Última clasificada de la Hiru Haundiak

25 horas para superar un reto

Enma Magdaleno a la llegada a Araia, con el arco de meta ya recogido/Hiru Haundiak
Enma Magdaleno a la llegada a Araia, con el arco de meta ya recogido / Hiru Haundiak

La aficionada bilbaína Enma Magdaleno consiguió acabar la carrera de 101 kilómetros en último lugar

M.VARGAS

La diferencia de tiempos entre la llegada de Maite Maiora, la ganadora de la XXI edición de la Hiru Haundiak y de Enma Magdaleno fue de 12 horas. Pero ambas recorrieron los 101 kilómetros que separan Murguía de Araia, coronaron los tres montes y acumularon un desnivel de más de 5.000 metros.

El esfuerzo de Enma, la última participante de la Hiru Haundiak en cruzar la línea de meta es muy loable, y más cuando se apuntó a la prueba por acompañar a una amiga que no consiguió acabar la carrera en una edición anterior. Su compañera Sonia Gutiérrez se tuvo que retirar en la edición de 2016 «y tenía la ilusión de terminarla», así que convenció a Enma Magdaleno y a Kaitin López de Guereñu para embarcarse en esta aventura. «De su reto, hicimos el nuestro. Y las tres lo logramos», comenta sastisfecha.

«Para mí ha sido un logro y, desde luego, animo a todo aquel que tenga un reto, a cumplirlo»

Esta madre bilbaína de 42 años cruzó la meta sin perder la sonrisa a la 1 de la mañana, después de 25 horas, con el arco que marca la llegada ya desinflado, y escoltada por toda la organización. Pero los últimos 13 kilómetros se le hicieron eternos. «Pasamos el último control, en las campas de Urbia y pensábamos que ya estaba hecho». Pero, delante se alzaba el Aitzgorri, una cumbre desconocida para ella, mientras ya anochecía. A base de agotar las últimas fuerzas que le quedaban y el orgullo de intentar alcanzar a sus dos amigas, Enma consiguió finalizar la carrera. «Espero que no se me olvide lo que he sufrido, aunque a medida que pasan los días, solo te acuerdas de lo bueno».

Durante los últimos meses ha hecho verdaderos malabarismos para compaginar trabajo, familia y entrenamientos

No obstante, la prueba más dura para las tres amigas no se limita a andar los 100 kilómetros. Durante los últimos meses han hecho verdaderos malabarismos para compaginar trabajo, familia y entrenamientos. «Incluso el día de la carrera. El viernes tuvimos que dejar la casa y los niños organizados antes de marchar a Murguía». Por eso, a Enma no le importa que no le hayan dado un diploma por haber superado las 24 horas que marca la organización para completar la carrera. «Para mí ha sido un logro y, desde luego, animo a todo aquel que tenga un reto, a cumplirlo».

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