Lecturas

El último cuaderno

Pilar del Río/J. R. Ladra
Pilar del Río / J. R. Ladra

Pilar del Río publica el diario de José Saramago en el año del Nobel, hallado por casualidad entre sus papeles

ITSASO ELORDUY

Veinte años después de aquel 8 de octubre de 1998, en el que Saramago recibió el premio Nobel de literatura, Alfaguara lanza una edición conjunta de 'El cuaderno del año del Nobel', último cuaderno inédito de José Saramago y 'Un país levantado con alegría', de Ricardo Viel, que rememora la satisfacción que produjo, no sólo a las letras portuguesas, sino a toda la población que habla la lengua de Camoes, la concesión del galardón máximo literario a un escritor portugués. «Un país levantado en alegría, aunque en realidad fueran muchos países los que estaban levantados en alegría», incide Pilar del Río, viuda del escritor, que fue también la traductora al castellano de buena parte de su obra.

«Veinticuatro horas de desconcierto, de emoción contenida, sabiendo todo, pero sin poder contárselo a José...» Pilar del Río narra en el madrileño café Comercial, «donde rodé una película», la ansiedad con la que vivió las horas previas a la concesión del Nobel a su marido.

«Este último libro de José apareció casualmente este pasado verano y no quiero ser reiterativa a la hora de describir aquel instante, pero cuando de madrugada estás buscando la confirmación de una fecha, entras en un archivo, que has visto mil veces, pinchas, se abre y aparecen los cuadernos 1, 2, 3, 4 , 5 ¿y 6?, la sorpresa fue mayúscula». Sorpresa porque el número seis correspondía a «un libro nuevo y fabricado» y hallarlo le produjo una sensación «muy emocionante». El destino jugó su cartas e hizo que el documento apareciera en vísperas del vigésimo aniversario del Nobel. «Todavía se me pone la carne de gallina rememorándolo y también recuerdo la cara de tonta que se me quedó en aquel momento». La presidenta de la Fundación Saramago necesitaba compartir aquel casual descubrimiento. «Pero a esas horas de la madrugada solo pude hablar con Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, que estaba en México».

El año sin premio

«Acordamos publicar el libro en octubre y hemos mantenido el secreto durante unos meses, pero ahora es ya una realidad. ¿Por qué ahora?» –se pregunta y responde a su vez Pilar del Río–. «Porque no hay premio Nobel este año, porque se le echa de menos y porque hay motivo y ¡ya está! Un brindis que se atribuye a los gitanos, levantar la copa y decir, ¡hay motivo!. Es un libro entrañable, lúcido e inteligente», añade, como José era, y el menos cotidiano de todos los publicados». Un libro estructurado en tres partes, que coincide en el tiempo y conmemora, a su vez, el décimo aniversario de 'El viaje del elefante'. Arranca el 1 de enero de 1998 y se extiende hasta el 8 de octubre, día que recibió la noticia de la concesión del Nobel».

Pilar del Río introduce a Ricardo Viel, director de comunicación de la fundación José Saramago y autor de 'Un país levantado en alegría'. El hombre que ha realizado un análisis a modo de reportaje, de retrato, de los días previos a la concesión del Nobel y que cumple la voluntad del autor, que pidió que se publicaran las cartas que recibió como agradecimiento al premio, que los lectores hicieron suyo. «Ha realizado una minuciosa investigación y selección, entre el millón de cartas que llegaron aquellos días a casa», explica Del Río. «Algunas muy particulares, porque se sumergían en la intimidad de Saramago y le hicieron meditar a cerca de su relación con los lectores». Todo ello derivó en una petición, la de que cuando no estuviera su esposa organizara, para publicarlas, las cartas absolutamente extraordinarias, documentos humanos de una profundidad, belleza y emoción infrecuentes, que le llegaron de todas partes.

«José Saramago reinó durante el año posterior al Nobel con la invisible banda cruzándole el pecho», explica Pilar del Río. Visitó varias ciudades de Portugal, entre ellas Azinhaga, su aldea natal. «Viajó por África, América y recorrió buena parte de Europa, y concedió una entrevista al 'Jornal de las letras', en la que habló de los cerca de cuatrocientos días durante los que vivió como una estrella de rock», constata Viel.

LUTO Y VIDA

«Nosotros hicimos el luto juntos, teníamos un pacto y acordamos que la vida debía seguir con fuerza». ¿Cómo era él?, pregunté a Pilar del Río. «Un hombre normal, con una conversación muy inteligente, antidogmático, irónico y con un enorme sentido del humor, que se tenía que cuidar para no caer en el sarcasmo, porque sabía que la ironía es hiriente». El escritor autodidacta que no cambió un ápice sus costumbres, que quiso compartir, y no pudo, hasta pasadas largas horas, el reconocimiento con Pilar y sus perros, Camoes, Greta y Pepe, en el Lanzarote de César Manrique donde levantó su nueva casa. «Teníamos un proyecto en común y la película 'José y Pilar' cuenta cual era ese acuerdo. Si yo moría, continuaba él y viceversa, con una actitud crítica ante la vida, aunque disfrutona, siempre». El carácter andaluz alimentaba la melancolía del fado.

Una nostalgia que resultó especialmente palpable cuando el escritor deambulaba solo por el aeropuerto de Fráncfort, después de recibir la noticia, invadido por una 'soledad agresiva' que nunca había sentido. Con la necesidad de compartir ese reconocimiento con Pilar, junto al olivo que vino de Azinhaga, en aquella casa blanca llena de libros y cartas. Cartas que su compañera guarda en la biblioteca familiar de la vivienda, situada en el municipio de Tías y abierta al público. Allí precisamente, en A casa, se reunieron, el pasado 6 de octubre, los presidentes de los gobiernos de Portugal y España, Carlos Costa y Pedro Sánchez, para celebrar la unión de los dos países, como sucedió en 'La balsa de piedra'.

Veinte años no es nada y bien está celebrarlo con energía. Esa energía que da la creencia en la capacidad del ser humano que escribió sus pensamientos y mantuvo con firmeza una actitud crítica ante la vida. Ese es el cometido de José Saramago, la resistencia literaria combativa.

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