La vida móvil

Soberón muestra escenas de naturaleza./
Soberón muestra escenas de naturaleza.

Las sutiles piezas de Pilar Soberón sugieren una reflexión sobre la naturaleza

: G. E.

Pilar Soberón nos propone un viaje por la memoria y el inconsciente, un periplo que se favorece del declive de la luz, cuando otros ámbitos del individuo adquieren relevancia. La artista nos habla imaginarios colectivos, de grandes verdades construidas sobre ideas muy débiles, de la necesidad humana de hitos y límites. Pero su propuesta no se vehicula a través de obras contundentes de dimensiones físicas similares a sus ambiciosos objetivos. La sutilidad formal es su manera de hacer para proponer una reflexión sobre el origen de la vida que alterna la referencia a lo orgánico y la preponderancia de fríos azules, el mundo interior y el exterior, la vida macro y micro.

La realidad contemporánea y los mundos imaginados, también se simultanean en esta muestra llena de sugerencias, un itinerario que se despliega entre la imagen, la instalación y la escultura objetual. La naturaleza es el punto de partida para construir un universo simbólico y reflexionar sobre el ser humano y sus condicionantes. La primera instantánea evoca la regeneración, mientras que cielo y tierra, aire y agua se trastocan en otras imágenes contiguas que hablan de ríos y viajes mitológicos,

Alderanzteak

Pilar Soberón. Galería Vanguardia. Bilbao.

'La gran inversión' es la instalación sobre la que gira todo el proyecto expositivo. Sus elementos se antojan cuerpos ingrávidos que, por sus características, pueden remitirnos a tiempos primigenios. Las piezas, modeladas con el negativo de la mano y otras partes del cuerpo, evocan también otro espacio del individuo, una percepción de nosotros que incluye la materia y el vacío, y cambia la perspectiva desde la que nos observamos.

Nada es permanente. Cualquier mínima ráfaga de aire incide en la levedad de los elementos y la cambiante luz varía el cromatismo del conjunto, trastocando la percepción de un entorno estático. «Asumir los cambios constantes de la materia es aceptar cómo somos, que estamos sujetos a la transformación, aunque intentemos aferrarnos a planteamientos inmutables», defiende la autora «Los objetos tienen su propia dinámica, su propia temporalidad».

Esta exposición cuestiona la arrogancia del hombre en el planeta, pero también es una apelación a disfrutar de esas variaciones, de la riqueza de tonos que nos rodea. Damos un 'like' a un atardecer en Internet y olvidamos que estamos rodeados de cosas y estímulos interesantes».

 

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