Viñetas escandalosas y sermones
Bastien Vivès dibuja una ficción burlesca acerca de la experiencia de ser acusado de pedofilia, con la que defiende su arte
Juan Manuel Díaz de Guereñu
Sábado, 8 de noviembre 2025, 00:10
Apenas cumplidos los cuarenta, Bastien Vivès (París, 1984) se veía coronado como valor seguro de la historieta francesa. Había conseguido el éxito de ventas, el ... reconocimiento crítico y los premios más deseados. Lo logró con una obra abundante y variada, como autor solo o en diversa compañía, probando formatos y géneros, técnicas y maneras en blanco y negro o color.
También tuvo tiempo para escandalizar, ser demonizado, sufrir boicoteos y cancelaciones, con sus consiguientes apreturas económicas, y para comparecer ante un tribunal acusado de pedofilia y difusión de pornografía. Podían caerle cinco años de prisión y una cuantiosa multa.
El proceso judicial del caso Vivès tiene ya una sentencia: el 22 de mayo de este 2025, el tribunal se declaró no competente por cuestiones jurisdiccionales, sin entrar al fondo de la cuestión, para disgusto del dibujante.
Vivès ha dibujado viñetas que, sacadas de contexto y en copias agrandadas, sirvieron a quienes lo acosaban en público para afeárselas. Las extrajeron de 'La décharge mentale' y 'Petit Paul', obras publicadas en 2018. El dibujante niega todo atisbo de pedofilia, en vano. Un grupo de discrepantes enfurecidos le agredió. El festival de Angoulême le había propuesto una exposición retrospectiva de su obra en la edición de 2023, pero anuló el proyecto a causa de las protestas. Algunos querían borrarlo del oficio. Vivès defiende su libertad creativa al ejercerlo y dibuja y dibuja.
Sin embargo, Bastien Vivès tampoco cabe en el papel de víctima de intolerantes. Reconoció haber publicado bajo seudónimo comentarios denigrantes sobre la dibujante feminista Emma. Él mismo calificó el acto de «indigno».
Vivès ha publicado 'La verdad sobre el caso Vivès'. El título sugiere un contenido reivindicativo y quizá doctrinal, que el inicio de la obra simula, pero pronto se entrega a ficciones jocosas. Unos policías le conminan a asistir a un curso anti-pedofilia. No soy pedófilo, arguye. Si no asiste al curso, pedófilo, le replican. Siguen otros cursos, también voluntarios. Su mujer le aconseja que se deje de chistes y tonterías para no caerles mal, pero el protagonista no puede evitarlos. Es su naturaleza.
El cómic admite ideas, pero como a todo arte se le atragantan los sermones, que menguan su interés. La historieta con moraleja ofrece pobres resultados, no castiga ni redime. 'La verdad sobre el caso Vivès' se colma de absurdos, rumbo a algo más que cómico, siniestro. Y poco edificante.
Según Bastien Vivès, el militante que lo reprueba y le acosa es lo opuesto al artista: fe ciega frente al riesgo de explorar. Él sigue metiendo la pata, pues está en su naturaleza, pero su propensión a la guasa y su obra le sostienen frente a militantes y doctrinarios iracundos lanzados a la caza. Él prefiere sondear su arte con libertad y responsabilidad. Yo también lo prefiero ahí, sentado en su banqueta, que en un banquillo.
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