Cruel final al sueño del play off de las Gloriosas

Una jugada del partido entre Osasuna y Alavés en El Sadar./BLANCA CASTILLO
Una jugada del partido entre Osasuna y Alavés en El Sadar. / BLANCA CASTILLO

Las albiazules caen en Pamplona en un partido en el que tuvieron ocasiones de puntuar

Jon Aroca
JON AROCA

El fútbol no entiende de pasados ni de futuros. Sólo de matemáticas. Mientras sean menos de tres los puntos que separan a ambos equipos es el presente el que habla. De poco vale haber liderado la clasificación desde septiembre, sin soltar ni una sola jornada el cetro. Tampoco cuenta el no conocer la derrota en más de veinte encuentros, algunos de notable dificultad. Son esos noventa minutos los que sentencian.

El fútbol, por su naturaleza imprevisible, también es cruel. Lo volvió a demostrar este domingo con un Alavés Gloriosas que veía cómo su sueño de poder jugar el play off de ascenso a la Liga Iberdrola se difuminada delante de sus ojos después de tenerlo en su mano durante meses. Le bastaba con sumar un punto en el Sadar para agarrar con su mano la promoción. Tres para incluso celebrarlo sobre el verde navarro. Pero la derrota, tan habitual en un deporte en el que perder es lo normal como extraordinario para unas Gloriosas cuasi invencibles, llegó en el peor momento del año.

2 Osasuna

Maitane; Oihane, Urdánez, Garde, Facila; Alén, Valeriano (Vanessa, min. 65), Rivas (Iara, min. 75), Zugasti; Herrera (Izaskun, min. 77), Carrillo (Nerea, min. 90).

1 Alavés Gloriosas

Mutri; Maitane, Spiazzi (Maia, min. 89), Vera, Laura Berezo (Alexia Jr, min. 66); Emma, Sara Tazo (Cube, min. 58), Alba; Naia, Ane Miren, Sanadri (Mery, min. 66).

Goles
1-0, min. 3, Rivas. 2-0, min. 31, Zugasti, de penalti. 2-1, min. 68, Mery.
Árbitro
Lozano. Amonestó a las locales Alén y Rivas y a las visitantes Spiazzi y Ane Miren. Maitane fue expulsada por doble amarilla.

Osasuna ganó y se colocó líder a falta de una sola jornada para el final de temporada. Las matemáticas todavía dicen que recuperar el liderato es posible. Pero la razón dice otra cosa. Si las rojillas superan la semana que viene al Revellín -colista y que encadena 23 derrotas consecutivas- serán ellas las que se jueguen el ascenso a la máxima categoría. Las matemáticas, tan justas como implacables, golpean ahora a unas Gloriosas sin margen para levantarse de la lona.

Lo cierto es que Osasuna mereció durante muchos momentos la victoria. Las de Mikel Bakaikoa, espoleadas por las cerca de 8.000 personas que acudieron al Sadar, salieron a morder, conscientes de que sólo les valía ganar. Pero ni en sus mejores planes entraba que en el minuto 4 Mirian Rivas aprovechase una indecisión de la zaga local para mandar el balón al fondo de la portería con un remate tan poco ortodoxo como efectivo. Al Alavés lo tocaba algo casi inédito hasta ese momento: remontar.

Lo intentó como mejor sabe, con balón. Buscó dar sentido a su juego con largas posesiones, la mayoría con Emma, este domingo mediocentro, como origen de la jugada. Pero las cosas no salían. Los pases se quedaban cortos y los centros iban directos a la muralla roja. Sabía el equipo local de la importancia de los extremos en el libreto albiazul y los asfixió. Si superaban la marca de la lateral siempre llegaba una central para corregir.

Sin acierto

Superada la fase defensa, Osasuna buscaba que sus cuatro atacantes diesen rienda suelta a su talento. Zugasti y Rivas tenían en las bandas un toque de chispa que incomodaba permanentemente a su par. Por dentro eran Herrera y Carrillo las que atacaban a una zaga timorata en exceso. En el minuto 30, Spiazzi golpeó con la mano un centro lateral y el colegiado señaló penalti. Zugasti lo metió bajo por su izquierda. Demasiados errores no forzados en el peor momento para cometerlos.

El Alavés ni siquiera inquietaba a Maitane Zalba. Difícil de entender para un equipo que había marcado en todas las jornadas. Por eso, el tiro de Naia que la guardameta mandó a córner hizo a las albiazules recordar quiénes eran. También Mery, que mandó a gol el primer balón que tocó nada más salir desde el banquillo. Una goleadora nunca olvida el oficio.

Quedaban más de veinte minutos para lograr un tanto que lo cambiaba todo. Volcado ya al ataque, el Alavés pudo marcarlo en el minuto 79, pero ni la delantera vitoriana ni Naia acertaron en una clara ocasión. Con el tiempo en contra y en inferioridad tras la rigurosa expulsión de Maitane por doble amarilla, sólo quedaba la épica. Pero tampoco. Alexia y Alba se quedaron con la miel en los labios.

Difícil de asimilar un golpe de esta magnitud. Le queda al Alavés apelar a una fortuna que ahora es esquiva. Y recordar que, pese al tropiezo, su temporada -con el ascenso a Primera B- les ha abierto puertas hasta ahora selladas. No todas sobre el césped.