Artes plásticas

Vive rápido y
muere joven

G. E.

El arte puede convertirse en un abismo en el que se precipitan los más débiles, aquellos que apuestan por el esquivo éxito y nunca resultan agraciados por el beneplácito de crítica y público. El rechazo o la indiferencia, la miseria y la enajenación, constituyen algunos de los peligros vinculados a la condición de creador, tan frágil. La historia de la música contemporánea aparece repleta de casos fatales en los que fecundas carreras se frustraron por una muerte temprana. El 'club de los 27' no sólo engloba a músicos de la talla de Kurt Cobain, Jim Morrison, Janis Joplin o Amy Winehouse, sino que tiene precedentes terribles en algunas de las figuras de la pintura universal como Masaccio, pintor del Quattrocento que pudo ser envenenado.

El amor, el alcohol, la desesperación y las drogas, se convierten en un combinado letal, pero, a veces, los artistas son víctimas de su tiempo, como otros muchos. Tal es el caso de Egon Schiele, otro miembro de esta extraña cofradía, que pereció a causa de la epidemia de 1918, o August Macke, abatido en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. La guerra también se cobró la vida del guipuzcoano Nicolás de Lecuona, excepcional representante de las vanguardias históricas en nuestro país. Su muerte, a los 23 años, ni siquiera permite atisbar su evolución.

Brian Ferry, un esteta de la canción, ya reconoció este drama de quienes parecen sucumbir al reconocimiento, de aquellos que pagan un tributo excesivo por el favor del talento. 'Too fast to live, too Young to die', lamenta en los primeros versos de la canción 'Your painted smile'. Un corazón renqueante dejó de latir para Yves Klein y Piero Manzoni, dos autores que fallecieron en los años sesenta, lejos estéticamente uno del otro, pero compartiendo genialidad. Una década antes de que el brillo de Jean-Michel Basquiat alumbrara al mundo del arte, se apagó el irónico sentido monocromático de Blinky Palermo.

La misma exposición en la que se dio a conocer el joven mulato también sirvió de plataforma para la obra de otro muchacho de aspecto pálido e introvertido. Keith Haring también procedía del ámbito callejero y trabajaba sin bosquejos previos. Tan sólo sobrevivió dos años a su compañero y amigo. El sida, el mismo mal que se cebó con Félix González-Torres o Pepe Espaliú, truncó pronto sus aventuras personales y creativas.

 

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