'La víctima número ocho', final con cabos sueltos para una posible segunda parte

'La víctima número ocho', final con cabos sueltos para una posible segunda parte

La serie creada por ETB y Telemadrid tiene un desenlace inesperado

Joseba Fiestras
JOSEBA FIESTRAS

Si aún no ha visto el último capítulo de 'La víctima número ocho', mejor que no siga leyendo porque las siguientes líneas contienen spoilers a saco. El que avisa no es traidor. La primera temporada de esta serie (uno de los descubrimientos del año) finalizó dejando numerosos cabos sueltos y, sobre todo, con un desenlace inesperado (y no por eso poco veraz). No suele ser habitual que ganen los malos en las ficciones patrias, pero en esta vida, por desgracia, esto resulta más cotidiano. La historia comenzó apelando a los prejuicios sociales que nos llevan a pensar en falsos culpables y alientan el racismo, en más de una ocasión desde los medios de comunicación (muy expuestos en esta producción). Con ese punto de partida hemos viajado abriendo los ojos y descubriendo que no todo es lo que parece.

El periplo nos ha descubierto a una pareja de intérpretes brillantes: César Mateo y María de Nati. Su juventud no merma su talento y el trabajo que han realizado ha ido creciendo capítulo a capítulo. Igual que el de los escritores, que nos asombraban con sus giros de guión y ataban cabos que parecían imposibles logrando una trama interesante y, sobre todo, muy entretenida. Y al final ganan los malos. Cierto que el peor de todos (por violento) sale mal parado, pero la ficción nos deja un sabor agridulce al soltarnos que los poderosos saben cómo salir indemnes y las autoridades cuidan más su imagen que al pueblo. Y si hay que meter en la cárcel a inocentes para evitar una mala imagen, pues al trullo con ellos. A fin de cuentas es más creible un ataque terrorista que una conspiración en pos del poder. Es ficticio, sí, pero da qué pensar.

Lo bueno de un final así es que parece que queda historia para rato. Si no hay continuación, el colofón sirve para cerrar heridas. Pero las puertas están abiertas para que las tramas sigan desarrollándose y una segunda parte sustentada en tejemanejes políticos y turbios intereses gubernamentales puede dar mucho de sí. En 'Homeland' empezaron con una narrativa y, cuando creímos que continuarla era estirar demasiado la cuerda, nos dieron un zasca de aúpa contándonos otras visiones que han resultado tan interesantes o más. En definitiva, cabe alabar de nuevo la unión de dos televisiones autonómicas (ETB y Telemadrid) para sacar adelante un proyecto osado que ha demostrado que la calidad está al alcance de todos cuando hay una historia bien encaminada, una puesta en escena más que digna y un cásting sobresaliente.

Naturalmente, cabe felicitar a Marc Cistaré, creador del serial, y a Mediapro, productora del mismo. Y rogarles a todos que vuelvan a ponerse de acuerdo para continuar con la ficción, aunque haya que cambiarle el nombre porque víctimas, visto lo visto, hay más de ocho.