Campo atrás

Llegar y besar el... aro

Equipo que jugó en la Malagueta. De pie, el técnico que sustituyó a Soler, Bengoa, Cereceda, Álvarez de Miranda y Gutiérrez. Abajo, Díaz de Atauri, Area y María Luisa Ruiz. /Archivo Provincial
Equipo que jugó en la Malagueta. De pie, el técnico que sustituyó a Soler, Bengoa, Cereceda, Álvarez de Miranda y Gutiérrez. Abajo, Díaz de Atauri, Area y María Luisa Ruiz. / Archivo Provincial

Tras varios intentos frustrados, las responsables de la Sección Femenina registraban un equipo de baloncesto en el campeonato nacional. Cuando quedaron campeonas de España, la fiebre del basket alavés se desató en Vitoria

Roberto Arrillaga
ROBERTO ARRILLAGA

«Era muy fácil. La táctica consistía en estar muy encima del balón y esperar a que Anita Area cogiese el rebote. Yo corría y ella me echaba el balón desde la canasta». Marisa Cereceda, a sus 95 años, no le concede importancia a lo que consiguió aquel grupo de vitorianas hace casi 80 años.

La historia parte en la calle Zapatería, 73-75. Tras varios intentos infructuosos, las responsables de la Sección Femenina por fin registraban un equipo de baloncesto en el campeonato nacional. La lista, la siguiente: capitana y centro Angelines Gutiérrez; defensa derecha, Ana Area; defensa izquierda, María Luisa Ruiz; lateral derecha, María Salud Cereceda, y lateral izquierda, Isabel Bengoa. Suplentes: Rosalía Díaz de Atauri, María Puy Ruiz y Mercedes Álvarez de Miranda. Entrenador: Juan Soler, un alférez catalán destinado en el cuartel de Artillería nº25 de la calle Santiago.

Clase de gimnasia en la Escuela de Mandos.
Clase de gimnasia en la Escuela de Mandos. / Archivo Provincial

Entrenaban los jueves y los domingos, en el patio conocido como de 'Las Aliadas', en un campo de dimensiones muy reducidas y unas canastas de madera más bajas de lo reglamentario. Su entrenador, el primero con nociones baloncestistas de Vitoria, era Juan Soler, uno de los mozos catalanes que llegó en el reemplazo del 40. La organización encuadró a las alavesas en Segunda División, grupo noroeste con Logroño, Burgos y Guadalajara. Con todo preparado y después de un mes de entrenamientos, el campeonato se retrasó 'sine die' por la epidemia de tifus que asoló España. Así que, tras otro aburrido mes de entrenamientos, Vitoria solicitó un permiso especial para un amistoso contra Logroño. En el Frontón Vitoriano, las alavesas arrollaron a Logroño por 25 a 7. La concurrencia de público fue tal que la familia Alti, gestora del recinto, consintió desde entonces que se jugara a baloncesto en el templo de la pelota. «Jugar en el Frontón Vitoriano era muy diferente. Las canastas estaban muy altas. Pero éramos muy buenas y ganamos a las de Logroño sin problemas. La gente venía a vernos porque ganábamos». Aquel equipo tenía nivel. Era hora de practicar en campo y canastas reglamentarias.

Traseras de Portal de Castilla, 17.
Traseras de Portal de Castilla, 17. / Archivo Provincial

La Sección Femenina trasladó su domicilio a la calle Castilla nº17, la Escuela Menor de Mandos. Allí, con todo en regla, se reanudaron los entrenamientos. «Juan Soler realizó una constante labor, con una paciencia ejemplar corrigiendo día a día los defectos de las jugadoras, permitiendo que en pocos meses de entrenamiento hubieran podido colocarse a la cabeza de los equipos regionales». La crónica del Pensamiento Alavés del 8 de Junio de 1941 se felicitaba tras el primer partido oficial en el que Vitoria, denominación del equipo, vencía por 8 a 20 a Logroño a domicilio. Una semana más tarde, Burgos caía en el frontón por 22 puntos y Guadalajara sufría en casa el poderío de las alavesas por 10 a 21. En cuartos de final, tampoco hubo problemas: Vitoria, 21-Lugo, 12.

Una final sin rival

En semifinales, el rival resultó complicado. Ávila era un equipo muy serio y candidato al título y además jugaría en su casa. Pero Vitoria contaba con Marisa Cereceda que resolvió sobre la bocina un partido muy desagradable por el público asistente. «En Ávila metí una canasta desde el centro de campo justo en el momento en el que árbitro pitaba el final del partido. No pensé. No había tiempo, tiré y la metí». Lo consiguieron. Sin perder un partido. Vitoria estaba en la final.

Angelines, Isabel , Marisa, María Luisa, Ana, Rosalía y Mercedes esperaban a medianoche del 20 de Julio de 1941 a Gerona, el otro finalista, en la andaluza plaza de toros de la Malagueta. El viaje había sido toda una aventura. «Como los numerosos convoyes militares tenían preferencia de paso, teníamos que parar a cada momento. El viaje resultó interminable». Los hijos de Mercedes recuerdan las historias que les contaba su madre sobre la final que nunca llegó a disputarse. Soler no viajó debido a sus obligaciones militares y las gerundenses no llegaron al partido. Vitoria se proclamó campeón por W.O. (walkover) y ascendió a primera categoría. La fiebre por el basket se desató en Vitoria. Nacieron tres equipos femeninos y cuatro masculinos. De entre los primeros, surgirá la primera jugadora internacional alavesa y el primer equipo femenino senior alavés. Un muy buen equipo al que sólo pudo parar la muerte. Pero eso será otra historia...

 

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