Uno, dos, tres globos

Manuel Larrea, junto a una de sus obras./
Manuel Larrea, junto a una de sus obras.

La ironía invade las pinturas figurativas de Manuel Larrea Graham

G. E.

El humor nos redimirá. La sátira resulta indispensable en tiempos de crisis, de violencia, insidia y megalomanías, de políticos de verbo grandilocuente y masas seducidas por promesas imposibles. Banksy se ríe de un mundo cruel y su certera visión de nuestros fracasos ha dejado un poso. La ironía se ha convertido en una herramienta indispensable también en el mundo del arte para hacer una relectura crítica de una plástica pagada de sí misma.

La obra de Manuel Larrea Graham, autor mexicano de origen vasco, recurre a esa ironía sucinta y al papel de aluminio sintético para abordar el pasado y el presente, abordar tanto el dramatismo del manierismo barroco como la severidad de los cuerpos de seguridad, despojándolo de su grandilocuencia. «Los globos de foil se convierten en el personaje principal de mi obra», arguye y resulta evidente que el espectador no puede sustraerse a su despliegue multicolor. La galería Aldama Fabre ha regresado al panorama expositivo con una muestra de este creador, que ha gozado de una residencia en el mismo espacio.

FOIL

Autor:
Manuel Larrea Graham.
Fecha:
Hasta el 14 de febrero.
Lugar:
Espacio Marzana. Bilbao.

El impacto kitsch de esos elementos propios de fiesta infantil desbarata la presunta grandilocuencia de las composiciones, roba el protagonismo a imágenes voluntariamente arquetípicas e instala una incómoda sensación de ridículo. No hay una crítica directa, según el propio artista. Larrea Graham pinta rápido –«huyo de la tensa calma del óleo»–, y siempre se ha decantado por la figuración, aunque sin dejarse tentar por el hiperrealismo. «Me gusta que se vea el trazo pictórico, no quiero caer en el preciosismo», advierte.

La descontextualización proporciona múltiples sugerencias, desde el pop al muralismo y la poesía visual. Hay lugar para el barroco, pero también cabe el 'street art'. Este autor autodidacta es licenciado en Ciencias Políticas y llegó al arte tras una crisis personal que trastocó su trayectoria profesional. «Los pintores somos como pececitos que buscamos el brillo, difícil de plasmar, y se convierte en un reto, la sociedad también queda seducida por ese brillo, a pesar de su intrascendencia», explica.