La pareja vasca, a un paso de la ruptura en 'Masters de la reforma'

La pareja vasca, a un paso de la ruptura en 'Masters de la reforma'
Antena 3

«No quiero verte en mi puta vida», gritó Iratxe a José llorando. El dúo se reconcilió y, al final, los gemelos fueron los expulsados del concurso

Joseba Fiestras
JOSEBA FIESTRAS

Dicen que los vascos tienen carácter indómito, y la pareja que se disputa 'Masters de la reforma' hicieron gala de ello en el último programa. Si es cierto que los que discuten se quieren, José Arroyo e Iratxe Martín se profesan amor eterno, a tenor de sus continuos altercados. Y lo malo es que el temperamento del vizcaíno enerva no solo a su chica, también al resto de concursantes. Un intercambio de parejas no parecía lo más recomendable para propiciar el buen rollo y los jueces, que se deben al espectáculo, tomaron la decisión de trocar los dúos generando altercados a tutiplén.

Las nuevas parejas comenzaron su periplo replicando una silla a partir de un tablero de madera, y la cosa, que parecía sencilla, se complicó para algunos. Maite y Naomí hicieron un trabajo «impresentable», a juicio de Tomás Alía, Carolina Castedo y Pepe Leal, que dieron por ganadores a Iratxe y Alex.

Una vez escogidos los jefes de cuadrilla, y aún con las parejas cambiadas, los equipos se desplazaron hasta el municipio cántabro de Polaciones, un lugar donde sus vecinos tienen que adaptarse constantemente a los cambios climáticos. Allí, ambos bandos afrontaban una prueba muy importante para los vecinos del lugar: reformar su colegio rural, evitando así que los niños se desplacen a otro centro, que está a más de una hora del pueblo. Los encargados del interior debían levantar una pared para crear dos espacios, un aula para dar clase y una sala para todo tipo de actividades. Además, tenían que poner un nuevo suelo en toda la planta, pintar las paredes y las ventanas, cambiar el baño, acondicionar la entrada e instalar la iluminación. Los de fuera tampoco lo tenían fácil, debían pintar toda la fachada, arreglar las ventanas, instalar un canalón y una bajante para recoger el agua, cambiar la iluminación e instalar una valla de madera que rodeara el patio. Y como los infantes deben jugar seguros, los peones también debían nivelar el suelo para hacer una zona de juegos con columpios y canasta, con superficie de caucho.

Iratxe, Alex, José, Elisa, Naomí y Maite vistieron de verde para encarar la labor exterior, mientras Antonio lideraba al equipo azul formado por Silvia, Iván, Jessica, Paco y Albert. Y con el trabajo llegaron las broncas. Albert y Paco hicieron piña contra su capitán, al que le pusieron en graves aprietos. Pero la trifulca importante la tuvieron los verdes. «Estoy hasta el moño de ser buena», se lamentaba Iratxe ante la actitud de algunos de sus compañeros, aunque lo que más le dolió fue la falta de apoyo de su chico. José se encaró primero con Maite. «No puedo con él, es una persona oscura y turbia», argumentó ella dolida. Y el clímax estaba por llegar. Una vez acabada la obra, Iratxe estalló contra su pareja. «Ese puto corazón de hielo que tienes es inaguantable», le dijo al vasco antes de recordarle que ella había acudido al programa por él. «No quiero verte más en mi puta vida», zanjó la vizcaína al tiempo que abandonaba la escena llorando.

Manel Fuentes trato de quitar hierro a las broncas aconsejando que no se llevarán los enfados a casa. Al final, los de Bilbao enterraron el hacha de guerra y se fundieron en un abrazo. El que su equipo ganara la prueba ayudó a limar asperezas. Fueron los azules los que recibieron la condena de los expertos. «Tenéis matrícula de honor en chapuzas», valoró el jurado con decepción. Así, Silvia y Maite, Paco y Jessica, Iván y Albert y Antonio y Elisa se jugaron la eliminación. Todos ellos recibieron un encargo de un cliente muy especial. Lorenzo Castillo, uno de los mejores interioristas del mundo, retó a los aspirantes a crear un cuarto de baño con una temáticas diferentes y ajustándose a un presupuesto máximo de 4.500 euros. El experto dictaminó que el proyecto de Maite y Silvia era el mejor, salvándolos de la quema. A los gemelos les tocó diseñar un baño minimalista y se lo tomaron tan a pecho que acabaron antes de tiempo y se dedicaron a jugar, uno sentado en el retrete y el otro, metido en la bañera. Y su actitud enervó a los jueces que decidieron expulsarlos, «por falta de interés», dictaminaron.