Y El Sadar se tiñó de albiazul

Las jugadoras se abrazaron con familiares y amigos tras el encuentro ./Blanca Castilo
Las jugadoras se abrazaron con familiares y amigos tras el encuentro . / Blanca Castilo

La afición animó a y consoló a sus jugadoras en un encuentro donde volvió a rugir

Jon Aroca
JON AROCA

El que une a un club y su afición no deja de ser otro tipo de matrimonio. Aquí también hay fidelidad en la salud y en la enfermedad. En lo bueno y en lo malo. En este último caso ha demostrado la afición del Deportivo Alavés un vínculo irrompible con su club. Estuvo cuando el club estaba desahuciado y sin dinero en Segunda B y también ayer, cuando las Gloriosas vieron como se truncaba su sueño de jugar el play off de la manera más cruel y dolorosa.

Centenares de albiazules presenciaron el encuentro en El Sadar. 200 con entradas vendidas por el club, pero muchos más dieron color a la grada. Más que la gente que acude cada quince días a Ibaia. El día, un domingo de abril soleado y caluroso, invitaba a un desplazamiento masivo que ya se intuía desde más de una hora antes del comienzo del encuentro. Los camisetas albiazules se intercalaban con bufandas rojas. Es patente la buena relación que existe entre Alavés y Osasuna. Algunos de los cánticos de 'Alavés te quiero' que se escucharon en las gradas se iniciaron en gargantas rojillas. A falta de duelo masculino -que podría volver el año que viene tras el buen rendimiento de Osasuna en Segunda-, más que bueno es el femenino.

Todo, en un escenario de primer nivel que se ha acostumbrado a acoger duelos de fútbol femenino en las últimas semanas. Hace un mes, el Osasuna-Eibar (que, por cierto, se saldó con idéntico resultado al de ayer) congregó más de 10.000 personas. Ayer fueron menos, 7.870. Una cifra, en cualquier caso, brillante. Aunque no es tanto una cuestión de superar récords sino de generar fieles. Y ambos equipos han arrastrado con su juego y resultados a unos cuantos. Sus temporadas son el comienzo de una historia que promete ser apasionante.

Las Gloriosas no estuvieron solas, pues más de doscientos aficionados las apoyaron y dieron color a la grada de El Sadar, que volvió a abrir sus puertas para un partido de fútbol femenino. / Blanca Castillo

Vuelta de honor

En novena minutos se vivió todo lo que se puede vivir en un estadio de fútbol. Aunque las emociones fueron por barrios. Las que más disfrutaron fueron las rojillas, alentadas desde la grada y aclamadas tras el encuentro. Con el final se regalaron una sonora ovación acompañada por una vuelta de honor que permanecerá en sus memorias. Uno de esos días en los que se ganan mucho más que tres puntos.

Pero tampoco se olvidaron de la otra cara de la moneda, la de la inaplacable tristeza de las derrotadas. Se aplicaron en consolar a las albiazules más abatidas. Algunas se quedaron durante minutos sentadas sobre el césped. La mayoría no podían aguantar unas lágrimas con mezcla de tristeza e impotencia. Pero también de alegría por el apoyo incondicional de la grada. También de familiares y amigos. Alguno, muy especial. Como el de la joven Alexia Jr, que ayer cumplió 19 años. Sólo le faltó celebrarlo con un gol y un resultado que no llegó.

Muchas emociones y un apoyo incondicional por parte de la afición. También varios minutos después del final del encuentro. Un nutrido grupo de aficionados albiazules esperó junto al autobús vitoriano para ovacionar, una a una, a cada jugadora que se subía al mismo. Alguna, incluso, tuvo que bajarse para saludar de nuevo. Las Gloriosas perdieron y ven como su sueño de ascender a la Liga Iberdola se esfuma casi al completo. Pero volvieron a disfrutar del apoyo de una afición que en El Sadar volvió a dejar su inconfundible sello. Se dice que 'el Glorioso nunca se rinde'. Su afición, su máximo representante, da buena cuenta de ello.