Unamuno en Hendaya: destierro, política y poesía
De 1925 a 1930. ·
El filósofo bilbaíno continuó su obra literaria y desplegó su activismo político en la ciudad vascofrancesa con el apoyo de Eduardo Ortega y GassetMiguel de Unamuno (1864-1936) fue uno de los pensadores más influyentes en la vida pública de España y uno de los intelectuales más conocidos y respetados en la Europa de su tiempo. Sus ansias de inmortalidad, que le llevaron en tantas ocasiones a la angustia y el ensimismamiento, no impidieron, antes bien alentaron, su creación, tanto en el pensamiento como en la poesía, la novela (nivola) y el teatro. Y, por si fuera poco entretenimiento, continuó con la acción y la crítica política. Su deseo de trascender queda patente en su filosofía, que para Antonio Machado era guía de pensamiento y conducta frente a las cuestiones más candentes de la vida social de España.
Unamuno es, como recordó Elías Díaz, uno de los pilares en la reconstrucción de la razón en tiempos convulsos. Por encarar la conducta del poder, en la monarquía alfonsina coaligada con el ejército, sufrió destierro y exilio. Ante sus críticas a la corrupción de los gobernantes, fue desterrado en Fuerteventura, donde un museo recuerda hoy su paso por la isla. De allí surgió su libro de poemas 'De Fuerteventura a París', lugares de un trayecto donde se apoya para recalar en la fronteriza Hendaya. En los cinco años en que vive, y se desvive, en esta ciudad francesa, donde pudo jugar al mus y hablar euskera, practicar el francés y recibir a amigos y algún que otro enemigo, vigilado por la Policía española, el filósofo bilbaíno escribió una obra literaria que hoy sigue atrayendo a los estudiosos de las universidades de Europa y América. Con motivo del centenario de su llegada, Hendaya ha sido lugar de encuentro de profesores e hispanistas. También ha acudido a estas jornadas Adela, nieta de Eduardo Ortega y Gasset, el político, intelectual y amigo, hombre bondadoso y de una generosidad probada, que ayudó a don Miguel en lo material, en lo político y en la intelectual.
La casa de la familia Ortega y Gasset -el hermano mayor del filósofo José- era el asidero de los momentos en que Unamuno encontraba el cobijo y el afecto que le faltaba. Don Eduardo, el político y mentor del advenimiento de la II República, era considerado como «santo laico» para destacar la proverbial generosidad de este periodista y político republicano. Había partido al exilio en Francia, perdida la guerra en 1939, y tras haber padecido atentados muy graves contra su familia. Residió un tiempo en Cuba y posteriormente partió a Venezuela, donde falleció en 1965. La distancia ha contribuido a que la memoria de este intelectual haya permanecido silenciada en la historia cultural y política española, pese a su decisivo papel en la II República.
Don Eduardo asumió, en los primeros instantes de la proclamación del 14 de abril de 1931, el puesto de Gobernador Civil de Madrid. Animado por su amigo Miguel Maura, se presentó en la Puerta del Sol, alegando ser el nuevo gobernador y pidiendo que todos los mandos policiales se pusieran a sus órdenes y al lado de la causa republicana.
El encargo, que luego le llevaría a ser diputado y Fiscal General de la República, respondía a su protagonismo en la conciencia republicana, sobre todo con el documento que presentó en 1930 en el Ateneo de Madrid, una vez vuelto del exilio hendaiarra. Si estuvo los cinco años al lado de Unamuno, también cruzó con él la frontera, parando el tren en Irún, donde las autoridades republicanas acogieron con fervor la vuelta de los dos exiliados, aplaudiendo las intervenciones de ambos en la estación.
La inspiración de la República
Aquel proceso cultural y político ha sido estudiado de manera dispersa por diversos autores, pero ahora acaba de presentarse, y calificada con la mayor nota, la tesis doctoral de Carlos Sánchez Tárrego en la Universidad de Alicante, la más completa biografía del mayor de los Ortega y Gasset. Así, se confirma cómo don Eduardo y Unamuno desplegaron una crítica constante contra Primo de Rivera y Alfonso XIII, primero, en la revista 'España con honra', después, en la revista 'Hojas libres', esta editada ya enteramente en Hendaya y escrita al alimón por ambos intelectuales. Tanto en sus artículos como en sus dibujos y caricaturas, Unamuno satiriza la conducta corrupta de los gobernantes españoles, que le tendieron muchas trampas intentando que volviera del exilio, pues la imagen del poder quedaba en muy mal lugar en Europa con las invectivas y críticas de los exiliados. Como señaló el periodista Artemio Precioso, que colaboró en el empeño, esta revista fue «la única fortaleza desde la que se cañoneó a la dictadura». Entre estos republicanos críticos sobresalía con los anteriores Blasco Ibáñez, escritor y político, famoso en Europa y también en el Hollywood de su tiempo.
Unamuno y el futuro
La memoria de Unamuno está en sus obras. Su ciudad natal, que no acaba de resolver su relación con el filósofo, dedica un día al año a recordar con algún acto a uno de los pensadores más insignes de todos los tiempos. Hendaya estuvo tentada a crear un centro de estudios del pensamiento y la palabra en los años noventa, con la insignia y el nombre de Unamuno. Sus libros y estudios sobre su obra son constantes. La Universidad de Salamanca cuenta con el tesoro documental más importante para estudiar al vasco universal.
La Cátedra Miguel de Unamuno de esta universidad de sus amores publica la revista de estudios 'Cuadernos', que recoge trabajos y artículos de especialistas como Ana Urrutia, profesora en la Universidad de San Francisco, y el matrimonio francés Rabaté. Asimismo, un grupo de entusiastas, fundamentalmente bilbaínos, ha resucitado en su ciudad natal la Asociación de Amigos de Unamuno, creada en 1986 por inspiración de Ángel María Ortiz-Alfau, que ha pasado a llamarse ahora Asociación Unamuno Elkartea. Larga vida al proyecto.