Ciencia y tecnología

Zoos, del exotismo a la ciencia

Zoos, del exotismo a la ciencia
MIKEL CASAL

Dos siglos después de la apertura del primero, su evolución ha sido enorme para conseguir que los animales vivan en un entorno parecido al natural

MAURICIO-JOSÉ SCHWARZ

El zoológico moderno cumple múltiples funciones científicas, ecológicas, de conservación y educación, además de ser fuente de asombro al dar al visitante la oportunidad de contemplar la enorme riqueza y variedad de la vida animal. Así lo hacen más de 10.000 zoológicos que en todo el mundo reciben a casi 700 millones de visitantes cada año… el 10% de la población mundial. Pero para ser lo que son hoy, estas instituciones tuvieron que evolucionar junto con las ideas y el conocimiento humanos.

En 2009 se anunciaba el descubrimiento del que es, hasta ahora, el más antiguo zoo conocido, en Hierakonpolis, Egipto, a orillas del Nilo. Allí se han encontrado hipopótamos, elefantes, babuinos y gatos monteses, además de uros y elefantes enterrados como personas, sobre lienzos de lino y acompañados con ofrendas.

Las colecciones de animales salvajes fueron comunes a lo largo de la Historia, ya fuera para conservar animales sagrados o para disfrute de los poderosos y muestra de su poder, fuera en las culturas mesopotámicas, China, Grecia, Roma o Mesoamérica, lugares donde los monarcas tenían zoos personales. Una de esas colecciones la estableció en el siglo XI Guillermo el Conquistador en Woodstock, cerca de Oxford, Inglaterra, y que luego fue trasladada a la Torre de Londres. Sin embargo, el público no pudo ver la colección real hasta el siglo XVI cuando lo permitió la reina Isabel I.

Fue en 1779 cuando se abrió al público el que desde 1752 había sido un parque real de leones en Viena, el Tiergarten Schönbrunn, al que siguieron zoos como la Casa de Fieras del Retiro en Madrid, fundada por Carlos III en 1770. En 1793, la Revolución francesa tomó posesión de las colecciones que mantenían los aristócratas franceses y las ubicaron en la Ménagerie du Jardin des Plantes, zoológico en el centro de París que aún está abierto. También en 1793, un empresario llamado Gilbert Pidcock abrió el primer zoológico privado en Londres. Pronto estos zoos empezaron a viajar para permitir a más gente ver a los animales pagando una entrada, y fueron los que inspiraron a los circos a complementar sus espectáculos con animales amaestrados.

Moscú y Londres

Pero el primer zoológico con una visión científica, de conocimiento más que de simple exhibición de animales exóticos para asombrar al público y no para informarlo, se instaló en 1806 en Moscú. El siguiente en esa línea fue el de Londres, que abrió sus puertas en 1828 a cargo de la Sociedad Zoológica, como resultado del interés creciente por la ciencia, y cuyos primeros animales provenían de la Torre de Londres, que clausuró su colección. Este zoológico abrió al público en 1847 para financiar, con las entradas pagadas por el público, el alto coste del mantenimiento y alimentación de sus animales.

Para 1907, algunos zoos se plantearon que mantener a los animales en jaulas de espacio limitado y totalmente distintas de su entorno era lesivo y el comerciante Carl Hagenbeck se propuso cambiar su diseño para situarlos en un entorno parecido al de su origen. Para ello, contrató a diseñadores que crearan espacios más amables, separados de la gente por fosos y no por barrotes, y a escultores que ayudaran a crear escenarios similares a los del medio natural.

La evolución de los zoológicos experimentó un salto con la creación de los 'parques safari', espacios abiertos pero cercados donde los animales viven en condiciones muy similares a las naturales y donde quienes están encerrados son, en todo caso, los visitantes. En 1963, el Parque Zoológico Tama en Tokio ofrecía la experiencia en autobuses acristalados. Tres años después, en Longleat, Wiltshire, Inglaterra, se fundó el primer parque safari donde la gente puede entrar con sus propios autos.

La creciente preocupación por el bienestar y los derechos de los animales animó un debate que desde 1970 está presente en la sociedad. En un punto intermedio entre las posturas más extremas los zoológicos, sus responsables y las legislaciones han ido estableciendo cada vez más claros y exigentes estándares para la conservación de animales en cautiverio. Así, a partir de la década de 1980 fue cayendo en desuso la obtención de animales capturados en su medio natural, y hoy la mayoría de los que vemos en los zoos han nacido en ellos.

Otro cambio relevante ha sido el 'enriquecimiento ambiental', donde además de permitir más espacio para que los animales tengan una vida más cercana a la de su entorno de origen, los alimentos se les presentan en condiciones similares a las autóctonas, por ejemplo arrojando las semillas en la hierba.

Algunos animales, como los pandas y los koalas, encuentran su esperanza de supervivencia en estas instalaciones. La hiperespecialización alimentaria de ambos (que solo comen bambú, los primeros, y brotes de eucalipto, los segundos) y la pérdida de hábitats han hecho que su reproducción se realice actualmente sobre todo en zoos. Un éxito de estos programas ha sido la reintroducción del cóndor de California a su hábitat natural después de criarse en cautiverio.

Los zoos juegan ahora un importante papel de conservación, cría e investigación que beneficia el cuidado del medio ambiente. Sin descuidar la educación, que comienza cuando un niño ve por primera vez la majestuosidad de algún animal asombroso a pocos metros de distancia.

El orangután de Darwin

En marzo de 1838, después de realizar su viaje en el 'Beagle', Charles Darwin visitó el todavía privado zoo de Londres y tuvo la oportunidad de ver por primera vez a un orangután y entrar en su jaula. Era una hembra a la que habían bautizado como Jenny. El naturalista le contaría en una carta a su hermana: «El cuidador le mostró una manzana, pero no se la dio, momento en el cual ella se tiró de espaldas, pataleó y lloró, precisamente como un niño maleducado». Un momento clave que influyó en la teoría que publicó 20 años después.