La mirada

Cosas de youtube

JESÚS DEL CAMPO

Acaba de salir Jean -Luc Mélenchon hablando de libros en el programa 'Livres & Vous' y quienes comentan en youtube esa entrevista tienden a coincidir en el placer de que un hombre de cultura sea también un animal político. Es raro eso, dice alguien. ¿Se quejarán de vicio nuestros vecinos? Mélenchon muestra en la entrevista el dominio expresivo y la solidez intelectual cuya ausencia –felizmente– se penaliza en Francia; se expresa con fluidez y sabe relacionar su experiencia vital con los postulados políticos que defiende. La perseverancia francesa en mantener un listón de dignidad cultural en la vida pública siempre me recuerda al libro 'París Francia' de Gertrud Stein en que la autora afirma que fue Francia quien mejor preservó la latinidad; es una tesis tan brillante como incontestable. Italia, centro del Imperio, ha dado cabida al lenguaje en el que el descaro predomina sobre el sentido de la palabra; sin tener constancia de esa desolación no te explicas quién manda allí. Y en Hispania se hizo evidente, y con reiteración penosa, que es posible llegar al Congreso con un lenguaje histriónico que, cuanto más leídos nos pille, más inadmisible será. Esas cosas que la gente dice en youtube tienen un punto de interés social. En otro vídeo, este más viejo por tratarse de un concierto de Neil Young en la BBC hace casi cincuenta años, quienes comentan la actuación del canadiense se admiran del silencio del público y celebran que entonces no hubiera móviles para grabar nada. En eso, como en la solvencia de Mélenchon, hay una sutil lección de historia. Neil Young da ese concierto a palo seco, sin más compañía que la de su guitarra, su piano y su armónica. Esa seriedad inocente y ajena al efectismo que luego nos caería en avalancha –así en la música como en otros tantos ámbitos– tiene un punto de subversión porque deja en evidencia un proceso de declive. Llegaron a la música el estruendo y la impostura en la misma ola histórica que trajo al debate público la impunidad de la expresión soez. Sin saber eso nos quedamos en la higuera. Quienes celebran los reflejos de Mélenchon y quienes alaban la atmósfera del concierto de Neil Young hablan de lo mismo. Hablan del decoro en el arte y de la resistencia a caer en una sociedad gregaria y carente de vigor crítico. La importancia de la palabra es tal que se impone a la supuesta afinidad de ideas que pudiera haber en diversas franquicias políticas en distintos países: quien se expresa bien convence. Y quien no, no. El próximo verano darán Neil Young y Bob Dylan un concierto en Hyde Park. Habrá móviles, claro, pero algo es algo.