Cacerolada y 'pitos' contra Alberto Chicote

Alberto Chicote./E. C.
Alberto Chicote. / E. C.

El chef arrancó su nuevo programa '¿Te lo vas a comer?' enfrentándose a la directora y los trabajadores de una 'peculiar' residencia de ancianos

Joseba Fiestras
JOSEBA FIESTRAS

Con naturalidad, arrojo y tratando siempre de mostrar las dos caras de la moneda arrancaba el nuevo programa conducido por Alberto Chicote. La alimentación en las residencias de ancianos era la columna vertebral de un formato ágil y necesario que destapaba casos inquietantes, injustos y hasta inhumanos. Un padre y una hija contaban cómo tuvieron que internar a la madre, enferma de alzheimer, en la residencia Bellavista, en Castellano de Moriscos, Salamanca. Entró en el centro el 28 de marzo y el 11 de abril salió en coma, deshidratada. La joven contaba cómo el médico le recriminó preguntándole cuántos días llevaba su madre sin comer ni beber. «Cuando pude reaccionar le dije que estaba en una residencia», explicaba la hija desolada ante un emocionado Chicote. La mujer falleció porque sus riñones no funcionaban y cuando fueron a pedir explicaciones al centro, sus responsables se negaron a entregarles los informes médicos. Todo acabó en una denuncia que sigue en el limbo.

El chef, micrófono en mano, acudió a hablar con la directora de la residencia, pero ésta prefirió huir. Varias extrabajadoras del lugar declararon que la carne que cocinaban a los residentes procedía directamente de la granja del dueño, «llegaba en bolsas de basura», acusaban. «Y teníamos que completar la leche con agua porque si no no llegaba», informaban al presentador. Una nueva intentona por parte de Chicote dio sus frutos y acabó entrando en la residencia, mientras un concejal del lugar le grababa con un móvil.

Negaciones, reproches y excusas sin pruebas hacían que Chicote incidiera en las acusaciones y acabara charlando por teléfono con el propietario. «Yo hablaré delante de un juez, usted es un entretenedor», anunciaba el ínclito sin dar la cara. El programa continuó visitando otras residencias en las que el trato a los ancianos era impecable y recopilando también quejas de otras latitudes. Y el escándalo alcanzó cotas surrealistas en su regreso a Bellavista. Esta vez le esperaban la directora y sus acólitos con silbos y cazuelas armando la marimorena al grito de «¡Chicote, fuera, ya no te queremos más!».

La sorpresa inicial se tradujo en indignación cuando varios operarios del centro 'secuestraron' a un anciano que protestaba contra ellos ante las cámaras. «No he visto nada más alucinante en esta vida», clamaba el comunicador temblando.

La siguiente escala fue en el Ayunamiento del pueblo, y hasta allí le siguiencon con la cacerolada. El alcalde no dio señales de vida y la cuestión se zanjó con la llamada a la gerente territorial de Servicios Sociales de Salamanca, que admitió que conocía las irregularidades y afirmó que están «manos a la obra» con ello. El nuevo espacio capta la atención del espectador con denuncias sociales con la comida como protagonista y el cocinero demostró que su talento en los fogones rivaliza con el don que tiene para transmitir y concienciar a la audiencia.

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