las memorias de idhún

las memorias de idhún
José Enrique Cabrero
JOSÉ ENRIQUE CABRERO

Siempre me ha impresionado la gente que consigue trabajar en grandes producciones audiovisuales de Hollywood. Personas de aquí, de España. Son historias que solemos contar con cierto orgullo, con cierta admiración por el éxito alcanzado. Recuerdo una conversación que tuve con un profesor de dibujo, en el colegio. Fue el día en que descubrí que las grandes sagas que me apasionaban ('La Guerra de las Galaxias', 'Spider-Man', 'Bola de Dragón'...) eran patrimonio del extranjero. Algo demasiado grande para hacerse aquí, donde nos teníamos que conformar con un papel espectador. Aquel día le pregunté al profesor dónde se hacían esas historias. «Demasiado lejos», respondió.

«Lejos». Yo, que era un niño cargado de sueños, entendí que era una respuesta injusta. ¿Cómo era posible que todas las cosas que me gustaban se hicieran lejos? ¿Toda la gente capacitada para crear esas historias nacían lejos? ¿No había nadie cerca? ¿Nadie a mi alrededor podría nunca ser referencia mundial por su talento contando historias?

El tiempo ha pasado y, por suerte, las distancias ya no son lo que eran. Mirar a Hollywood o a Japón o a Londres como únicos focos de la creatividad es un absurdo. Ahora los focos están por todas partes, también aquí. Y al igual que me impresionan esas historias de españoles que están dirigiendo películas para Disney, me conmueve profundamente que, al fin, se preste atención a la imaginación que se destila en España. A gente como la escritora Laura Gallego, referencia de la fantasía en nuestro país, que lleva años dando vueltas a la posibilidad de llevar a la gran pantalla su saga 'Las memorias de Idhún'. Vueltas que terminaron esta semana con el anuncio de que Netflix iba a convertir las novelas en una serie de animación.

No quiero comparar. No es necesario. Ni Laura Gallego es George R. R. Martin ni viceversa. Pero la sola idea de que se convierta en un nombre de referencia internacional, que sus historias inspiren a otros, que sus memorias crezcan, me encanta. Tal vez, los profesores de dibujo tengan ya otra respuesta. Una más cercana.