Lecturas

«Vivimos una vida que no permite el amor tampoco»

El escritor Isaac Rosa, fotografíado en Bilbao. / MAIKA SALGUERO
El escritor Isaac Rosa, fotografíado en Bilbao. / MAIKA SALGUERO

«Cuando termina una relación, comienza la batalla por el relato», dice el autor de 'Feliz final'

ELENA SIERRA

Isaac Rosa (Sevilla, 1974) siempre se ha aproximado a la escritura desde la reflexión sobre el momento económico, social, político que vivimos. Así han ido surgiendo títulos como 'El país del miedo', 'La mano invisible' y 'La habitación oscura', en los que trataba de dar respuesta a preocupaciones colectivas (la crisis, el miedo, el trabajo, las angustias de la vida moderna). El último no iba a ser menos, aunque en apariencia trate un tema tan íntimo y personal como el amor. 'Feliz final' (Ed. Seix Barral) invita a pensar en el buen amor y a rediseñar el imaginario amoroso a partir de la ruptura de una pareja.

– «Una separación es sobre todo la pérdida de un relato común». Y qué importante es ese relato...

– Una relación es en sí un relato al que llegan dos personas que tienen cada una su propio relato y lo ponen en común, empiezan a contarse juntos hasta que eso se quiebra. Y por eso cuando termina la relación comienza una batalla por el relato, por ver quién cuenta, o más bien quién recuenta lo que ha sido la relación y quién decide cuál ha sido la causa y quién reparte las culpas.

«Vivimos en una intemperie social y pensamos que el amor será un refugio seguro»

– ¿Diría que esta novela es distinta a las anteriores? Usted había escrito hasta ahora sobre cuestiones públicas, sociales, políticas.

– Esta es una novela muy diferente a las mías, está armada con materiales muy distintos, mucho más emocionales, más íntimos. Pero hay una continuidad y una coherencia con mis libros anteriores porque no deja de ser otra forma de buscar cómo contar lo que nos está pasando, de mirar al tiempo que vivimos. En este caso, lo hago desde la esfera más íntima y desde donde no pensamos que se puede contar. Normalmente buscamos en el mundo laboral y en lo social esa interpretación e imagen de nuestro tiempo. Y sin embargo yo creo que mirando precisamente a esa esfera más íntima, al malestar amoroso, que está muy extendido, acabamos viendo y entendiendo mejor el malestar social en el que vivimos.

Camino a lo social

– ¿De qué idea parte?

– La idea que me ha acompañado durante todo el libro es la de la socióloga francesa Eva Illouz, que ha escrito desde el amor yendo a lo social. Ella dice que el amor, las relaciones, son un microcosmos privilegiado para ver y entender los procesos de la modernidad. Parto de ahí para ver qué hay en ese malestar amoroso, que identificaba en mí mismo y en mi entorno, que me ayude a entender lo que nos está pasando. Si la pregunta del libro es por qué nos queremos mal, la respuesta es porque vivimos mal, porque vivimos una vida que no permite el amor tampoco.

– ¿El amor no es el oasis que nos han dicho que es, también está marcado por la época que vivimos?

– Cargamos el amor de expectativas porque esperamos que sea la respuesta, la solución, que sea lo que individualmente nos permita autorrealizarnos, lo que nos asegure cierto valor como personas, lo que nos dé seguridad y la felicidad (entre comillas). Pensamos que es lo que nos va a salvar, y a hacernos sentir menos solos en esta soledad en la que vivimos en los últimos tiempos. En esta intemperie social pensamos que el amor va a ser un lugar seguro, un refugio... Y acabamos relacionándonos de tal manera que el amor acaba convertido en un espacio más de intemperie.

– En la que funcionan todos los mecanismos del mercado y de las modas, se señala en 'Feliz final'.

– Sí, yo quería ver cuánto de esta vida que llevamos –de nuestras relaciones sociales– se filtra en lo amoroso. Tiene que ver con lo económico, con las condiciones materiales –que son aquí fundamentales como en todo: en el amor, en conservarlo, y en el desamor–, y tiene que ver con estas vidas aceleradas y ansiosas que llevamos, marcadas por la insatisfacción, por la decepción permanente, por la obsolescencia, por todo eso que está en nuestras vidas.

– Le habrán dicho que es muy feo hablar del amor en esos términos...

– De lo que me he dado cuenta durante la escritura, ya que he podido hablar mucho con los amigos sobre ello, es de que todo el mundo quiere contar sus experiencias. Hemos hecho mucha tertulia y terapia. Y para comprobar mis intuiciones, he pasado muchos cuestionarios a gente de mi entorno. Y además, se han unido a la conversación personas que no conocía y que se habían enterado y querían participar. Lo que me llega es que ese malestar amoroso existe y que hay muchas ganas de hablar, como una puesta en común para compartir lo que está pasando y para poder encontrar respuestas. El problema no eres tú, o no solo tú, no solo te pasa a ti, no es que tú ames mal y seas un fracaso amoroso: tiene mucho que ver con la vida que llevamos.

– El amor será de los temas más tratados, ¿pero tal vez no desde la perspectiva correcta?

– Es que es de los temas en los que más nos encerramos, con esa idea de la relación amorosa que sigue siendo la de la pareja que se mira a lo ojos, y que si uno mira para otro lado, ya todo parece que se derrumba, que no se sostiene. No sabemos cómo hacer habitable el día después. Es verdad que del amor acabamos hablando todos, pero dentro de ese círculo, el de la pareja, y es lo que hacen los protagonistas de esta novela. Buscan las palabras dando vueltas en torno a sí mismos. Intentan contarse y recontarse pero no son capaces de salir de ahí.

– Ha realizado cuestionarios. ¿Ha sido la novela con más investigación?

– Ha sido muy diferente. En las otras pesaban más la documentación y las lecturas, a veces también alguna entrevista, y en esta, más que investigación, ha sido una conversación amplia a la que se ha unido mucha gente que me ha abierto el corazón, nunca mejor dicho. Es una novela muy hablada y muy bien acompañada.

– ¿Hay conclusiones?

– No da respuestas, deja esa pregunta de cómo podríamos querernos mejor ante este fallo sistémico de nuestras relaciones amorosas. Y es una puesta en común, para pensar cuál sería ese amor bueno, ese buen amor, ese otro imaginario amoroso del que tanto hablamos y aun no sabemos cuál puede ser. No es que cada uno tenga que pensar el amor que quiere, sino que creo que es un proyecto como sociedad.

 

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