Baloncesto

Cuatro alavesas en busca del sueño americano

De izquierda a derecha, Nahia Urturi, Silvia Lasarte, Clara Fernández de Trocóniz y Montse Gutiérrez. /AINHOA GORRIZ
De izquierda a derecha, Nahia Urturi, Silvia Lasarte, Clara Fernández de Trocóniz y Montse Gutiérrez. / AINHOA GORRIZ

Las vitorianas, recién proclamadas campeonas de Euskadi junior con el Araba, combinarán estudios y baloncesto en su aventura en EE UU

Olga Jiménez
OLGA JIMÉNEZ

Cuatro jóvenes vitorianas emprenden una aventura académica y deportiva en EE UU. La posibilidad de compaginar estudios y baloncesto ha resultado determinante en la decisión de estas jugadoras del Araba, club con el que se proclamaron, esta pasada temporada, campeonas de Euskadi en categoría junior, el mejor broche a su trayectoria.

Nos citamos en la remodelada cancha de baloncesto urbana del vitoriano barrio de El Pilar. El suelo y las canastas con mil colores le dan un aire aún mas juvenil. Rezuman ilusión. No es para menos. Nahia Urturi, Clara Fernández de Trocóniz, Silvia Lasarte y Montse Gutiérrez quieren seguir los pasos de otros tantos jóvenes que deciden cruzar el Atlántico en busca de nuevas experiencias, un futuro prometedor y una opción de progresar deportivamente. Ese paquete es inviable en España, tal y como está estructurada la formación académica universitaria. En el país que gobierna el histriónico Donald Trump, eso sí es posible. «En EE UU te dan muchas facilidades. Y era la mejor opción», coincide nuestro póquer de protagonistas.

Nahia estudiará bioquímica en Ohio Valley University, donde jugará en la NCCA 2, la segunda división del basket universitario. «El baloncesto es un hobby. No me lo planteo como profesional. Echaré de menos a mi familia, amigos, pero soy consciente de que estaré viviendo una gran oportunidad», asegura convencida.

En Texas A&M International University, Clara estudiará Química y también competirá en el segundo escalón universitario. «Quiero seguir compaginando mis estudios con el baloncesto y conocer gente nueva, otras culturas. Quiero vivir la experiencia a tope», explica con alegría. Silvia, por su lado, se debate entre Bioquímica o Biología molecular, aunque el destino ya lo tiene decidido: será el Rollins College en Orlando, donde con sus 186 centímetros probará suerte en la NCAA 2 sin saber aún qué nivel encontrará o si acabará reciclándose a otra posición. Tiene claro que el baloncesto ha sido el mejor vehículo para poder lograr esa beca en una universidad norteamericana. «Es una experiencia única. Es un tren que pasa una vez. O lo tomas, o lo dejas. Hasta el último momento no sabía qué hacer. Tuve la opción de estudiar Medicina en España, pero me decanté por EE UU porque es una oportunidad también para conocer una cultura diferente, gente nueva», confiesa abiertamente.

«Es una experiencia única, un tren que pasa una vez. O lo tomas o lo dejas»

Montse es la única que disputará la Liga Junior College, una competición menos exigente. Lo hará con la universidad Eastern Wyoming College, donde se iniciará en su formación dirigida a un grado de Económicas. «Los dos primeros años son más generales y no hay que elegir una carrera concreta. Consideré que si iba a una liga muy alta, no iba a jugar mucho, así que me decanté por una competición menor para poder tener minutos. Quiero jugar, conocer gente nueva, cultura», explica con una sonrisa.

Abrir puertas

La felicidad se dibuja en los rostros de estas cuatro jóvenes dispuestas a atrapar sueños. El convencimiento de que saldrán mejor preparadas o que «el nivel de inglés será alto y nos abrirá puertas en nuestro futuro profesional» son argumentos suficientes para mirar hacia adelante sin amago de pensar en la distancia, los anhelos, la soledad, la falta de adaptación. «Echaremos de menos la comida», coinciden las cuatro. Nahia, las pencas rellenas de bechamel; Clara, la tortilla de patata; Silvia, las alubias de su madre, y Montse, el extraordinario embutido nacional. Son cosas que se piensan sin haber emprendido viaje. Una vez en el terreno, seguro que los inconvenientes se minimizan y que «todo compensará».

Otras experiencias de amigas y amigos cercanos avalan su decisión, consensuada con sus familias, que también harán un esfuerzo económico importante. «Somos amigas de Nerea Hermosa, pero ella tiene claro que quiere ser profesional y jugará en Georgia Tech en la máxima división. Nos alegramos mucho por ella después de conseguir el bronce en el Mundial sub'19». Sin dudas, firmes y plenas de ilusión, así afrontan estas cuatro alavesas una aventura vital única, ese tren que no podían dejar escapar.