la modalidad que practico desde 2010 de una manera continuada. Ya lo hacía antes, pero una hernia de disco me apartó de los frontones desde 2008. Me tuvieron que operar y tuve que dejar la vida deportiva. Salió todo muy bien.

La muerte de su hija Miren

–¿Cómo se puede competir con una lesión tan grave?

–Para mí fue un calvario, por todo el dolor con el que convivía en mi día a día, así como la espera de un año hasta que me operaron y otro año de dura rehabilitación. Recuerdo las innumerables sesiones de piscina, con lo poco que me motiva nadar. Te respondo a tu pregunta, porque soy constante, tengo mucha fuerza de voluntad y fundamentalmente porque quería curarme para no volver a sentir ese dolor insoportable. Fue durísimo, no se lo deseo a nadie. Eso no era vida. Tanto de pie como sentada me dolía. No encontraba postura. Fue una época durísima que coincidió también con la separación del padre de mis hijos. Me vi sola, mentalmente no estaba bien. Pero salí adelante.

–Usted sufrió la muerte de una hija. ¿Se llega a superar?

–Nunca. Es una mochila que se lleva siempre. Es lo peor que te puede pasar en la vida, que se te muera un hijo. Mi hija tenía el linfoma de Hopkins y derivó en una leucemia debido a los tratamientos tan agresivos. Buscamos donantes compatibles de médula y mi segundo hijo era compatible, pero no fue posible. En 2006, con 29 meses, falleció y se fue. Siempre la tengo presente. Cada vez que hago deporte, me acuerdo de ella.

–¿El deporte ha sido su mejor terapia?

–Te diría que sí. Es lo que me ha hecho tirar hacia adelante. Se lo debo a mi padre. Es una droga positiva, algo bueno que te invita a seguir, a superarte. Cada vez que corro una carrera, tengo a mi hija en mi cabeza. Es como ese espacio que necesito para estar conmigo y con ella. A mis otros tres hijos los tengo en casa, convivimos. En el hogar, no es tabú hablar de ella, hay fotos. Es como si estuviera (se emociona).

«El deporte me ha hecho tirar para adelante. Es una droga positiva, algo bueno que te invita a seguir, a superarte»

–Ganó con su hija Aroa el torneo Green Capital de pala en fiestas de La Blanca, ¿es capaz de expresar lo que vivieron juntas?

–Uff. ¡Fue tan especial jugar con mi hija! Queríamos vivir la experiencia juntas. Poca gente puede vivir esto. Creo que hemos hecho historia, porque no sé si en un torneo oficial una madre y una hija han logrado el título alguna vez. Aroa, que tiene 17 años, empezó a jugar a pala hace seis. Éramos una. No necesitamos hablarnos en el frontón. Con solo mirarnos, sabíamos lo que nos queríamos decir. Alguien hizo que todo saliera bien, que se alinearan los astros, que tuviéramos esa comunicación tan especial. Ella confiaba en mí, al final la experiencia es un grado importante, me veía segura. Pocas pelotas le tuve que pedir para que me dejara. Fui su sombra y siempre respaldando. Siempre intento ser la sombra de la delantera con la que juego. Es mi rol de zaguera. El día de la final aprendió que jamás hay que tirar la toalla. Esa es la lección. Le vi bajar la cabeza cuando íbamos perdiendo 13-9 y le dije que no estaba terminado y que se podía. Seguimos jugando mejor, a la pared, y se dio todo perfecto. Emocionalmente fue el título más importante de mi vida.

–Cuénteme el secreto para estar a este gran nivel deportivo con 45 años.

–Es la fuerza de voluntad. Soy muy constante. Cuando murió mi hija, yo salía a correr casi todos los días, no me daba tregua, aunque regresara llorando a casa. Soy de las que, aunque llueva, salgo a correr, a entrenar.

–Forma parte de la junta directiva de la Federación Alavesa de Pelota. ¿Tiene un diagnóstico de la pelota femenina?

–Intento echar una mano. Es una responsabilidad, y se necesita tiempo. Intento dividirme en lo que puedo, pero ahora además me gustaría entrenar a mi hija. Además, también formo parte de la nueva asociación EPE que se ha creado para mejorar las condiciones de las pelotaris y en la que estamos unas 80 jugadoras.

Su lema, 'carpe diem'

–¿Qué objetivos se plantean con esta asociación EPE?

–Fundamentalmente, estructurar la pelota femenina que pasa por muchos aspectos. Desde cobrar por los partidos que disputemos en determinados festivales, hasta crear los nuestros propios. Estipular precios por jugar, tener un contacto directo con ayuntamientos y federaciones. Además de trabajar en formaciones, fomentar la pelota en edad escolar, trabajar la cantera, además de darle la máxima difusión y visibilidad. La pelota a mano ha entrado fuerte, se está poniendo de moda. Pero queremos abrir también al resto de modalidades de herramienta. Poner en valor lo que hacemos.

–Y además de madre, deportista y directiva comprometida, dedica su día a día a la enseñanza como maestra en un colegio ¿de dónde saca tanta energía?

–(Risas). Tengo educación física como especialidad, pero estoy últimamente en Toki Eder como tutora en Primaria, de primero y segundo. Después de la muerte de mi hija, tengo otros valores. La gente le da importancia a cosas superfluas. Para mí ver el sol y respirar o dar una vuelta con el perro, es lo más. Igual la gente no se para en esos detalles pequeños, pero para mí son los que llenan mi vida. El lema de 'carpe diem' (vive el momento) lo llevo a la práctica y aprovecho cada momento como si fuera el último. La vida es tan injusta que no sabes cuándo te va a sorprender o te va a traer una mala noticia. Dejé hace tiempo de pararme en tonterías superficiales, para mí dejaron de existir. Estar con mis hijos, verlos sanos, tener salud. Eso es lo que valoro y lo que me mantiene en forma, estar activa.

Más de 30 años en la élite

Es una deportista total entregada a una pasión que heredó de su padre. Comenzó a competir a los 9 años y ha sido siete veces campeona de España de squash entre los 9 y los 18 años. Luego se inclinó por el cross y ha logrado varios podios en carreras populares, como su victoria en 2017 en la Carrera de la Batalla o el tercer puesto en la Carrera Ponle Freno de 2018. En paleta argentina, su currículo es envidiable, con tres títulos en Liga Vasca en 2013, 2016 y 2019, además de campeona del GRAVNI en 2015 y subcampeona en 2018, incluido el título provincial de 2017. En el plano internacional destaca el subcampeonato del torneo de Uruguay en 2013, las semifinales en Argentina en 2016 y el cuarto puesto con España en el mundial celebrado en Barcelona en 2018.