caricatura presidencial

caricatura presidencial
Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Caricaturizar una presidencia que ya de por sí resulta caricaturesca es una empresa, de partida, encomiable. Porque, admitámoslo, el sujeto en cuestión parece una parodia de sí mismo, hasta el punto de que cuando le vemos lanzar una de sus soflamas contra los inmigrantes, la prensa o el libre comercio ya no sabemos si estamos contemplando a Alec Baldwin en el 'Saturday Night Live' o es el propio comandante en jefe quien realiza una pantomima del ex de Kim Basinger burlándose a su vez de los desmanes de quien tiene la potestad de apretar en cualquier momento el botón nuclear. Es lo que tiene vivir en la 'era Trump', que la realidad supera, con mucho, a la ficción.

Quizás sea por ello que 'Animado presidente' me deja un tanto frío. Esperaba más de la producción facturada por Showtime y que aterrizó la semana pasada en la parrilla de Movistar Series Xtra. Entre otras cosas porque detrás de la misma se encuentra Stephen Colbert, el ingenioso y corrosivo sucesor del legendario David Letterman al frente de 'The Late Show', convertido en azote de los republicanos. Pocas voces se han mostrado tan mordaces y certeras a la hora de enmendar la plana a la camarilla de antediluvianos comentaristas conservadores que nutren el ideario -es una hipérbole, claro está- de quien sienta sus posaderas en el Despacho Oval.

Anhelaba una suerte de 'Padre de familia' o 'Los Simpson' trasladado a la esfera política, pero, aunque indudablemente cuenta con gags ingeniosos, a 'Animado presidente' le falta malicia para estar a la altura de las expectativas generadas. Se ceba con ultramontanos personajes como Stephen Miller, uno de los más estrechos colaboradores de Trump y figura clave de su política migratoria, y se refocila en la falta de luces de Eric, el tercero de los hijos del mandatario, pero de éste ofrece un retrato blandengue que termina por humanizarle. Si no fuese porque al cambiar de canal nos toparemos tarde o temprano con el auténtico Trump, hasta podríamos empatizar con su caricatura. Y eso sí que tendría delito.

 

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