Los sueños de toda una cantera

Mbomio, Bedia, Murua y Pereda, antes de un entrenamiento con el Araski. /BLANCA CASTILLO
Mbomio, Bedia, Murua y Pereda, antes de un entrenamiento con el Araski. / BLANCA CASTILLO

Las más jóvenes promesas del Araski piden paso y tratan de aprovechar las oportunidades que ofrece Made Urieta en el primer equipo

Olga Jiménez
OLGA JIMÉNEZ

Las jóvenes promesas del Araski piden paso. Las oportunidades que ofrece Made Urieta son aprovechadas cada temporada por las elegidas para entrenar junto al equipo de Liga Dia y, en algunos casos, debutar en la élite del baloncesto. La filosofía del club vitoriano lleva a la máxima expresión su esencia como club de cantera, con más de 300 niñas esta temporada. Izar Bedia, Irene Murua, Isa Mbomio y Sonia Pereda representan la ilusión y el futuro.

Sus rostros aniñados no esconden que son las benjaminas del grupo. En el centro de la cancha, escuchan con atención las indicaciones de Made Urieta. La entrenadora las trata por igual. En pretemporada, el trabajo se reparte y multiplica para una puesta a punto adecuada. En esa labor, el papel fundamental de las canteranas no brilla, pero sí cunde.

Estas jóvenes de entre 24 y 16 años, han acudido a la llamada del primer equipo sin pensarlo. Saben cuál es su sitio, los equipos de Primera Nacional y Junior, pero encuentran acomodo entre «las profesionales» mientras sueñan con que un día, ellas ocuparan ese sitio. El «sueño» pasa por las cabezas de nuestras cuatro protagonistas, aunque la realidad les sitúa en un presente de sacrificio y aprendizaje. Cuando Izar Bedia debutó en Liga Femenina hace dos años, los nervios se apoderaron del momento. «Fue ante Bembibre. No se me olvidará nunca. Me pudieron los nervios ante tanto público en Mendizorroza. Me llamó Made y salí a la pista a ayudar», rememora. A sus 24 años, es una pieza fundamental del equipo filial que milita en liga autonómica.

BLANCA CASTILLO

Con 16, Irene Murua se presentó al mundo del baloncesto nacional en un partido ante Perfumerías Avenida. «Imagínate, hacerlo ante unas grandísimas jugadoras. Además, estaba María Asurmendi que ahora es compañera. Una referente para nosotras». En su segundo año como junior en el club convenido Ointxe Araski, la jugadora nacida en Arrasate se ha ido familiarizando con la dureza de la Liga Femenina. «Recuerdo que ante Sant Adriá salí unos minutos y me tocó defender a Coulibaly. Era grande y fuerte. Lo pasé fatal», reconoce con inocencia.

«Ante Sant Adriá salí unos minutos y me tocó defender a Coulibaly. Era grande y fuerte. Lo pasé fatal»

El caso de Isa Mbomio ha sido un regreso esperado. Tras una grave lesión en su tendón de Aquiles, la jugadora de origen guineano ha vuelto a ser llamada por Urieta. «La lesión está olvidada y superada. Ahora me centro en la temporada con mi equipo y en lo que pueda ayudar al primero. Sería un sueño ser profesional», confiesa con timidez.

La benjamín del grupo es Sonia Pereda. Una base-escolta rápida e inteligente. Con dos timoneles como Izaskun García y María Asurmendi, cada sesión de entrenamiento se convierte en todo un clínic para esta jugadora de 16 años. «Es un orgullo que Made confíe en nosotras. Y un placer ver que en cada partido haya una jugadora de cantera y que tenga oportunidades de debutar o tener minutos. Eso te hace crearte unas expectativas».

«Concentración», la clave

La palabra clave en esta pretemporada es «concentración». Es el primer requisito para mantener el nivel de exigencia en cada sesión. «Es lo que nos pide Made. Que estemos en cuerpo y alma y que demos el cien por cien en cada entrenamiento. Es nuestra aportación para ayudar», coinciden las cuatro. Cuando en 2016 Araski ascendió de manera sorprendente a la máxima categoría del baloncesto nacional, en aquella primera temporada en Liga Femenina, hasta tres jugadoras vitorianas debutaron en la competición: Laura Pardo, Arrate Agirre y Cristina Molinuevo. En aquel equipo novato, estaban jugadoras como la guipuzcoana Ane Aldalur, que también vivió su primera experiencia en la élite, la navarra Irati Etxarri también debutante y la propia Marta Tudanca, que en Cáceres y Logroño tuvo la oportunidad de competir con las mejores.

Hoy, Izar, Sonia, Isabel e Irene representan el espíritu del club, definido como ADN Araski, donde el trabajo en la base constituye el foco y la prioridad de la institución. Ellas serán el futuro mientras viven con intensidad este prometedor presente.