Sara Ortega, jugadora del Araski

«Heredé de mis padres el amor al baloncesto»

Sara Ortega posa antes de iniciar un entrenamiento con el Araski./Igor Martín
Sara Ortega posa antes de iniciar un entrenamiento con el Araski. / Igor Martín

Esta vitoriana es embajadora de la ciudad como capital del deporte y no se imagina una vida sin la canasta

Olga Jiménez
OLGA JIMÉNEZ

Sara Ortega (Vitoria, 1994) nació con un balón de baloncesto bajo el brazo. Hija de Alberto Ortega, exjugador del Baskonia y Eva Sara Martínez de Santos, exjugadora del Gasteiz, su vida es una dedicación plena a este deporte. La vida la puso a prueba tras superar un cáncer linfático en 2015. Pero superada la enfermedad, es jugadora del filial de Araski y embajadora de Vitoria-Gasteiz Capital del Basket 2019 cuya escenificación este fin de semana reunió a centenares de aficionados en la plaza de España donde se visibilizó el contador que anuncia los días que restan para el comienzo de la Copa de la Reina. En ocho días, Mendizorroza se impregnará del mejor baloncesto femenino nacional con el Araski como anfitrión.

-¿Es una responsabilidad ser embajadora de Vitoria como capital del baloncesto?

–Estoy muy agradecida. Es una responsabilidad tanto para mí como para mi club, el Araski, porque tenemos que dar ejemplo y trasladar todos los valores que tiene el deporte y el baloncesto en particular a las generaciones más jóvenes. Es un compromiso para nosotras. Es un juego, pero también una forma de vida. La verdad es que ver a tantos y tantas niñas ilusionados con el baloncesto en la ciudad, bien con la Copa de la Reina y después con la Final Four, deja clara la trascendencia que tiene el basket en Vitoria y cómo va pasando de generación en generación.

–Tiene muy interiorizada la formación de la base.

–¡Claro! Porque es fundamental. Yo juego en el Araski de Primera Nacional pero también entreno a un equipo de niñas. Ambas cosas me las tomo de manera muy seria. Me llena mucho estar con las niñas, verlas tan entregadas, tan ilusionadas, como me pasaba a mí cuando era niña. Desde que tengo el primer recuerdo de cuando empecé a jugar, para mí ha sido más que un deporte. Por ejemplo, ver a mi hermano con 11 años tan implicado ya me encanta. Es curioso el compromiso que adquieren en edades tan tempranas.

–¿Cuánto daría por poder disputar unos minutos con el primer equipo del Araski en la Copa de la Reina?

–Buff, ni lo sabes. Creo que es un privilegio poder llegar a jugar una competición así. Te diré que ya entrenar con ellas en algunas ocasiones es un placer. Y jugar sería lo más. El año que ascendimos a Liga Femenina pude estar en la plantilla formando parte del cuerpo técnico, ya que estaba aún en proceso de recuperación del cáncer que sufrí. Recuerdo que cuando ganamos lloré mucho, de alegría y rabia porque no pude sumar en pista. Y ahora algo parecido, conozco a toda la plantilla, es un grupo espectacular.

–Una plantilla profesional, ¿va todo muy deprisa en el Araski?

–Es verdad. Excepto Cristina Molinuevo que sigue estudiando Medicina, el resto se dedica profesionalmente. ¡Quién nos lo iba a decir hace pocos años! Recuerdo que cuando desembarcamos en Liga Femenina 2, no era consciente de dónde estaba. Para mí seguía siendo mi pasión. Pero todo ha ido creciendo con el ascenso, la Liga Femenina y ante las mejores. Es brutal todo lo que se ha conseguido, tanto a nivel deportivo como mediático.

«Un aprendizaje brutal»

–Su padre Alberto Ortega, exjugador del Baskonia, su madre Eva Sara Martínez de Santos, exjugadora del Gasteiz..., ¿nació con un balón bajo el brazo?

–La influencia de mis padres ha sido total. De ahí mi pasión por el baloncesto y vivirlo tan intensamente. No me imagino mi vida sin el baloncesto. Seguro que si tengo hijos, ellos también heredarán este amor. De la misma manera que yo lo heredé. Aún no he visto muchos vídeos de mi padre en el Baskonia, pero en los que he llegado a ver, me encanta esa garra y ese carácter que ponía en la pista. Y mi madre era una jugadora con mucha calidad que destacaba en muchas facetas del juego.

–Es inevitable que se lo pregunte. ¿Tiene olvidada ya la enfermedad?

–Un cáncer nunca se olvida, pero las últimas revisiones son todas positivas. Ha sido un aprendizaje vital. La vida te cambia. Ahora solo quiero vivir con intensidad todo. Este año me siento plenamente recuperada porque físicamente la quimio te debilita mucho. Muscularmente he recuperado y estoy intentando ayudar todo lo que puedo a mi equipo.

–¿Un pronóstico para la Copa de la Reina?

–Yo solo digo que sí se puede y que hay que creer. Esto es un juego, a priori con favoritas y equipazos, pero pueden ocurrir sorpresas. Lo fundamental es disfrutarlo en Mendizorroza, que parece que se va a llenar y eso va a ser espectacular. Nos esperan cuatro días intensos de baloncesto femenino en Vitoria. Hay que disfrutarlo.